Gaza: una franja ensangrentada

En medio de la más severa y creciente espiral de violencia desde el fin de la Intifada de Al Aqsa y la lucha contra Hezbolá el año 2006; Israel comenzó su campaña militar de invasión a la Franja de Gaza, causando hasta hoy cerca de 900 muertos palestinos, gran parte de ellas civiles: mujeres, ancianos y niños.
Shalom (paz en hebreo) Asalaam Aleikum (la paz sea contigo en Árabe) son conceptos que carecen de significado en el escenario de guerra y desolación en que se encuentra la minúscula Franja de Gaza. Territorio donde se apiñan miserablemente un millón y medio de palestinos; condenados a vivir del contrabando con Egipto y de las dádivas internacionales. Una tierra donde no parece haber cabida para el diálogo o la búsqueda de la paz. ¿Los responsables?: Sharon, Hamas, la Yihad islámica, el Mossad, Shin Bet, los colonos judíos, el ejército o tal vez algún Shahid (mártir palestino). El nombre a estas alturas, es una mera anécdota en el recuento de dolor y muerte, que incluye a 43 niños aplastados bajo los escombros de tres escuelas administradas por la ONU y bombardeadas por tanques israelitas.

ESCENARIO DIMINUTO PARA UNA AGRESIÓN MAYÚSCULA

Palestina vive en estos días el horror de ir desangrándose en la lucha de dos pueblos condenados a vivir juntos, compartir y venerar los mismos lugares santos, caminar por las calles de Jerusalén o Al Qods según se trate de judíos o palestinos. Beber de las mismas fuentes quiéralo Alláh o Jehová. Sometidos a la muerte sin anuncio, en forma de cohete casero de Hamas o desde la torreta de un tanque, de una patrullera costera o de un avión israelí.

El 3 de enero, después de una semana de intensos bombardeos, tanques e infantería israelíes penetraron en la Franja de Gaza, en una ofensiva terrestre total. Fuentes militares de Israel, a través del Ministro de Defensa Edhud Barak, señalaron que esta operación militar “No será fácil y no será breve”. Por su parte la canciller israelí Tzipi Livin afirmó que esta operación militar es justificada pues “Israel usa la fuerza en legítima defensa. No luchamos contra los palestinos sino que contra Hamas” Ante la enorme cantidad de víctimas civiles la canciller Livin señaló “es cierto que hay muchos civiles involucrados, pero estamos tratando de evitarlo”.

La intención de la política hebrea no se está logrando, pues las víctimas, principalmente civiles – 300 niños entre ellos – se acercan al millar con más de tres mil heridos. El balance israelita arroja en su bando cinco soldados muertos (dos de ellos por “fuego amigo”) y unos cuantos heridos civiles. Para el analista político Esteban Silva “Chile debe condenar enérgicamente esta criminal agresión militar en contra del pueblo palestino, sólo comparable con medidas de exterminio como las ejecutadas por el nazismo. Sólo la unidad palestina y la resistencia de la comunidad internacional, podrá detener esta grave agresión y holocausto en curso”.

El 31 de diciembre, el Consejo de Seguridad de la ONU celebró una reunión de emergencia en base a un plan de paz propuesto por Libia y 22 países árabes, que fue desechado de inmediato por el fiel aliado de Israel: Estados Unidos, que consideró dicha propuesta como “desequilibrada” que buscaba obligar a Israel a detener sus ataques militares contra Gaza. El proyecto de resolución exigía la protección para la población civil en la Franja y la apertura de puntos de cruce, para la entrada de la ayuda humanitaria. Al cierre de esta edición, Israel decidió suspender por tres hora diarias los bombardeos, para permitir el abastecimiento de la población. Ahora se está discutiendo un plan de paz preparado por Francia y Egipto. Todo ello en un escenario donde el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) calificó la situación en el área de conflicto como una crisis humanitaria de grandes proporciones, señalando que la vida en ese enclave se ha hecho “insostenible”.

TROPEZAR DE NUEVO CON LA MISMA PIEDRA

La actual situación en Palestina es probablemente la peor desde la guerra árabe-israelí de Yom Kippur en 1973 y a pesar de su gravedad es improbable una desestabilización general en la región. Jordania, Egipto, Siria e incluso Irán, no están en condiciones de iniciar ningún tipo de disputa contra el gobierno israelita.

Para el analista Michel Chossudovsky de The Global Research “Los bombardeos aéreos y la actual invasión de Gaza es una empresa que forma parte de una agenda militar y de inteligencia más amplia, formulada por primera vez en 2001, bajo el nombre de “Operación Venganza Justificada”, conocida también como “Plan Dagan”, en referencia al general en retiro Meir Dagan, que dirige actualmente el Mossad y que tenía el objetivo de destruir la Autoridad Palestina y crear “cuatro cantones” palestinos, con gobiernos en cada uno de ellos” . La estrategia militar israelí a lo largo de esta última década, ha sido el implementar ese plan y que requería, según lo expresa el analista Ellis Shulman “una invasión del territorio palestino, con la misión claramente definida de destruir la estructura de la dirigencia política y militar palestina”

Yusuf Fernández, Editor Internacional de WebIslam afirma que “Washington e Israel no aceptaron la victoria de Hamas en las elecciones del 2006. En junio de 2007, las fuerzas de seguridad de esos países, promovieron un golpe de estado para derribar el gobierno de unidad nacional que Fatah y Hamas habían creado durante sus negociaciones en Yeddah. El golpe fracasó y desde entonces la Administración Bush respaldó también el asedio israelí de la Franja de Gaza, que ha impedido a menudo a 1,5 millones de palestinos recibir comida, combustible, medicinas y otros productos. El objetivo de este bloqueo era el de hacer que la vida de la población de Gaza fuera tan intolerable que llevara a la caída de la Administración de Hamas”

Para Tariq Ali, analista de The Guardian, el asalto a Gaza, planificado durante seis meses y ejecutado con perfecta sincronización, fue diseñado principalmente para ayudar a los partidos israelíes a triunfar en sus próximas elecciones. Los palestinos asesinados son poco más que un triunfo electoral en la lucha desvergonzada entre la derecha y la extrema derecha en Israel. Washington, como es habitual, culpó a los palestinos pro-Hamas de la actual situación, con Obama y Bush cantando la misma partitura del grupo de presión pro-israelita de EE.UU. Los políticos de la UE, que sabían del castigo colectivo infligido a Gaza, se convencieron de que los ataques de cohetitos de Hamas habían “provocado” a Israel, pero instaron a “ambas partes” para poner fin a la violencia, con efectos nulos. El dictador apolillado Mubarak en Egipto y los islámicos preferidos de la OTAN en Ankara, ni siquiera se tomaron la molestia de hacer una protesta simbólica llamando a sus embajadores de Israel”. Para Alí, un producto de este último ataque será crispar a las comunidades musulmanas a lo largo del mundo y aumentar su apoyo.

El derramamiento de sangre en Gaza obliga al análisis, respecto a la responsabilidad israelita, como también la de los propios palestinos. Uno de los hechos que precisa ser reconocido es que la ANP ya no existe y que los Acuerdos de Oslo, por la propia impericia de la dirigencia palestina ha sido un desastre para sus intereses. “La OLP, sostiene Alí, una vez el depositario de la esperanza Palestina, se convirtió en poco más que un suplicante del dinero de la UE. La victoria electoral de Hamas fue tratada como un signo ominoso del fundamentalismo creciente, y un aterrador golpe a las perspectivas de paz con Israel. Las presiones diplomáticas y financieras se pusieron en marcha para forzar a Hamas a que adoptase las mismas políticas de aquéllos a quienes habían derrotado en las urnas”

En ese escenario, Hamas, tras años de corrupción de la ANP y sin los grandes recursos de Al Fatah, comenzó a establecer clínicas, escuelas, hospitales, formación profesional y programas de bienestar para una población palestina carenciada. Sus jefes y cuadros en forma sencilla daban respuesta a las necesidades cotidianas, generando una base política que los nutre y mantiene, le guste a o no al análisis político occidental y “al cacareo diario de los versos coránicos” como afirman en Gaza. La agresión a la Franja de Gaza ha reafirmado el papel dirigente de Hamas y debilitado a la clase política heredera de Arafat y a los regímenes corruptos árabes como Egipto y Jordania.

Poco antes de su muerte el año 2003 el intelectual palestino y profesor de la Universidad de Columbia, Edward Said señaló una idea más vigente que nunca “Si bien es cierto que la propia política errática y denigrante de la Autoridad Nacional Palestina trajo consecuencias funestas para la lucha palestina, no es menor el papel jugado por los grupos sionistas y sus actividades en Estados Unidos, cuyos puntos de vista sobre el Medio Oriente, son incluso más extremos que aquellos del Likud israelí”.

Las palabras de Said hacen referencia al lobby más temido y poderoso de Washington: el American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) que coordina su trabajo a través del Instituto para la Política del Medio Oriente con diplomáticos, empresarios, militares, políticos y líderes de opinión estadounidenses, que entregan recursos financieros a raudales, con buenas relaciones y unidad de propósitos. Su manejo experto del cabildeo ha logrado mantener a lo largo de los años la millonaria ayuda exterior a los gobiernos israelíes – con cerca de 3.000 millones de dólares anuales – y sobre todo, el silencio cómplice de las potencias occidentales y de la ONU a las políticas de agresión israelitas. Refrendado esto por las del presidente de la Asamblea General de la ONU, el nicaragüense Miguel D’Escoto, quien aseguró que el Consejo de Seguridad debe demostrar su capacidad para mediar en el conflicto de Gaza “Nuevamente el mundo está viendo la disfunción total del Consejo de Seguridad, que cuando se trata de Israel los intereses norteamericanos y británicos impiden actuar”.

CAUSAS MÁS QUE AZARES

La Babel israelí y esta idea que perdura de crear un Estado mediante el vínculo de la fe, es una de las respuestas que permite comprender el conflicto con los palestinos, provocando graves problemas de identidad, entre los intereses de los colonos en los asentamientos y el resto de la sociedad israelí llámense askenasis laicos, falashas, palestinos israelíes, sefardíes, ultraortodoxos, judíos rusos, drusos o cristianos. Esa Babel se enfrenta al legítimo propósito del pueblo palestino por ejercer su derecho al retorno de su propia diáspora y de ocupar un territorio que también es suyo. Estos intereses disímiles es lo que tiene a los bandos en pugna en un diálogo de sordos

A las ideas anteriores se une el agua como arma de presión, que explica el expansionismo israelí y su persistente negativa a devolver los territorios ocupados. Israel controla las fuentes de agua de la región, que se encuentran ubicadas, fundamentalmente, en el río Jordán y en los pozos acuíferos subterráneos de Gaza y Cisjordania. Es este factor hídrico el que evidencia, igualmente, el cambio de actitud de los países antaño enemigos y hoy negociadores como Jordania, amenazado por Israel de disminuirle un 60% de la entrega de agua. Israel monopoliza, a través de la única compañía de explotación y distribución de agua (Mekorot), los escasos recursos hídricos de esta región. Israel consume unos 600 m3 de agua por habitante al año frente a los 300 m3 de Jordania y los cien que se les permite a los palestinos. Al tema cantidad, se une la calidad y el precio del agua, en que a los palestinos se les cobra hasta tres veces el valor que pagan los israelíes. Esto es todavía más alarmante en Gaza, donde los palestinos han pagado hasta 20 veces más que los subsidiados colonos judíos.

La única solución viable y posible para este conflicto, es el inmediato cese de las hostilidades y ofrecer lo que innumerables planes de paz no ha podido llevar a cabo: el reconocimiento de todos los Estados árabes a Israel a cambio del repliegue de las tropas de este país a las fronteras existentes el año 1967 donde se incluye Jerusalén Este, Gaza y Cisjordania. También establecer un Estado palestino con capital en Jerusalén Este con control israelí del barrio judío en la ciudad antigua. Esto, que parece “pragmático” es, letra a letra, tan viejo como las guerras. Un “remake” de las añejas y nunca respetadas resoluciones condenatorias de Naciones Unidas a Israel, los acuerdos de la Conferencia de Madrid del año 1991, los acuerdos de Oslo del año 1993 o las tratativas de la Cumbre de Camp David de julio del año 2000.

Como cruel paráfrasis del cuento ruso de Pedrito y el Lobo, el conflicto palestino-israelí sigue con su apología respecto a que la paz viene, pero se vuelve a ir en un mar de sangre. Con la invasión militar de la Franja de Gaza, la paz de la región se ve cada día más lejana, con escasa posibilidad de sobrevivencia para miles de palestinos y algunas decenas de israelitas; con una ofensiva bélica que va concretando el plan final que se está tejiendo para esa región: la creación de un mini-Estado al estilo de los bantustanes, un nuevo apartheid bajo la bandera de la estrella de David.

La lógica del análisis político, no siempre la más adecuada para entender la intríngulis medioriental, indica que tarde o temprano Israel deberá resignarse a aceptar el nacimiento del Estado palestino y retirarse de los territorios ocupados y a los Palestinos renunciar a la reivindicación del retorno inmediato de los cuatro millones de refugiados y condescender a mantener una presencia simbólica en Al Qods. Opiniones van y vienen y lo único concreto son más y más ceremonias fúnebres en un territorio codiciado por árabes y judíos, escenario de cuatro guerras declaradas y otras tantas anónimas. Causa de miles de muertes en ambos bandos y la desestabilización en una región explosiva, donde se ve pasar la muerte en espera de una paz que no arriba.

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Pablo Jofré Leal es periodista chileno.