Uigures: ¿Qué está pasando en Xinjiang?

Desde hace algún tiempo, la difícil situación de los uigures, un grupo étnico musulmán de la región china de Xinjiang, ha sido objeto de diversas publicaciones y preocupa tanto a los gobiernos occidentales como a los medios de comunicación tradicionales. Se dice que tres millones de uigures (de una población de 10 millones) están encerrados en campos de concentración. En las redes sociales se repiten constantemente videos impactantes e imágenes de tortura y violencia contra personas presentadas como uigures. Sin embargo, hay preguntas serias que hacer: lo verdadero y lo falso parecen entremezclarse. Intentamos descifrar.

 


Cuidado con los bulos en las redes sociales

 

Si queremos ver con claridad, tenemos que separar lo verdadero de lo falso en esas denuncias de represión contra los uigures. Una primera advertencia: cuidado con las fake news. En el plano internacional, diversas iniciativas de periodismo de investigación que combaten la desinformación, han desmontado estas noticias falsas. Es sobre todo en las redes sociales donde circulan muchos bulos. Pero a veces esta información falsa es recogida por algunos blogs, o incluso por la prensa “tradicional”.

 

 

En este video, 300 niños habrían sido encontrados –congelados vivos– para extraer sus órganos. El sitio web Snopes pudo rastrear el origen del video. Un niño chino se había ahogado. Dadas las altas temperaturas de la región en ese momento, los padres mantuvieron el cuerpo en un recipiente con hielo, esperando la llegada de las autoridades. El tweet original, publicado por un seguidor azerbaiyano de Trump, nunca fue eliminado a pesar de que se demostró que era falso. Ha sido retwiteado casi 8.000 veces y visto más de 440.000 veces.

 

 

Este otro video muestra a un policía o un militar golpeando a un hombre sin piedad. Ha sido presentado como “el trato inhumano a los uigures en los campos de concentración”. El sitio 20minutes.fr demostró que se trataba de un policía indonesio golpeando a un delincuente. Es una burda falsificación, pero el video sigue circulando.

 

 

Esta imagen de violencia contra un presunto uigur fue publicada en Facebook en la página Erdogan in Deutschland. El sitio alemán Correctiv.org pudo rastrear el origen indonesio de estas imágenes. Tampoco hay ninguna conexión con China o los uigures.

 

 

Esta imagen de una mujer torturada hizo mucho ruido en las redes sociales. Fue difundida a través de la página Erdogan in Deutschland. En realidad, la fotografía muestra la puesta en escena de una acción de la secta Falun Gong. Se ha demostrado una vez más que es una noticia falsa, pero las imágenes siguen circulando.

Una campaña organizada

Hay mucha información falsa circulando en Internet. Y no viene de la nada, sino de personas con una clara intención de influir en la opinión pública. Varios elementos confirman que esta campaña en las redes sociales está muy bien organizada y recibe muchos recursos. Facebook, por ejemplo, tuvo que eliminar cientos de cuentas falsas de una red vinculada a The Epoch Times, el sitio de la secta Falun Gong, que ha gastado 9,5 millones de dólares en publicaciones pro-Trump (y anti-chinas). Algunos sitios turcos han estado activos en el desmantelamiento de los bulos, y han desvelado toda la trama detrás de esta campaña en las redes sociales a partir de 2019. Este intento de influir en la opinión pública a través de las redes sociales tiene un objetivo: organizar una presión de la opinión pública para lograr que más países sigan la línea de los EE.UU. hacia China en la escena internacional.

Un debate internacional

El debate no es nuevo, y se está dando desde hace algún tiempo en el ámbito internacional. Desde 2019, son principalmente los Estados Unidos los que quieren hablar de los uigures en instancias internacionales. Por iniciativa de estos, se presentó una resolución en las Naciones Unidas apoyada por 22 países (principalmente aliados de la OTAN), en la que se pide la condena de China, acusada de violar los derechos humanos de esta etnia musulmana. Lamentablemente, la dramática situación humanitaria en Yemen no ha recibido la misma atención por parte de los EE.UU. La responsabilidad de su aliado saudita en esta catástrofe no les es ajena.

Otra alianza de 50 países se negó a seguir el llamamiento de los Estados Unidos para condenar a China, e hizo una contra-resolución en su apoyo. Incluyendo 22 países de mayoría musulmana, como Palestina, Irak, Irán, Argelia, Pakistán, Yemen, e incluso Turkmenistán [1].

Esto llama la atención a primera vista. ¿Por qué entre la veintena de países que quieren condenar a China con el pretexto de defender a una minoría musulmana china, no hay ningún país con mayoría musulmana? ¿Y cómo es que tantos países de mayoría musulmana han firmado la resolución en apoyo a China? ¿Cómo es que los Estados Unidos y Gran Bretaña, que incendiaron el Oriente Medio durante la primera y la segunda guerra del Golfo (contra Irak) y contra Afganistán, causando la muerte de cientos de miles de mujeres, hombres y niños, se convierten en defensores de los derechos humanos en China? ¿Cómo es que Trump, que contribuye a crear un clima de islamofobia en los Estados Unidos, cerrando las fronteras a los musulmanes, de repente se convierte en un gran defensor de los derechos de los musulmanes?

En Bélgica también se plantea esta pregunta. Una resolución para condenar a China por la extracción de órganos fue apoyada en el Senado por casi todos los partidos, incluidos los de derecha y extrema derecha (Vlaams Belang). ¿Cómo es que los partidos que en Bélgica prohíben el uso de pañuelos en la cabeza, por ejemplo, se convierten en defensores de los musulmanes en China?

Entender las cuestiones geoestratégicas

Para comprender esta situación contradictoria y paradójica, es necesario volver al contexto geoestratégico. Es en el Lejano Oriente donde se decide el futuro. La mitad de la población mundial vive allí. Es el mercado más grande del mundo. Y recientemente, China se ha convertido en un desafío al poder hegemónico de los Estados Unidos. Las contradicciones entre los Estados Unidos y China se están agudizando cada vez más. Se está llevando a cabo una guerra comercial de aranceles e impuestos aduaneros. Se está librando una guerra de influencia política en los organismos internacionales (Organización Mundial de la Salud, Organización Mundial del Comercio, Naciones Unidas), con amenazas estadounidenses de eliminar su financiamiento o retirarse por completo de estas instituciones.

Hay una lucha por el control de las reservas de materias primas (de petróleo, pero también cada vez más, de metales raros, de los que China es uno de los productores más importantes). Y Xinjiang, la región Uigur, es un verdadero cruce de oleoductos que traen el petróleo de Oriente Medio, y rutas que llevan los productos chinos a Oriente Medio, Rusia y Europa. Un lugar clave para perjudicar a China a nivel económico y comercial. Y finalmente, hay una lucha por la influencia geoestratégica, con el cercado de China por bases militares. En 2018, los Estados Unidos oficializaron esta tensión al designar a China como enemigo estratégico. Desde entonces, podemos reconocer cada vez más los métodos utilizados durante la Guerra Fría, esta vez utilizados contra China.

Países que han aprendido de las experiencias pasadas

Este enfrentamiento entre los Estados Unidos y China puede explicar por qué los países y organizaciones musulmanes no han querido seguir los intentos estadounidenses de aislar y condenar a China. Los países de Oriente Medio como Irak, Irán, Palestina o Pakistán todavía recuerdan muy bien la injerencia de Occidente en su región. Y han experimentado campañas en los medios de comunicación para criminalizar a sus países (o a sus líderes). Saben que en una guerra (caliente o fría) que se prepara, la primera víctima es la verdad. Irán tiene el “honor” de haber sido el primer país donde, en 1953, su Primer Ministro Mohammad Mossadegh fue depuesto en un golpe de Estado organizado por la CIA, acompañado de una falsa campaña mediática.

La primera Guerra del Golfo contra Irak fue preparada por la mentira de los “bebés incubadoras”. Una joven enfermera kuwaití testificó ante el Congreso de los EE.UU. sobre los horribles actos del ejército iraquí en Kuwait. Este testimonio provocó una gran conmoción y fue decisivo en crear el clima necesario para que el Congreso de los EE.UU. votara a favor de la invasión. También creó un clima en el cual, quienes se atrevieron a cuestionar la versión “oficial”, fueron acusados de ser “pro-Saddam”, pro-dictadura y anti-derechos humanos. Posteriormente, resultó que esta joven no era una enfermera, sino la hija del embajador de Kuwait en Washington. Este testimonio fue parte de una campaña organizada por una firma de relaciones públicas, por la suma de 10 millones de euros.

Y la segunda Guerra del Golfo contra Irak también fue preparada mediante una campaña falsa en la que el Secretario de Estado de los EE.UU., Colin Powell, encabezó la presentación de las supuestas pruebas de “armas de destrucción masiva” de Saddam Hussein, justificando así la invasión de Irak en 2003.

Cualquiera que se atreva a cuestionar la versión oficial es un traidor

Los progresistas y los pacifistas han aprendido de estas experiencias. La demonización extrema en tales circunstancias sirve para preparar los ánimos para una confrontación, y justificar una reacción de Occidente. La profesora de crítica histórica de la ULB (Universidad Libre de Bruselas), Anne Morelli, habla de ello en sus “10 principios de la propaganda de guerra”: “El enemigo es el diablo”. La manipulación de las mentes durante las guerras del Golfo, ha enseñado que no se debe creer de inmediato en el discurso de “la causa noble” cuando los imperialistas y los criminales de guerra hablan de derechos humanos. Pero lo más difícil en un clima de campaña de desinformación masiva, casi hegemónica, es atreverse a ir contra la corriente. El décimo principio de la propaganda de guerra consiste en intimidar a todos los que se atreven a cuestionar la versión oficial, acusándolos de traición.

 

Una campaña “made in USA”

 

Un segundo obstáculo para distinguir lo verdadero de lo falso es la fiabilidad de las fuentes. Varios sitios de periodismo de investigación estadounidenses y australianos han revelado que la información de los medios de comunicación proviene de un número limitado de fuentes. Todas están vinculadas a organismos del Estado norteamericano o anglosajones, y a menudo se citan entre sí:

La red del Congreso Mundial Uigur. En una serie de artículos de investigación, el sitio The Grayzone ha demostrado que la mayoría de las noticias de nuestros medios de comunicación provienen de asociaciones de disidentes uigures, miembros de la red del Congreso Mundial Uigur (WUC). Esta red está financiada por la National Endowment for Democracy (NED), una fundación del Congreso de los Estados Unidos. La NED es un programa estadounidense que apoya a la oposición de aquellos países en los que EE.UU. quiere un cambio de régimen. No es realmente una fuente “independiente”. Las “revoluciones de color” en las ex-repúblicas soviéticas fueron apoyadas a menudo por la NED. La NED fue creada para retomar las campañas “abiertas” de las que antes se ocupaba la CIA. The Grayzone demuestra que no son realmente organizaciones independientes. Ni financiera ni políticamente. El ex presidente del Congreso Mundial Uigur, por ejemplo, apoyó la agresión de EE.UU. en contra de Vietnam.

 

Rabiye Kadeer, actual presidenta del Congreso Mundial Uigur con el expresidente George Bush

 

Curiosos defensores de los derechos humanos. Finalmente, el sitio pudo desvelar la estrecha relación entre estas organizaciones y las administraciones de la seguridad nacional estadounidense, vinculadas a las fuerzas armadas y las multinacionales militares. Pero son, además, antiguos colaboradores de Radio Free Asia/Europe. En Europa, el miembro de esta red WUC es el Instituto Europeo Uigur.

Radio Free Asia. El Congreso Mundial Uigur y organizaciones conexas utilizan Radio Free Asia como “fuente”. Se trata de una radio creada por la CIA en 1950, y refundada en 1994. Está financiada principalmente por los Estados Unidos.

Adrian Zenz. Un «experto independiente», que no es en absoluto independiente. Adrian Zenz es un anticomunista profesional, colaborador de la Fundación (de extrema derecha) Memorial de las Víctimas del Comunismo (creada por el gobierno de los Estados Unidos en 1983). Es un “Born Again Christian” (nacido de nuevo cristiano), un cristiano fundamentalista (en contra de la igualdad de género, de la homosexualidad, etc.), convencido de que está “en una misión divina” contra China.

Falun Gong. Es una secta que pretende ser un movimiento de meditación tradicional. Afirman que la ciencia es obra de los extraterrestres para reemplazar a los humanos (y que por lo tanto debemos ser cautelosos con la ciencia). La secta es racista y cree que el multiculturalismo, la ecología, la homosexualidad y el feminismo son obra del diablo que manipuló a los jóvenes en los años 70. Ben Hurley, un ex Falun Gong, describe cómo esta secta difunde una visión apocalíptica en la que el Partido Comunista Chino (PCC) y sus oponentes serán destruidos, y que Trump ha sido enviado desde el cielo para destruir al PCC. Están a favor de Trump y vinculados a las teorías de QAnon, una ideología de conspiración de extrema derecha según la cual Donald Trump estaría en guerra contra las élites políticas, económicas y artísticas que practican la pedofilia. Se comunican en particular a través del sitio The Epoch Times y las iniciativas End Transplantation Abuse in China (precursor del Tribunal de China). The Epoch Times genera 3 mil millones de vistas en las redes sociales.

Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI) y su “Centro Cibernético”. Un grupo de expertos australianos, creado y financiado por el Ministerio de Defensa. Este tanque de pensamiento se jacta de haber roto el consenso sobre China en Australia (y de haber cambiado la actitud oficial a una mucho más negativa). Actualmente, la ASPI además está financiada por multinacionales privadas de la construcción militar. Encontramos también a Adrian Zenz entre los colaboradores del centro.

 

La historia de los órganos halal

 

Hay una historia que ha estado circulando mucho en las redes sociales: la de los órganos halal. Se dice que los prisioneros uigures son vendidos en masa a los saudíes, quienes pagan mucho dinero para obtener órganos halal (procedentes, por tanto, de musulmanes).

La única fuente de esta historia es una entrevista con un médico uigur, el Dr. Tohti, que ni siquiera vive en China. En esa entrevista del 15 de marzo de 2019 en Radio Free Asia (creada por la CIA y financiada por el Congreso de los EE.UU.), afirma que la embajada saudí está involucrada como centro de venta de órganos halal a los saudíes ricos. Estos saudíes irían entonces a Urumchi (Xinjiang) para ser trasplantados. ¿Por qué Urumchi? Ahí es donde está la fuente de los órganos halal: los uigures que, según este médico, están en campos de concentración. El Dr. Tohti no presenta ninguna prueba concreta, y sólo habla de indicios.

Unos días después, el Dr. Tohti se disculpó en un tweet por la gente a la que había perjudicado al difundir el hoax (información falsa, noticia falaz). Sin embargo, en los meses siguientes, continuó repitiendo la misma historia en todos los medios de comunicación. En una entrevista por video con Vice [2], admitió no tener pruebas directas, “porque todas las víctimas que conoce están muertas”. Pero hasta ahora, ningún periodista le ha pedido nombres.

Otra “prueba” sería una señal que indica un canal prioritario para el transporte de órganos destinados a trasplantes en el aeropuerto de Kashgar. Pero lo que no se dice es que desde 2016, este tipo de señales de “vía rápida” se ha instalado en todos los aeropuertos chinos. China es un país grande, y para cumplir con los cortos plazos de transporte de órganos, hay que ser eficiente.

El Dr. Tothi también explica a Vice que un órgano halal es aquel de una persona que nunca ha bebido alcohol o comido cerdo y que ha cumplido con los preceptos islámicos. No obstante, este es un concepto que no existe en el Islam. El hecho de salvar una vida se considera halal, y cualquier órgano que pueda salvar una vida es aceptado.

Según el Dr. Tohti, China realiza unos 100.000 trasplantes al año, muchos más que los 13.000 a 22.000 declarados oficialmente. Esto sólo sería posible si se hiciera una extracción masiva de órganos a los prisioneros uigures.

Sólo el 13 de marzo de 2020, el periódico estadounidense National Review, que está lejos de ser un periódico pro-chino, escribió un artículo: “¿Por qué las instituciones médicas mundiales confían en China?” El artículo cita al Dr. Francis Delmonico, jefe de trasplantes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), quien declaró en 2019 que “la reforma sobre trasplantes de órganos en China ha logrado resultados notables en un corto período de tiempo” y que “la experiencia de China puede servir de modelo para toda la región asiática y el mundo”. El Dr. Francis Delmonico, presidente del grupo de trabajo de trasplantes de la OMS, dijo en 2016 que “los medios de comunicación deben desafiar a quienes hacen tales afirmaciones” sobre la extracción forzosa de órganos. Y en 2018, Nancy Archer, presidenta del organismo internacional de trasplantes The Transplantation Society (TTS), refutó las acusaciones de abusos generalizados.

El muy serio periódico The Washington Post también ha investigado las acusaciones que señalan que las cifras “oficiales” de China son supuestamente demasiado bajas. Junto con Quintiles IMS, una empresa estadounidense especializada en información médica, The Washington Post comparó la demanda/consumo chino de medicamentos que suprimen el sistema inmunológico (para prevenir el rechazo de órganos). Y la conclusión es que dicho consumo coincide con las cifras oficiales.

Sin embargo, esta historia ha sido retomada constantemente. Hace poco se discutió una resolución en el Senado belga para condenar la extracción de órganos de los prisioneros uigures. Durante el debate, un senador del partido radical de izquierda, el PTB (Partido del Trabajo de Bélgica), hizo preguntas sobre la validez de las fuentes, pero no recibió ninguna respuesta de los otros partidos.

Entretanto, también se ha demostrado que la organización End Transplantation Abuse in China –que está detrás de las denuncias sobre la extracción de órganos– tiene fuertes vínculos con la secta china Falun Gong, según reveló el sitio de investigación The Grayzone.

La única conclusión que podemos sacar de esta “historia” es que no queda muy clara. Y los medios de comunicación no han hecho muchos esfuerzos para verificar sus fuentes.

 

¿Tres millones de uigures en prisión?

 

Lo que los medios de comunicación nunca nos dicen

Lo notable de toda esta campaña mediática es que nunca se menciona el hecho de que se han producido 200 ataques y atentados con bombas por parte de grupos islamistas y separatistas en China y Xinjiang, que han causado 500 muertos y miles de heridos. Estos grupos descienden de los Muyahidines, entrenados por la CIA en los años 1980 [3]. El Movimiento Islámico del Turquestán Oriental fue creado (en 1997) y prometió lealtad a Al Qaeda. Lucharon junto a los talibanes en Afganistán. De hecho, fue por esto que algunos uigures terminaron en Guantánamo. No se habla sobre de los miles de yihadistas uigures que fueron a luchar a Siria. No se dice que estos islamistas también han asesinado a imanes, y a uigures.

Este tema de la violencia extremista, del que poco se habla en los medios de comunicación, es sin embargo importante si queremos entender lo que está sucediendo en Xinjiang. Hemos visto las medidas de seguridad que se han tomado después de los atentados en Europa y los Estados Unidos. Imaginemos 200 ataques en 20 años. China, al igual que otros países que se enfrentan a este tipo de atentados, ha tenido que desarrollar una política para defenderse de los movimientos radicales y terroristas. ¿Ha habido abusos de seguridad, como en los Estados Unidos o Francia, donde la radicalización ha empezado a medirse por el largo de la barba o el uso de un pañuelo en la cabeza? Es muy posible. Pero cualquier viajero que haya visitado China puede confirmar que no se puede hablar de una represión generalizada contra el Islam. En todas las grandes ciudades hay un barrio musulmán con restaurantes halal y una mezquita, incluyendo Xinjiang. Existen 39.000 mezquitas en China. Hoy en día, en Xinjiang, hay 24.400 mezquitas, en comparación con las 9.000 que había en 1984. Incluso hay algunas ventajas para las minorías, incluidas las minorías musulmanas, en el acceso a la universidad, o el acceso a préstamos sin interés para iniciar un negocio. Todas las escuelas que reciben uigures y hui deben proporcionar comidas halal.

¿Cuáles son las fuentes de estas acusaciones?

En enero de 2018, Radio Free Asia (RFA) estimó en 120.000 el número de uigures que fueron encarcelados por actos de extremismo. En el transcurso de ese mismo año, se dijo que había un millón de prisioneros. Y hoy, el Pentágono dice que hay 3 millones de uigures en prisión.

Encarcelar a la mitad de los adultos de todo un pueblo es una acusación seria, que no puede hacerse sin pruebas. Incluso el “experto” Adrian Zenz, considera que “las estimaciones infladas sobre el número de prisioneros –esencialmente sin ninguna base empírica– rozan fácilmente el sensacionalismo e impactan seriamente nuestra credibilidad (sobre la causa de los uigures)”. Sin embargo, esta cifra es repetida por muchos medios de comunicación. Entonces, ¿qué pasa con esto? ¿Qué fuentes se utilizan para respaldar esta cifra?

La primera fuente, que habla de un millón de uigures encarcelados, se basó en un informe de la organización China Human Rights Defenders (CHRD). ¿Cómo obtuvo esta organización de derechos humanos, subvencionada por los Estados Unidos (a través de la NED), esta cifra? Entrevistando a ocho uigures anónimos. Sus testimonios no verificables, limitados a sus pequeñas aldeas, fueron extrapolados a toda la población uigur. Este informe fue escrito específicamente para una reunión de un comité no reconocido de las Naciones Unidas. El representante de los EE.UU. que asistió a esa reunión afirmó que “hay informes creíbles sobre la detención masiva de millones de uigures”. Al día siguiente, Reuters publicó un reporte: “Las Naciones Unidas tienen informes creíbles sobre la detención de millones de uigures”. Todo un atajo que sigue funcionando hoy en día.

Casualmente, Adrian Zenz obtuvo también esa cifra de un millón, basándose en los números de documentos estatales que se “filtraron”. Una vez más, no hay pruebas directas. Otros han tratado de analizar los contratos públicos emitidos por las autoridades locales. Suponiendo que toda la infraestructura construida fuese destinada a campos de concentración, esto podría ser suficiente para albergar a 1 millón de personas. Pero en ese período, la región también construyó nuevas escuelas, internados y centros de formación. Por lo tanto, es imposible concluir que todas esas instalaciones son prisiones o campos de concentración. Adrian Zenz estimó en 1.200 el número de campos necesarios para poder encerrar a 1 millón de personas. El Instituto Australiano de Política Estratégica trató de encontrar rastros de estos campos a través de imágenes satelitales. Lograron detectar 28 infraestructuras que tienen ciertos elementos de seguridad, y creen así haber identificado los centros de detención. Pero esto aún dista mucho de la capacidad necesaria para encerrar a un millón de personas. Está lejos de las acusaciones de encarcelamiento a todo un pueblo.

¿Cuál es la versión del gobierno chino?

China admite haber condenado a 13.000 personas por terrorismo y a 30.000 por actividades ilegales. Pero dice haber aprendido de Occidente, y haber entendido que no va a resolver el problema solo con penas de cárcel. China ha reaccionado a este fenómeno de radicalización estableciendo centros de des-radicalización, por un lado, pero también elevando el nivel de estudio y educación mediante la apertura de centros de formación profesional. Fuentes verificables dicen que se trata en realidad de centros de entrenamiento, no de campos de concentración. Por ejemplo, el Banco Mundial ha ido allí para visitar los centros de formación que ha subvencionado. Se han hecho acusaciones de encerrar a la gente contra su voluntad en esos centros. El Banco Mundial (del que ciertamente no se puede sospechar por hacer propaganda pro-comunista) refutó las acusaciones relativas a los centros en cuestión. Además, el alto funcionario de la ONU, responsable de la lucha antiterrorista (Vladimir Voronkov), ya estuvo en Xinjiang en junio de 2019. No hubo una reacción oficial de la ONU tras esta visita para confirmar las acusaciones de confinamiento masivo. China ha invitado a la alta comisionada de los Derechos Humanos (Michelle Bachelet). Esta ha solicitado tener acceso transparente a toda la región y a las instituciones. Sería interesante esperar a esta visita antes de formarse una opinión definitiva.

 

CONCLUSIÓN

 

Hay razones para hacerse preguntas sobre lo que está sucediendo en Xinjiang y las decisiones tomadas por China en materia de lucha contra el terrorismo. Pero está claro que también se ha lanzado una gran campaña de propaganda en torno a este tema, que no tiene como objetivo descubrir la verdad o defender los derechos humanos, sino preparar el enfrentamiento contra China. Esta es una razón más para ser muy cuidadosos con la información que recibimos.

 

Fuente: Investig’Action

Traducido del francés por América Rodríguez

 

Notas

[1] De los 22 países que apoyaban la resolución de los EE.UU., no había ningún país con mayoría musulmana. Casi todos estos países eran miembros de la OTAN y apoyaron las guerras americanas. De los 50 países que apoyaban a China, había al menos 22 países de mayoría musulmana: 1) Argelia, 2) Bangladesh (89%), 3) Irán, 4) Irak, 5) Pakistán, 6) Somalia (99%), 7) Sudán (97%), 8) Djibouti, 9) Tayikistán, 10) Turkmenistán, 11) Uzbekistán, 12) Palestina, 13) Emiratos Árabes Unidos, 14) Yemen, 15) Kuwait, 16) Omán, 17) Arabia Saudita, 18) Eritrea (47%), 19) Egipto, 20) Nigeria (53%), 21) Siria, 22) Comoras (98%).

[2] A partir del minuto 03:16 de la entrevista.

[3] Alexandre Del Valle, L’Islamisme et les États-Unis: une alliance contre l’Europe, p. 118.