Tres preguntas a Jacques-Marie Bourget sobre el asesinato de Shireen Abu Akleh

El periodista francés Jacques-Marie Bourget vivió una tragedia similar a la de Shireen Abu Akleh, la periodista asesinada la semana pasada y cuyo funeral ni siquiera se celebró. Afortunadamente, Bourget sobrevivió, pero su lucha por el reconocimiento de lo sucedido no ha sido fácil.


 

¿Puede explicar en qué se parece su historia a la de Shireen Abou Akleh, la periodista de Al Jazeera asesinada hace unos días?

 

En cuanto vi los vídeos de su asesinato, al escuchar el sonido de los disparos, me di cuenta de que se trataba de rifles M16, rifles utilizados por el ejército israelí. Reconozco esta arma porque es con la que los israelíes intentaron matarme. No me dió tiempo de escuchar el ruido porque son balas supersónicas, que golpean antes de oír la explosión. Inmediatamente, al ver las imágenes, pensé en lo que me había pasado.

No tenía chaleco de prensa ni casco porque estaba en la plaza de Ramallah, completamente tranquilo, sin problemas. Si yo hubiera estado en esa plaza con un chaleco y un casco, los palestinos me habrían enviado al manicomio, porque no tenía sentido. En este caso, la situación es más grave aún, porque hubo enfrentamientos en Jehnine. Si se espera que la seguridad funcione, para que los periodistas estén protegidos, se necesita usar un casco, un chaleco antibalas y el equipo adecuado.

Supe inmediatamente que se trataba de una operación similar de la que fui víctima, es decir, fuego de francotiradores, fuego de precisión. Y en este caso, tuvieron que ser aún más precisos porque, como Shireen llevaba un chaleco antibalas y un casco, la única parte donde podían acertar era la cabeza. No es una coincidencia que ella fuera un objetivo y que haya sido eliminada. Creo firmemente que hubo una intención deliberada de hacerla desaparecer.

Por mi parte, fui blanco de ataques y disparos en una plaza pública de Ramallah, aunque estábamos perfectamente tranquilos. Con algunos amigos, investigamos después, y nos enteramos de que un francotirador estaba apostado en el Hotel City Inn de Ramallah, que estaba ocupado por el estado mayor israelí. Ese francotirador me apuntó y me incrustó una bala en el pulmón justo encima del corazón. Hay similitudes: periodista, tiro de precisión. Psicológicamente, sé lo que significa. Yo estaba convencido de que me iba a poner una curita y de que iba a mejorar pronto. Parece tan sorprendente que alguien pueda disparar a un periodista que es difícil de creer. Hay una sensación de injusticia, incomprensión y caos.

La otra similitud es la narración israelí: lamentan este incidente, van a hacer una investigación exhaustiva, no deben hacerse acusaciones sin pruebas. Dirán: “Son los palestinos porque nosotros nunca hacemos eso”. Estamos consiguiendo tiempo y mientras se realiza la supuesta investigación –pero no hay tal investigación–, se barre el polvo debajo de la alfombra. Nos olvidamos de todo y pasamos a lo siguiente. ¡Es absolutamente cínico!

Como prueba, en mi caso, los israelíes se negaron a colaborar con la justicia francesa. Incluso se negaron a atenderme. Los palestinos dijeron: “Tenemos un periodista francés que debe ser atendido”. Los palestinos están acostumbrados a la cirugía de guerra, pero los israelíes están mejor equipados en términos de material. Se negaron a atenderme, querían que muriera. Esta gran democracia se negó a atender a un periodista que estaba muriendo. Pero es lógico, si me dispararon, no fue para salvarme después.

Otra similitud es que creo que el teléfono de esta colega estaba siendo intervenido. Con el sistema Pegasus, un sistema israelí, no es imposible que fuera rastreada, o incluso esperada. Dirán que estoy escribiendo una historia de detectives, pero eso fue lo que me ocurrió. Pusieron un transmisor GPS debajo de mi auto, lo que les permitió seguirme paso a paso para saber dónde estaba. Creo que esa es parte de la hipótesis: no sólo se disparó a esta colega –digamos que involuntariamente– sino que al mismo tiempo había la voluntad de hacerla desaparecer.

 

¿Estamos alcanzando un nuevo umbral en la impunidad del gobierno israelí?

 

En mi opinión, a pesar de los acuerdos de cooperación judicial firmados entre Francia e Israel en 1958, los israelíes simplemente se negaron a cooperar. Hubo un rechazo a colaborar con la justicia francesa.

Después de tres años, todavía no había noticias. En ese momento, le dijeron a mi abogado William Bourdon: “Hay una investigación, pero es secreta. El ejército se ha hecho cargo de esta investigación, pero se ha perdido. Y de todos modos, fueron los palestinos”. Me tomaron por tonto y a la justicia francesa no le importó, no le interesó.

Aquí, la situación es un poco más difícil. La periodista es ciudadana estadounidense, lo que hace que su vida valga un poco más que la de los demás. Me doy cuenta de que los estadounidenses han hecho mucho menos ruido que si hubiese sido asesinada por los rusos en Ucrania, eso está muy claro. Hay poco alboroto, poca alarma. Pero sigue siendo el poder estadounidense y sus instituciones.

Por mi parte, no salí realmente bien parado, en el sentido de que todavía hoy estoy discapacitado y traumatizado. Pero la bala se incrustó detrás del omóplato. Cuando se extrajo la bala del intento de asesinato, pudimos saber más. Digo asesinato porque fui víctima de un crimen de guerra. El periodista es un civil, disparar a un civil es un crimen de guerra. Así que hice que me sacaran esa bala y fue analizada. Los expertos de Francia declararon que esta bala procedía de una empresa israelí llamada IMI (Industria Militar Israelí). El crimen tenía su firma. Así es como conseguí, no ganar mi caso en Israel, pero al menos sí en Francia. Los tribunales escribieron sin ambigüedades “el Sr. Bourget fue víctima de un disparo israelí”. Para mí fue una victoria, ¡pero tuve que esperar veinte años!

 

Al día siguiente de la muerte de Shireen Abu Akleh, Israel afirmó en los medios de comunicación que los palestinos eran los responsables. ¿Cree que una investigación establecerá la verdad?

 

Los medios de comunicación son los retransmisores de las mentiras, automáticamente dicen que fueron los palestinos. Hay gente en todo el mundo que dirá: “No vayamos tan rápido, esperemos al resultado de la investigación”. Al final, el crimen se difumina, se olvida.

El hecho de haber encontrado un proyectil en la cabeza de nuestra desafortunada colega es un poco perjudicial para los israelíes. Los palestinos hicieron bien en no entregar el proyectil a los israelíes, no se puede confiar en ellos. Soy muy pesimista respecto a la investigación, que sin duda puede llevar a la verdad, y creo que el análisis de la munición es muy importante. Pero eso es todo, no habrá condena. El arma que disparó esa bala ya está destruida. En los últimos veinte años, los israelíes han matado a 46 periodistas y nunca se ha llevado a cabo ninguna investigación.

 

Traducido por Edgar Rodríguez para Investig’Action

Fuente: Investig’Action