Tres preguntas a Maxime Dussart acerca de Leopoldo II

Después del asesinato de George Floyd en los Estados Unidos, una nueva oleada de protestas anti-racistas se ha extendido por todo el mundo incluyendo a Bélgica, sacando de nuevo a la luz el debate sobre la cuestión colonial. En el centro del debate está el papel que tuvo Leopoldo II en el Congo. Algunos piden que se desmonten sus estatuas, otros defienden la acción de un “rey constructor” y que los acontecimientos históricos deberían recontextualizarse. ¿Leopoldo II fue un criminal sanguinario o un progresista que permitió el desarrollo social de Bélgica y que combatió el esclavismo en África? Diplomado y catedrático de historia por la UCL, Maxime Dussart nos ayuda a resolver este dilema.

 

En Bélgica, en el reinado de Leopoldo II, se instauraron el pago de salarios en plata y a plazo fijo. También el derecho a formar sindicatos, y el aumento de la edad de los niños trabajadores de las fábricas a 12 años, y la prohibición del trabajo nocturno para menores de 16 años…Bélgica fue uno de los primeros países en legislar sobre el trabajo infantil. ¿Fue Leopoldo II alguien que se preocupaba por los trabajadores belgas y por los avances sociales?

En estos últimos días estamos viendo florecer efectivamente este discurso en las redes sociales. Es una respuesta al debate sobre la colonización belga. En realidad, se trata de una copia del discurso tradicional de la monarquía: es decir, el sabio y bondadoso rey guiando a su pueblo hacia el progreso. Desgraciadamente, esto es completamente falso que el rey haya sido bueno con los blancos y malo con los negros. Dicho de otra forma, no debemos pensar que existió un “Leopoldo II rey-colonizador” y un “Leopoldo II rey-industrializador”. En realidad, la colonización y la industrialización son las dos caras de la misma moneda de esa época: el desarrollo capitalista frenético.

Leopoldo II era ambicioso y megalómano. En 1861, cuando aún era príncipe heredero sin todavía colonias, decía que Bruselas debía convertirse en el faro del Imperio Belga. Él era un gran defensor del capitalismo, pero para el capitalismo no existe la situación “win-win”: para que el capitalismo se enriquezca y que se desarrolle, el capitalista deberá aumentar su beneficio bajando los precios. Para que el capitalismo gane, el obrero deberá imperativamente perder.

Si examinamos los hechos de cerca, éstos quedan confirmados: Leopoldo II fue un firme opositor del movimiento obrero belga. En 1867, dos años después de que llegase al trono, comenzaron las primeras huelgas fuertes de los obreros del sur del país. Estas huelgas tuvieron su apogeo en el 1869, fecha muy importante. En abril de ese mismo año, el rey envió al ejército a Seraing para reprimir la huelga que afectaba especialmente a la siderurgia Cockerill, cuyo principal accionista era el hermano de Leopoldo II. Fue el momento de la masacre de Seraing. Durante tres días, las tropas mataron indistintamente a obreros, mujeres y niños. En la prensa extranjera, estas masacres hicieron mucho ruido. El propio Karl Marx la llamó “la masacre belga”. En una publicación anónima, decía que Bélgica era: “el estado modelo del constitucionalismo continental, el pequeño paraíso bien protegido por el propietario, el capitalista y el cura. Al igual que el planeta tierra hacía su revolución anual, el gobierno belga también hace su masacre anual contra los trabajadores. El gobierno belga es el policía del capital contra el trabajador”.

Según la historiadora Bárbara Emerson, podemos acordar el beneficio de la duda a si realmente el rey tuvo que ver con las represiones de los años 1860. Sin embargo, sí que está probado que tuvo que ver con las represiones en las huelgas de 1880. De hecho, en la huelga de 1886 fue el propio el general Van Der Smissen, oficial del rey, quién estaba al mando de las tropas. Dio la orden de abrir fuego sin miramientos, contra cualquier elemento sospechoso que se dirigiese hacia las tropas. Éstas estaban posicionadas en los lugares clave por donde iban a pasar los huelguistas. Podemos imaginar el resultado de aquello. Muertos por todos lados, sobre todo en Roux. Y Van der Missen no fue destituido ni sancionado.

En un momento dado se dieron cuenta que la represión de los cuerpos no era suficiente para acallar todas aquellas reivindicaciones. El rey sabía que también tenía que convencer a los espíritus. Por eso ordenó una comisión que dio inicio a las primeras leyes sociales. A disgusto y como para soltar lastre, el rey, el gobierno y los capitalistas, todos con diferentes intereses, aprobaron todas aquellas leyes. Los avances sociales de aquella época no fueron entonces un regalo otorgado por un rey benevolente, sino las conquistas arrancadas con el precio de la sangre del movimiento obrero.

Dicen que las tiranías de Leopoldo II en el Congo habrían sido exageradas. Dicen que terminó con la esclavitud en ese país. Así que las cifras del historiador Morel que le atribuye diez millones de muertos sería erróneas. La historia de las manos cortadas como castigo a los malos rendimientos sería un mito, según una encuesta de 1904-1905. Leopoldo II, al enterarse que se estaban cometiendo algunos excesos en su colonia declaró: “Nosotros queremos el bien. Si el mal ocurre en vuestro país, queremos saberlo para reprimirlo.” ¿Podría ser que tengamos una imagen sesgada de colonizador sanguinario en Leopoldo II?

Como respondía a su pregunta precedente, si Albert es el rey de los soldados, entonces Leopoldo II es el rey de los capitalistas. En su juventud, visitó numerosos imperios coloniales, incluidas algunas colonias de explotación económica donde se dio cuenta de que este modelo les generaba muchísima ganancia a los imperios holandeses, franceses, ingleses y alemanes. A vista de todo esto, decidió grabar en un pedazo de mármol de la Acrópolis un mensaje para el ministro de finanzas, Frère-Orban: “¡Bélgica necesita una colonia!” Toda la “obra” de Leopoldo II está orientada hacia un objetivo de prosperidad para la economía belga.  De hecho, así lo confirma en unos correos enviados a su hermano en 1888.

El rey conocía a la perfección los sistemas de colonización que pudo estudiar y analizar en el extranjero. Incluso los perfeccionó: “El hecho es que entre los años 1880 y 1910, la acción leopoldista llegó al límite de abusos coloniales”, resume el historiador en asuntos coloniales Elikia M’Bokolo. “En esa época, representaba la forma más extrema de colonización del tipo capitalista”. Incluso los historiadores más pro-Leopoldo II como el mediático Jean-Luc Plasman, explicaba que “la lógica capitalista a corto plazo es la causante de la violencia de masas”. El sistema de las cuotas, las primas de rendimiento a los oficiales de las colonias, la ausencia de control de los medios frente a la exigencia de resultados…Este sistema solo podía desembocar a los abusos contra el pueblo congolés. Frente a esto, debemos entender que el discurso de la misión civilizadora solo servía para venderle la colonización a la opinión pública. Sería algo como las guerras actuales en pro de la democracia que en realidad esconden intereses geopolíticos o de control de recursos naturales.

Es interesante realizar un análisis de las misiones civilizadoras de Leopoldo II a partir de 1878. Aquellas misiones se encargaban de establecer una base territorial para reivindicarlas cuando llegase el momento. Y de hecho es lo que hizo en la Conferencia de Berlín en la cual las potencias europeas se repartieron el continente africano. ¿Y de qué nos damos cuenta? De que, entre todos los encargados de colonizar el país a partir de 1878, no había ni un solo médico, profesor o ingeniero. Aparte del explorador Stanley, ¡todos los demás eran militares! Curiosa manera de civilizar un país, a base de fusiles y cañones Krupp. Sin embargo, esta delegación correspondía perfectamente a lo que efectivamente se hizo: obtener por todos los medios posibles los acuerdos de exclusividad de explotación con los jefes territoriales locales. ¡Estos contratos estipulaban que todos estos pueblos debían ceder sus tierras a Leopoldo II! Pronto aparecerían las primeras resistencias que serían violentamente reprimidas. Tenemos algunos testimonios de los oficiales belgas como el de sub teniente de las Fuerzas públicas del Congo: “Mi experiencia africana comenzó con los disparos de fusil y de cañones y con los incendios de los pueblos, con el “hacer entrar en razón”. En una palabra, en los abusos y sobre abusos de la fuerza con todos sus excesos”. Las resistencias de los pueblos congoleses fueron innumerables, por lo menos hasta la primera guerra mundial cuando el dominio territorial se estabilizó, concluye Catherine Coquery-Vidrovitch (1).

¿Qué relación tiene esto con la lucha anti-esclavista que fue el estandarte oficial de la misión civilizadora de Leopoldo II? Pues en los reportes militares, eclesiásticos y periodísticos, se confunden deliberadamente a los rebeldes con los “esclavistas arabo-swahilis” que eran traficantes de esclavos provenientes de Madagascar. De hecho, sí que existía una lucha contra los esclavistas, pero era por una cuestión de dominio territorial y además los “liberados” eran obligados a alistarse a las fuerzas públicas. Y en realidad su condición seguía siendo nefasta, su servidumbre continuaba bajo otros aspectos. La misión leopoldiana se ocupó de extender el fenómeno de la esclavitud hacia nuevas formas puesto que las poblaciones conquistadas debían hacer trabajos forzados: construcción de infraestructuras, cultivos, transporte de materias primas…Frente a la esclavitud, el Estado independiente del Congo de Leopoldo II era más bien un rival, y no un enemigo. Hasta tal punto que, en 1887, vimos que Stanley se alió con Tippo Tip, el mayor esclavista de aquella región.

¿Piensa usted que la historia del colonialismo belga tendría que explicarse de otra manera en nuestras escuelas?

Haría falta enseñar la historia de Bélgica bajo el reinado de Leopoldo II como lo que realmente fue: la historia del desarrollo capitalista de Bélgica con el liderazgo del rey y en detrimento de las víctimas de la industrialización que eran los obreros belgas y las víctimas de la colonización que fueron los pueblos del Congo.

Pienso que hay muchos profesores que hacen muy bien su trabajo al respecto. Vimos hace poco en RTBF, una profesora que había invitado a un antiguo colono a hablar en su clase para permitir a los alumnos darse cuenta de cuáles eran las prácticas, las lógicas y los discursos interiorizados por los belgas en el Congo. Yo mismo, cuando iba al colegio no tenía ninguna asignatura que hablase acerca de la colonización. ¡Hizo falta que llegase a la universidad y que eligiese esa asignatura específicamente! Cuando hice mi formación como profesor de historia, constaté en los cursillos que, si bien la historia del concepto de colonización estaba en el programa, la historia de la colonización belga no era para nada obligatoria. Es un problema que, a mi juicio, concierne más a las autoridades que a los profesores. De hecho, si el mito de la “misión civilizadora” sobrevive, es porque el Estado belga sigue avivando ese discurso en contra de la verdad histórica. Hay un comité de expertos de la ONU que denuncia y apunta al Estado belga por no reconocer ni condenar los crímenes cometidos en el Congo, tanto por Leopoldo II como por el Estado y las empresas que habían logrado obtener concesiones comerciales (2).

En el debate suscitado en los últimos días, Palacio ha repetido esta actitud. Espera un “consenso histórico sobre este tema” antes de posicionarse. Luis Michel, que sigue siendo uno de los personajes principales del MR (movimiento reformador) no dice lo contrario cuando alienta a la realización de un debate “que impone también el cuestionamiento dentro del marco de aquel tiempo y aquel contexto”. Pero hace 20 años que este consenso histórico existe y este argumento de poner las cosas en su contexto no tiene ningún sentido (3). Son declaraciones indecentes. Algunos en la N-VA (nueva alianza flamenca) van todavía más allá. Joren Vermeersch, uno de sus ideólogos, habla de “una cooperación al desarrollo a una escala que hoy en día sería imposible” (4).

Bélgica tiene la obligación de reconocer el trabajo de los historiadores belgas y sacar buenas conclusiones de ello. Tiene que presentar excusas, tiene que indemnizar y también replantearse claramente la injerencia de Bélgica en la economía y política del Congo hoy en día. La cuestión y las consecuencias de la colonización por occidente del resto del mundo también deberían ser tratadas. Encontramos hoy en día en las redes sociales una opinión muy extendida que dice que “estaban mejor cuando estábamos nosotros, solo miren el estado de África hoy en día”. Esta idea tiene mucho éxito porque le da a una parte de los trabajadores de los países del norte, la impresión de que en realidad son ellos a quiénes atacan cuando se piden indemnizaciones por la colonización. Pero como he intentado demostrarlo, pretender enfrentar a los trabajadores del sur con los del norte no tiene sentido. No. Y debemos ser muy claros al respecto: los que tenemos que tener en la mira son a las grandes empresas capitalistas, que, con el apoyo de los Estados como el belga, se han enriquecido a costa de la colonización, que es una faceta más de la explotación de los trabajadores de las naciones industrializadas. Es la misma Société Générale la que robaba los recursos de Katanga que la Société Générale que gestionaba las siderurgias de Corkerill en Valonia, que enriquecían a los accionistas y empobrecieron así a una región entera.

Si África sigue estando sub-desarrollada, no es porque no consiga salir de su subdesarrollo sino porque no la dejan salir. La Société Générale una vez más, fue la que logró causar la secesión de la provincia de Katanga, la más rica del Congo, después de su independencia. E incluso después de la reunificación nacional, la Société Générale continuó controlando hasta el 70% de la economía congolesa, por lo menos hasta los años 1980. Si hablamos de los líderes africanos que han luchado por la emancipación de su país, todos han terminada asesinados como Sankara o Lumumba. De hecho, la Société Générale estuvo implicada en el asesinato de Lumumba. Como lo estuvo también en el de Julien Lahaut, probablemente uno de los mayores líderes obreros valones del siglo XX. El capitalismo ha querido unir nuestros destinos más allá de los océanos y solo lograremos librarnos de él si combatimos todos juntos.

Notas:

[1] Coquery-Vidrovitch, Catherine. “Révoltes Et Résistance En Afrique Noire: Une Tradition De Résistance Paysanne à La Colonisation.” Labour, Capital and Society / Travail, Capital Et Société, vol. 16, no. 1, 1983, pp. 34–63

[2] https://www.lalibre.be/international/pour-les-experts-des-nations-unies-la-belgique-doit-presenter-des-excuses-pour-son-histoire-coloniale-5c6190cf9978e2710e435f4b

[3] https://plus.lesoir.be/307401/article/2020-06-16/carte-blanche-ninstrumentalisez-pas-les-historiens-dans-le-debat-sur-le-passe

[4] https://www.knack.be/nieuws/belgie/n-va-ideoloog-joren-vermeersch-black-lives-matter-vervalt-in-rassendenken-dat-het-zegt-te-bestrijden/article-longread-1610467.html?cookie_check=1592486280

 

Fuente: Investig’Action

Traducido del francés al español por Enrique Cebrián para Investig’Action