¿Y si la Gran Revelación ya ha ocurrido?

¿Recuerdan la indignación que se produjo en todo el mundo después de que los Papeles de Panamá sacaran a la luz una enorme trama de evasión fiscal internacional en la que estaban implicadas muchas élites adineradas de alto nivel, lo que llevó a encarcelamientos masivos y a una profunda revisión de los sistemas fiscales y legales del mundo? ¿No?


 

¿Qué tal el enorme escándalo cuando se reveló que la CIA financia unilateralmente sus propias operaciones clandestinas a través de programas secretos de tráfico de drogas para eludir la supervisión de los órganos elegidos, lo que llevó al desmantelamiento y la disolución de toda la CIA? ¿O la vez que WikiLeaks sacó a la luz los crímenes de guerra que condujeron a los tribunales de La Haya y a una completa reestructuración del ejército estadounidense? ¿O todas las investigaciones criminales y los arrestos que rompieron paradigmas, cuando nos enteramos de que las poderosas agencias de inteligencia han estado utilizando niños esclavos sexuales para manipular nuestra sociedad a través del chantaje?

¿No? Hmm. Qué raro.

Quiero decir, es raro, ¿verdad? Es muy, muy extraño cómo cada vez que hay una revelación escandalosa sobre los poderosos, se hace mucho ruido al respecto durante unos días, y luego esencialmente no pasa nada. Los principales medios de comunicación pueden informar sobre ello durante un breve periodo de tiempo (aunque a veces, si es realmente inconveniente para el imperio, ni siquiera lo tocan), luego recurren a los expertos para que manejen la narrativa de tal manera de asegurar que nadie en el poder se enfrente a ninguna consecuencia, y luego se olvida silenciosamente.

Es extraño. Pero no podemos negar que es real.

 

 

Hay muchas personas que entienden que estamos gobernados por sociópatas que manipulan nuestra sociedad para que se alinee con sus agendas codiciosas y de abuso de poder, y que la mayoría de los problemas de nuestro mundo surgen de este hecho. No es difícil ver y entender esto por uno mismo; hay más que suficientes hechos y evidencias disponibles para hacerlo perfectamente claro, para cualquiera con el tiempo y la voluntad de mirar. Sin embargo, sigue siendo un conocimiento relativamente marginal, muy alejado de las cifras que se necesitarían para marcar una verdadera diferencia en nuestro mundo.

No obstante, muchos de los que ven lo que está mal en el mundo, también mantienen la esperanza de que pueda haber alguna Gran Revelación en nuestro futuro, alguna filtración o hazaña heroica de periodismo de investigación que rasgue el velo de los mecanismos de la oligarquía y la opresión y que sacuda al mundo para que se produzca un cambio revolucionario. Piensan que si hubiera alguna revelación sin precedentes sobre el 11-S, o sobre la Covid-19, o sobre la oligarquía, la gente abriría por fin los ojos al hecho de que todo lo que se les ha enseñado sobre el mundo es una mentira.

Esto nunca ocurrirá. Lo sabemos porque si fuera a ocurrir, ya habría ocurrido. Si los hechos y las pruebas fueran suficientes para abrir los ojos de la gente y hacerla cambiar de opinión, entonces el consentimiento para todo el orden mundial en el que vivimos actualmente se habría rescindido tan pronto como supiéramos que la invasión de Irak se basó en una mentira. O tan pronto como viéramos las primeras imágenes de los niños de Yemen que están muriendo de hambre con la ayuda de nuestro gobierno. O cualquier número de atrocidades escandalosamente malvadas que las personas más poderosas del mundo han diseñado a la vista de todos.

 

 

La Gran Revelación nunca ocurrirá, porque la Gran Revelación ya ha ocurrido. Toda la información necesaria para mostrar a la gente que estamos gobernados por tiranos asesinos, que no deberían estar a cargo de sus propios hijos y mucho menos de un imperio que se extiende por todo el mundo, ya está disponible públicamente. Cualquier información nueva que se añada a ello será tratada de la misma manera que se ha tratado hasta ahora: narrativa gestionada y olvidada en la memoria. No importaría que fuera una filtración que expusiera todos los secretos más horribles de todas las personas más poderosas del mundo. Se resolvería de la misma manera que siempre se ha resuelto.

El problema no es que carecemos de pruebas suficientes de que vivimos en un imperio oligárquico inaceptablemente distópico, el problema es que la gente no puede ver las pruebas que ya tiene a su disposición. La ciencia ya nos dice que los hechos contundentes no son suficientes para hacer cambiar de opinión a alguien, y que tenemos todo un sistema de defensa cognitiva para proteger nuestras percepciones preexistentes. No importa cuánta información se le entregue a alguien, si lucha como un demonio para evitar la experiencia, similar a la muerte, de que le arranquen toda su visión del mundo. El truco está en encontrar formas nuevas e innovadoras de romper esas defensas.

Los denunciantes, los periodistas de investigación y los editores de filtraciones hacen un trabajo heroico por el que todos deberíamos estar agradecidos. Es gracias  a ellos que hay suficientes pruebas disponibles públicamente de que en efecto, estamos gobernados por reyes sin corona, en un imperio no reconocido que nos está llevando a todos hacia el desastre. Pero la mayor parte del trabajo que hay que hacer viene después de que su misión se haya completado.

El verdadero trabajo de campo consiste en conseguir que el público vea el imperio oligárquico con ojos nuevos. Lo feo que es. Lo horrible que es. Lo psicopático que es. Tomar los hechos que ya tienen frente a ellos y reorganizarlos de una nueva manera que les permita percibirlos realmente en profundidad, de una forma diferente a como lo hacían antes.

 

Por eso escribo tantos artículos sobre lo espeluznante que es el imperio; intento aportar nuevos conceptos e imágenes que ayuden a la gente a comprender realmente la verdadera naturaleza de esta cosa en la que han estado sumergidos toda su vida, cuya propaganda han estado ingiriendo desde que eran niños. Es como tratar de enseñar a los peces a ver el agua.

Por ejemplo, la propaganda de los medios de comunicación. El hecho de que la clase plutocrática y las agencias gubernamentales colaboren entre sí para manipular la forma en que el público piensa, actúa y vota, es un hecho indiscutible que ha sido investigado y documentado durante décadas, pero la gente no lo ve. No entienden lo violento y asqueroso de que la gente poderosa esté jugando activa y deliberadamente con nuestras mentes todo el tiempo. Es tan extraño y depravado como cualquier teoría conspirativa sobre el control mental de los nanobots 5G, pero como la gente está acostumbrada a ello, no es capaz de verlo.

Nuestro trabajo es ayudarles a verlo.

Y lo mejor es que todos podemos hacerlo. No hace falta ser un denunciante heroico o un audaz periodista de investigación, sólo necesitamos un poco de creatividad y un enfoque ligeramente diferente de las cosas.

A esto apuntaba Arundhati Roy cuando dijo: “Nuestra estrategia debe ser no sólo enfrentarse al imperio, sino asediarlo. Privarlo de oxígeno. Hacer que se avergüence. Burlarse de él. Con nuestro arte, nuestra música, nuestra literatura, nuestra terquedad, nuestra alegría, nuestra brillantez, nuestra absoluta implacabilidad y nuestra capacidad de contar nuestras propias historias. Historias que son diferentes de las que nos han lavado el cerebro para hacernos creer”.

Está bien ser un periodista duro o un experto analista de conspiraciones. Pero, como la Gran Revelación ya ha ocurrido, la verdadera diferencia la marcarán los artistas.

 

Traducido del inglés por América Rodríguez para Investig’Action

Fuente: Blog de Caitlin Johnstone