Trump y el golpismo venezolano en modo tornado

El actual intento de la oposición golpista venezolana cuenta con el efecto de una presión mediática ininterrumpida cuyo objetivo es suspender el juicio y la capacidad de razonamiento del público.

 

Al apostar por el alzamiento de parte de las fuerzas armadas, Guaidó presenta como banal un desenlace de la crisis a través de la violencia. Las muertes subsiguientes desde el estallido de la «Operación Libertad» el 30 de abril se asumen, por tanto, como un sacrificio que hace funcionar el ciclo de «movilización-represión-movilización». La violencia causada por sus propias filas, como el linchamiento de chavistas o el asesinato de miembros de las fuerzas de seguridad, se hace invisible porque es inutilizable para los fines previstos.

 

La oposición no actúa de manera improvisada, sino que despliega las fases de un escenario tramado desde hace tiempo. Desde el día en que fue proclamado Presidente de la Asamblea Nacional, Guaidó lo tenía claro : su objetivo era fomentar las deserciones de militares, a quienes prometió una amnistía si volvían sus armas contra el gobierno. Para llevar a cabo este golpe, designó a Maduro como «usurpador», obedeciendo a sus amos en la Casa Blanca y en la UE. Era necesario deslegitimar a toda costa la toma de posesión de Maduro para su nuevo mandato presidencial, después de su elección en mayo de 2018. Con un truco de prestidigitador, Guaidó anunció que Maduro había «abandonado el cargo» según una interpretación ilusoria de la Constitución, y se proclamó a sí mismo como el nuevo jefe de Estado. Un «gobierno paralelo» que contó automáticamente con el apoyo de los líderes de la derecha regional latinoamericana (Duque, Macri, Piñera, Bolsonaro…) reunidos en el «Cartel de Lima».

Desde su victoria – lógicamente no contestada por la misma oposición –  en las elecciones parlamentarias de finales de 2015, los llamamientos para derrocar al gobierno de Maduro han sido constantes. En aquel momento, el Presidente de la Asamblea Nacional anunció una infame cuenta atrás. No se trataba tanto de participar en la vida política del país, sino de crear las condiciones para una nueva ola de violencia. Esto se confirmó en 2018. Al abandonar la mesa de diálogo en Santo Domingo sin la menor explicación, la oposición había descartado definitivamente cualquier solución política. Ese sabotaje llevaba el sello de la administración Trump, que como el paso de un tornado hizo añicos la posibilidad de que la derecha venezolana volviese al sentido común.

En 2019, sus halcones parecen actuar como si Venezuela fuera un asunto de política interna: sus llamamientos diarios a un golpe de Estado ya no son suficientes. A partir de ahora, la amenaza es una intervención armada abierta.

El 1° de mayo, el Comando Sur de Estados Unidos dijo que estaba «listo para cualquier opción hacia una transición pacífica» en Venezuela, mientras que Guaidó anunció «el paro escalonado de los empleados públicos hasta llegar a la huelga general». Es bien sabido que el Tío Sam siempre ha actuado en aras de la paz y la derecha por los intereses de los trabajadores.

 

Fuente : Journal Notre Amérique