Un estudio evidencia el vínculo directo entre el cambio climático y el militarismo.

La crisis del Coronavirus ha propiciado una reducción en el consumo de combustibles fósiles. Esto ha agradado a los militantes ecologistas, pero esta tregua no durará mucho tiempo si no comenzamos desde ahora a construir un nuevo modelo de economía. Es en este contexto que se ha presentado un estudio que evidencia el estrecho vínculo entre militarismo y calentamiento global. Partiendo de que el movimiento antiguerra actual está de capa caída, este estudio nos recuerda que debemos oponernos a las bombas para salvar al planeta. (IGA)

Desde el estallido de la pandemia del COVID-19 se ha registrado una reducción en el consumo de combustibles fósiles por el cierre de empresas y el declive de la actividad industrial. Los militantes contra el cambio climático han visto en esta situación el aspecto positivo de la crisis actual. De cualquier manera, esto no durará mientras no comencemos a construir una nueva economía no extractiva y no militarista.

Un nuevo estudio titulado: “No al calentamiento global, no a la guerra: cómo el militarismo alimenta la crisis climática y viceversa” subraya el vínculo directo entre la economía extractiva, el ejército y el deterioro creciente del clima global. El reporte fue preparado por Lorah Steichen y Lindsay Koshgarain y publicado por el National Priorities Project del Institute for Policy Studies de Estados Unidos.

El hecho del repliegue de las negociaciones internacionales sobre el clima del gobierno de Trump, y el hecho de que éste trate la emergencia climática como cualquier otra cuestión de seguridad nacional, ha provocado que se desvíen los recursos y medidas de prevención encargadas de combatir el cambio climático en Estados Unidos.

El reporte critica el enfoque llamado: “bote salvavidas armado” según el cual la militarización creciente sería la solución a los problemas causados por el cambio climático. Además, el reporte subraya: “Las verdaderas soluciones al problema del clima deben centrarse en el antimilitarismo”.

Según sus autores, nuestra “normalidad” antes del COVID-19 estaba definida por un capitalismo sin barreras que se basaba en la devastación del planeta y la pérdida de valor de la vida humana, valiéndose de la fuerza militar para perpetuar ambas cosas. Los Estados Unidos han utilizado su potencia militar para apoderarse de los recursos petroleros mundiales mediante la guerra y la supresión de grupos disidentes tales como las poblaciones indígenas.

La economía extractiva está basada en la discriminación racial ya que hace aceptable matar a otras personas para apropiarse de sus recursos con el fin de mantener el nivel de vida de los más ricos.

El hecho de que casi la mitad de las guerras entre estados desde 1973 estén vinculadas al petróleo dice mucho. En efecto, el estudio detalla la imperiosa necesidad de pasar de una cultura de la guerra a una cultura del respeto.

El militarismo creciente y la economía extractiva no solo matan a las personas, también dañan el medio ambiente poniendo en riesgo el futuro de la humanidad. Es cierto que existen muchos estudios que muestran el rol de la economía extractiva en el cambio climático. Sin embargo, a menudo descuidamos el hecho de que el ejército, que además protege estas industrias contaminantes, es uno de los más grandes contaminantes a su vez, afirman los autores del estudio.

Según el estudio, el Pentágono es el principal consumidor de petróleo del mundo. Con más de 800 bases en más de 90 países, un contingente de más de 2 millones de personas y un presupuesto anual de más de 0.7 billones de dólares, el ejército americano produce cada año 59 millones de toneladas de emisión de gases de efecto invernadero, o sea, la misma cantidad que la que producen países como Portugal o Suecia.

Según el estudio un Stratocruiser B-52 consume el mismo petróleo en una hora que un coche mediano durante siete años.

Por consecuencia el militarismo y el cambio climático son fundamentalmente contradictorios, concluye el estudio. El enfoque militarista no puede hacer frente al cambio climático puesto que es su causante. El enfoque actual que pretende atenuar el cambio climático en realidad es racista y clasista porque está pensado para servir a los más ricos excluyendo a las poblaciones negras, morenas, indígenas y a los pobres.

El estudio indica que el mundo sumergido en el cambio climático experimentará aún más migraciones transfronterizas cuando los países pobres se vean confrontados a la pérdida de sus recursos naturales y su agricultura. Con este enfoque incrementarán aún más la militarización. De hecho, ya existe dicha militarización en las fronteras del mundo entero. En los Estados Unidos, la Immigration and Customs Enforcement (ICE) ha seguido con su política de detención y deportación de migrantes incluso durante la pandemia del Covid-19.

La desmilitarización y la acción simultánea por una sociedad justa que combata el cambio climático, necesita concentrar sus recursos en el desarrollo de una economía verde. Según el estudio, si se reasigna el presupuesto militar de los Estados Unidos en esta dirección, se podrían crear 40% de nuevos empleos, mejor remunerados y de mucha mayor calidad. Es decir, “mejorar la eficacia energética podría crear casi dos veces más empleos”.

En el 2020, el presupuesto militar fue 272 veces más elevado que el presupuesto federal destinado a la eficacia energética y a las energías renovables. Comparado con 6.4 billones de dólares invertidos en la guerra en el transcurso de las dos últimas décadas, el costo del paso de red energética eléctrica a una energía 100% renovable está estimado en 4.5 billones de dólares.

El reporte también subraya que la crisis actual está demostrando la necesidad de pasar de una economía “de bancos y tanques” a una economía fundamentada en la “cooperación y el respeto”. “Tenemos suficiente para vivir bien, sin vivir a expensas de los demás” afirma el estudio.

Fuente original: People Dispatch

Traducido del francés al español por Paola Cruz Rosas para Investig’Action