Vladimiro Giacchè : “Alemania del Este no ha superado su anexión por el Oeste”

Vladimiro Giacchè es un economista italiano, actual presidente del Centro de Investigación Europea de Roma. Gran conocedor de Europa y de Alemania, es el autor de un libro original y significativo sobre la reunificación alemana : El Segundo Anschluss – La anexión de la RDA.

 

Los resultados des las elecciones legislativas en Alemania han revelado profundas divergencias entre el Oeste y el Este del país. En la ex-RDA el partido [ultraderechista] AfD se llevó el 21,5% de los votos y quedó segundo. Die Linke [La Izquierda] realizó su mejor resultado (16% contra 9% a nivel nacional). Imagino que no te sorprende. ¿Cómo lo explicarías? 


Ninguna sorpresa, efectivamente. Es la consecuencia de un país que sigue dividido 27 años después de su unificación, junto con el crecimiento de las desigualdades sociales estos últimos años. Un ciudadano que vive en Alemania del Este tiene el doble de probabilidades de estar parado que el ciudadano que vive en el Oeste. Y si trabaja, recibe un sueldo un 25% inferior al sueldo que recibe un trabajador del Oeste.

Esto no tiene mucho que ver con la supuesta incapacidad de los alemanes del Este para trabajar (este argumento ha sido utilizado a veces). Está, al contrario, vinculado con las modalidades de la unificación alemana. Está vinculado con el hecho de que frente a la necesidad de realizar rápidamente la unidad política, la necesidad ideológica de erradicar la RDA, han sido sacrificadas exigencias económicas básicas, en particular la de salvaguardar lo más posible la industria y los empleos de los ciudadanos del Este.

Se ha practicado la política de tabla rasa, estableciendo la tasa de cambio de uno contra uno entre el marco del Oeste y el marco del Este. Con ello se ha puesto la industria de la RDA fuera de juego. Además, la totalidad del patrimonio industrial de la ex-RDA fue confiado a una agencia fiduciaria, la Treuhandanstalt, que lo liquidó creando instantáneamente millones de parados. Es mucho más sencillo cerrar una industria que reconstruirla.

Pero, desde entonces, nos dimos cuenta por desgracia que cuando desindustrializas a un país (la desindustrializacíon de la RDA no tiene ningún ejemplo semejante en Europa en tiempos de paz) las consecuencias pueden durar décadas, si no siglos. El Financial Times Deutschland del 18 de junio de 2008 afirmaba también que, para ajustar completamente los ingresos de las dos partes de Alemania, harían falta 320 años…

Lo más ridículo es que hoy en día nos presentan la reunificación alemana como un éxito comparado, por ejemplo, al destino del Mezzogiorno italiano. La verdad es que de todos los países exsocialistas de Europa oriental, los territorios de Alemania del Este son los que, en valor absoluto, han tenido menos crecimiento en los últimos 27 años. Es entonces normal que los ciudadanos que viven en esos territorios se sientan abandonados por la política, y que expresen su protesta a través del voto. Además que, como se sabe, el porcentaje de pobres (y de trabajadores pobres, los working poor) en Alemania aumentó en todo el territorio estos últimos años, y no solo en el Este. Es también el resultado de la famosa Agenda 2010 de Schröder que Macron, al parecer, quiere hoy reproducir en Francia.

 

En tu libro El segundo Anschluss explicas que al momento de la reunificación, la ex-RDA fue criminalizada y sus élites fueron descartadas. Además de los problemas económicos generados por una reunificación brutal, ¿todo eso no ha generado también un trauma identitario? 


Sí, es un otro aspecto considerable y poco conocido de esta historia. Las élites no solo políticas pero también científicas y culturales de la ex-RDA han sido completamente puestas al margen. Todavía hoy son escasos los profesores de universidad en el Este que no vienen del Oeste. En la magistratura y en el Ejército, la proporción de ossiesi es casi nula. Todas las instituciones y las academias del Este fueron liquidadas en un tiempo récord. Algunos, como el jurista y editorialista Arnulf Baring, han llegado hasta a escribir que ciudadanos del Este habían sido “mentalmente alterados” por el “régimen colectivista” y que se habían transformado, a pesar de sí mismos, en “elementos que frenan desde un punto de vista sistémico”.

Esas prácticas y declaraciones han contribuido a generar, en una gran parte de la población de la ex Alemania del Este, la sensación de haber sido colonizados, y de ver comprometida su propia identidad. Por otra parte es bastante interesante observar que la población del Este no comparte, en nada, la idea, mayoritaria en el mundo político y en los medios mainstream según la cual todo lo que existía en la RDA merecía ser eliminado. Un sondeo solicitado por el Gobierno al instituto de búsqueda EMNID en el vigésimo aniversario de la caída del Muro mostró que el 49% de los habitantes de la ex-RDA aprobaban la afirmación siguiente: “La RDA tenía más aspectos positivos que aspectos negativos. Había problemas, pero se vivía bien”. Para los ossies, la demonización de la RDA ha sido percibida como un cuestionamiento crítico de su historia personal y de su identidad.

 

Explicas que la reunificación alemana se hizo por la moneda, y que era una idea tan mala que el jefe del Bundesbank de la época, Karl-Otto Pöhl, estaba en contra. Él fue también después un opositor feroz a la llegada del euro. ¿Existen similitudes entre la unificación monetaria entre las dos Alemanias y la creación de la moneda única europea? 


El testimonio de Karl-Otto Pöhl es muy interesante. En efecto, se opuso en 1990, a la unificación monetaria inmediata. Aún así, ésta se realizó, además con la tasa de un marco del Oeste contra un marco del Este, cuando la tasa de cambio real en las relaciones económicas entre las dos Alemanias estaba hasta entonces en uno por 4,44. ¡De golpe los precios de mercancías producidas en RDA se reevaluaron de un día para otro en un 350%! Dos años más tarde, Pöhl afirmaba frente una comisión de investigación parlamentaria que en esas condiciones “las empresas de la RDA perderían toda competitividad” y terminaba diciendo que se había administrado al Este “un tratamiento extremo que ninguna economía podría soportar”. En la época de esa comisión de investigación, Pöhl ya no era presidente de la Bundesbank. Se había jubilado en 1991, poco tiempo después de una audiencia en el Parlamento Europeo durante la cual él ya había presentado la unificación monetaria alemana como “un desastre”, y había desaconsejado a sus auditores renovar ese error a nivel europeo. Como sabemos, no lo escucharon. 

 

¿Pero cuáles son las semejanzas entre las dos unificaciones monetarias?  


La más importante tiene que ver con el hecho de que una moneda no es simplemente una moneda, sino que integra relaciones jurídicas y sociales. En el caso del marco del Oeste, se trataba de relaciones sociales capitalistas (las de la supuesta “economía social de mercado” alemana). En el caso del Euro, se trata del neoliberalismo que inspira el tratado de Maastricht y que se caracteriza por la independencia del Banco Central frente a los gobiernos (lo que significa la dependencia de muchos gobiernos al banco central), y su objetivo único que es la estabilidad de los precios (y no el empleo).

De eso emana una competición entre los Estados fundada en el dumping social y fiscal, donde el que juega primero gana. Evidentemente, en ese contexto de una moneda única, dentro de la cual es por definición imposible ajustar las diferencias de competitividad gracias a la tasa de cambio, la victoria no admite ninguna objeción. Alemania jugó a ese juego con la Agenda 2010 de Schröder y una fuerte reducción de impuestos sobre las empresas. Resultado: un enorme crecimiento en su balanza comercial, mientras que los otros países de la zona euro estaban en déficit. Así en numerosos países europeos y de la misma manera, aunque con una intensidad menor, hemos podido observar, después de 2008, fenómenos semejantes a los que se habían manifestado en Alemania del Este después de la reunificación: caída del PIB, desindustrialización, aumento del paro, déficit de la balanza comercial, aumento de la deuda pública, emigración.

Las similitudes, como se puede ver, no son nada despreciables. Pero también hay diferencias, positivas y negativas. Dentro de la Eurozona, nunca hemos visto poner en marcha la paridad irracional entre monedas como se hizo con el marco de las dos Alemanias. Sin embargo, tampoco se han dado las transferencias masivas de fondos como las que efectuó la RFA a beneficio de la RDA. La oposición obstinada de Alemania a ese tipo de transferencias demuestra que la clase gobernante de ese país no ha reconocido la lección de la unificación desde el punto de vista de la economía. Esta lección es que si tu desindustrializas a tu vecino, y quieres que siga comprando tus productos, debes financiar su consumo. Alemania quiere estar en misa y repicando a la vez, lo que sólo agrava las contradicciones dentro del Eurogrupo.

 

Mas arriba hablábamos de la Treuhand, la herramienta creada para privatizar a toda velocidad en Alemania del Este. ¿No se podría considerar como algún tipo de ancestro de la Troika, que actuó con tanta dureza en los países del sur de Europa? 


¡Sí, por supuesto! La reactivación de una Treuhand para Grecia forma parte de las medidas aceptadas por Alexis Tsipras durante el verano de 2015. Se trata esencialmente de expropiar una parte del patrimonio público griego (en el caso de Alemania del Este se trataba de la totalidad) y de asignarlo a una agencia fiduciaria controlada por los acreedores. En octubre de 2016, participé en un congreso en Berlín durante el cual se puso en evidencia la continuidad entre las privatizaciones operadas por la Treuhandanstalt y las medidas impuestas por la Troika y el Eurogrupo en Grecia. Es increíble que ese modelo haya sido elegido de nuevo viendo el desastre que provocó en la ex-RDA, o sea la destrucción de riquezas por un valor de 900 miles de millones de marcos de la época, y la aniquilación de la industria del Este. Allí es donde mejor se ve hasta qué punto puede ser fatídico ignorar las lecciones del pasado. 

 

Tú que has escrito sobre Europa y sobre Alemania, ¿cómo ves hoy el futuro de ese país y el de nuestro continente? 


No soy muy optimista. Alemania parece ser prisionera de su política mercantilista e incapaz de modificar su enfoque. En las otras grandes naciones europeas —empezando por Francia— queda la ilusión de poder seguirla en su camino. Me parece que ni las clases gobernantes de Alemania ni las de Europa son conscientes de los inmensos daños causados por la idea de hacer de la unión monetaria el alfa y el omega de la unión política del continente. 
La promesa mayor de la moneda única, la de promover la convergencia entre las economías, ha sido traicionada (y no hubiera podido ser de otro modo, a la luz del Tratado de Maastricht). Se produjo lo contrario. La consecuencia es una inestabilidad estructural de la zona euro, pero también una degradación de las relaciones entre países de Europa, un blame game (juego de reproches) seguido y recíproco y el fin de toda voluntad de solidaridad europea. Lo hemos visto de manera muy clara respecto a Grecia, lo vemos todavía hoy respecto a la crisis migratoria.

Estos son los daños. En cuanto a los riesgos, no son menores. El riesgo mayor es el de una explosión no coordinada de la zona monetaria. La cosa más razonable que se podría hacer seria desarmar esta bomba, y de hacerlo todos juntos, pensando de qué manera eliminar el euro con los menores daños posibles. Compruebo que al contrario seguimos divagando sobre un aumento de integración europea. Esa actitud es digna de los que creen que, para resolver los problemas de un inmueble construido sobre cimientos defectuosos, hay que añadirle un piso más. En general, en estos casos, las cosas no terminan bien.

 

Fuente : El Salto

 

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