Honduras: La iglesia y el golpe militar

“Un ciudadano pobrecito me decía una frase que no se les va a olvidar a ustedes, como no se me olvida a mí: ‘Es que la ley, Monseñor, es como la culebra, sólo pica a los que andamos descalzos’. Allí recogemos también pronunciamientos de repudio, son voces del pueblo que hay que oír”.
Monseñor Romero. (Homilía 20 de agosto de 1978, V p. 141).

Me dirijo a todos mis compatriotas cristianos y no cristianos y a toda la comunidad internacional para hacer memoria de Monseñor Romero, uno de los mártires de la liberación de los pueblos de América Latina, que fue generoso, auténtico y humano con el sufrimiento pueblo.

Tomaré sus homilías como eje del discurso para que la comunidad religiosa y no religiosa reflexione y analice críticamente la posición asumida por las jerarquías de las iglesias católicas y evangélicas de Honduras ante el golpe militar.

La primera pregunta es: para la jerarquía religiosa, ¿Se ha producido o no un golpe militar en Honduras? ¿Cuál es la verdad de la Iglesia frente al poder golpista? O, ¿La iglesia promueve y justifica el golpe en nombre de la ley y el orden? ¿Cuál es la posición real de la iglesia ante este régimen de facto y de sus propulsores, los poderes fácticos?

La primera respuesta la tenemos en los hechos ocurridos: El secuestro de un presidente de la República, por parte de sujetos militares armados hasta los dientes que aterrorizaron la familia y golpearon al mandatario; violaron las leyes, constitucionales desde el momento en que no tuvo derecho a defensa alguna. Sumado a lo anterior el estado de sitio y la suspensión de todas las garantías constitucionales. La persecución de funcionarios y dirigentes; más de doscientos detenidos, heridos, golpeados brutalmente por los cuerpos militares y policiales. Militarización y cierre de empresas radiales y televisoras y otros medios de comunicación y persecución de periodistas que son opositores al golpe.

Ante todo lo anterior las iglesias no han condenado el violento hecho. Ciertamente algunas se han manifestado en público, han participado en las marchas, blanqueadas y perfumadas, han hablado de paz y de diálogo junto a las armas. Han cerrado sus ojos y corazones al dolor de los que han sido brutalmente golpeados, perseguidos. El discurso teológico ha sido similar al discurso golpista. La constitución es Dios. Ambos invitan al diálogo y a la paz sin restituir el orden constitucional. A la constitución rogando y con la culata dando.

Ambos responsabilizan al Presidente Zelaya del baño de sangre (que según ellos se puede producir) aun cuando el régimen de facto ya ha ensangrentado al pueblo y sus asesores son partidarios activos de la vieja Doctrina de Seguridad Nacional, que sigue torturando a los que defienden los derechos humanos.

Este régimen golpista es un régimen autoritario de la injusticia; contrario a lo que sostenía Monseñor Romero: “Sólo la justicia puede ser la raíz de la paz”. (Homilía 27 de agosto de 1978, V p. 158). Y más adelante: “Si cuentan con todos los medios de comunicación, ¿qué estorbo puede hacer una emisora y un pequeño periódico? La justicia es nuestra fuerza, la verdad es lo que hace grande la pequeñez de nuestros medios. Por eso se le teme” (Homilía 8 de octubre de 1978, V p. 237).

¿Cuál es la verdad sobre el golpe? ¿Quién lo ha producido y para qué se ha producido?

El golpe militar se produce porque el poder dominante (oligarquías y burguesías parasitarias del Estado; algunos dueños de medios comunicación y algunas iglesias golpistas, todo ello articulado con las multinacionales, servidores de las concesiones, de quienes imponen las políticas mineras, (Gold Corp, Yamana Gold, American Pacific, mineral de Agalteca) monocultivos de camarón banano, piña, agro combustibles, arboles para la industria de la madera

Proclaman y mantienen el golpe militar en nombre de la paz, el diálogo, el respeto a los derechos humanos quienes, en vez de usar las camisas negras fascistas, se visten de uniforme blanco y enarbolan consignas fundamentales como “ley y orden”, discursos xenofóbicos e igualdad de clases igual que lo proclamaba Mussolini; mientras continúan preparando a sus ejércitos… ¡Qué contraste con la gran desigualdad social de este sistema que mantiene a los hondureños como los “Condenados de la Tierra” en este infierno de injusticias!

La justificación de este golpe, tanto en el discurso golpista como en el discurso teológico ha sido la defensa de la Constitución ¡en un país ocupado por las tropas norteamericanas en Palmerola desde la década de los años ochenta! El ejército hondureño siempre ha levantado sus fusiles contra el pueblo y a defendido a las multinacionales y a los intereses norteamericanos. La impunidad militar y policial continúa hasta ahora y miles de jóvenes y niños en la historia de Honduras han sido asesinados como parte de una política de limpieza social.

Los uniformados, ya sea de blanco o de verde, son inmaculados e intocables y utilizaron como chivo expiatorio para justificar al golpe la Encuesta de la Cuarta Urna, cuando ellos, a través de sus medios realizan a diario las encuestas; mientras centraron e individualizaron el problema en el Presidente Zelaya, quien sigue siendo el legítimo presidente de los hondureños(as).

Para Monseñor Romero, en una iglesia comprometida que busca la verdad: “la palabra es fuerza. La palabra, cuando no es mentira, lleva la fuerza de la verdad. Por eso hay tantas palabras que no tienen fuerza en nuestra patria, porque son palabras mentira, porque son palabras que han perdido su razón de ser”. (Homilía 25 de noviembre de 1977, I-II p. 342).

“Un Evangelio que no tiene en cuenta los derechos de los hombres, un cristianismo que no construye la historia de la tierra no es la auténtica doctrina de Cristo, sino simplemente instrumento del poder… queremos ser la Iglesia que lleva el evangelio auténtico, valiente, de nuestro Señor Jesucristo, aun cuando fuera necesario morir como Él, en una cruz”. (Homilía 27 de noviembre de 1977, III p. 6).

Cuál es la posición de la Iglesia ante este golpe militar de Estado

La jerarquía, que ha recibido y analizado todos los documentos del Estado, justifica su conducta en los dictámenes de la clase dominante; sin embargo no han escuchado al pueblo. Justifican el golpe en nombre de la ley, mientras la Pastoral Diocesana de Occidente condena el golpe militar y demanda respeto para los derechos del pueblo.

Monseñor Romero señala cuál debe ser el camino del cristiano:
“Hermanos, ¿quieren saber si su cristianismo es auténtico? Aquí está la piedra de toque. ¿Con quiénes estás bien? ¿Quiénes te critican? ¿Quiénes no te admiten? ¿Quiénes te halagan? Conoce allí que Cristo dijo un día: No he venido a traer la paz sino la división, y habrá división hasta en la misma familia, porque unos quieren vivir más cómodamente, según los principios del mundo, del poder y del dinero, y otros, en cambio, han comprendido el llamamiento de Cristo y tienen que rechazar todo lo que no puede ser justo en el mundo”. (Homilía 13 de noviembre de 1977, I-II p. 323)

Y finalmente, con respecto a los dueños de los medios de comunicación Monseñor expresa:

“Es lástima, hermanos, que en estas cosas tan graves de nuestro pueblo se quiera engañar al pueblo. Es lástima tener unos medios de comunicación tan vendidos a las condiciones. Es lástima no poder confiar en la noticia del periódico o de la televisión o de la radio porque todo está comprado, está amañado y no se dice la verdad”. (Homilía 2 de abril de 1978, IV pp. 129-130).

La iglesia del Jesús de los pobres, la iglesia de Monseñor Romero, marcha en las calles junto al pueblo. Es la verdad frente al poder golpista militar. El pueblo y la iglesia del pueblo han perdido el miedo; porque el pueblo unido es más grande que el ejército y la moralmente empequeñecida iglesia de los ricos. ¿No es éste el reto del ojo de la aguja? “Mas fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el reino de Dios.”(Mateo 19:24.).

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Juan Almendares es Médico, académico, ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Publicado en alainet.org