‘Tea Rooms’: Desde la escalera de servicio

La novela-reportaje de Luisa Carnés describe, a través de un enfoque feminista y proletario, el día a día de las mujeres del Madrid de la República. No resulta descabellado identificar los diferentes tipos que nos presenta Carnés en sus protagonistas con la realidad actual de nuestra sociedad.

 

La tertulia con la que dio comienzo a este nuevo grupo de lectura de la librería Enclave contó con la participación de Antonio Plaza y Carolina Fernández como invitados. La conversación giró en torno al contexto histórico, político y social de la novela, así como a la vida y la produccción literaria de su Luisa Carnés. Abordamos además algunos aspectos del texto, aunque la sesión se quedó corta pues quedaron muchos otros sin tratar.

Antonio Plaza, autor del epílogo de la reciente edición de Tea rooms publicada por Hoja de Lata, ha sido profesor de historia en el IES Blas de Otero de Madrid. Es un gran conocedor de la cultura de la Segunda República y el exilio y uno de los principales expertos en la obra de Luisa Carnés. Es autor del ensayo El sindicalismo ferroviario en España: de las sociedades mutualistas a los sindicatos de industria (1870-1936). En 2010 publicó el artículo Teatro y compromiso en la obra de Luisa Carnés y en 2014 se encargó de la edición, el prólogo y las notas de las memorias de Carnés, hasta entonces inéditas, De Barcelona a la Bretaña francesa. Ese mismo año participó en las XII Jornadas sobre la Cultura de la República, dedicadas a las mujeres republicanas, presentando la ponencia Luisa Carnés: recuperación de una memoria postergada.

Licenciada en Filología Hispánica y Clásica y doctorada en Literatura Española por la Universidad Autónoma de Madrid con una tesis sobre la ideología y los cambios estéticos en las novelas del Galdós del siglo XX, Carolina Fernández trabaja actualmente para la editorial Iberoamericana Vervuert. Sus investigaciones se han centrado en novelas y producciones teatrales entre el siglo XIX y la actualidad y es también una buena conocedora de la obra de Carnés. Desde hace más de diez años colabora en el grupo de investigación de la UAM sobre la República que cada año organiza las Jornadas sobre la Cultura de la República, cuya XV edición tuvo lugar los días 25 y 26 de abril y se centró en el impacto de la Revolución Rusa en la España de los años 30. Carolina ha colaborado en diversas publicaciones, entre las que destaca el poemario de Esther Giménez Díptico a dos velas y el ensayo Una generación perdida: El tiempo de la literatura de avanzada (1925-1935). Además, ha montado las percusiones y otros efectos de obras de teatro político como Grecia. Una tragedia de nuestro tiempo (del Colectivo Konkret), Discurso sobre la servidumbre voluntaria (de Andrés Recio) o Marat-Sade en Tel Aviv (de Peter Weiss, montaje del grupo Antígona).

Luisa Carnés (1905-1964), pese a haber coincidido cronológicamente con la Generación del 27 y haber recibido el reconocimiento de la crítica del momento, no puede considerarse estrictamente una sinsombrero. Su origen humilde, el empleo en sus obras de protagonistas procedentes de bajos estratos sociales y su no pertenencia natural a los círculos intelectuales del momento se suman a su condición de mujer, convirtiéndola, tras la Guerra Civil y la dictadura franquista, en una escritora invisible incluso entre aquellas invisibles rescatadas por Tània Balló en su conocido ensayo. Habiendo cultivado prácticamente todos los géneros literarios a lo largo de su vida, la literatura de Carnés previa al exilio fue adoptando una postura cada vez más comprometida, de denuncia de las condiciones sociales a las que se veían sometidas las mujeres y la clase trabajadora, y se fue cargando de la ideología comunista con la que la autora se identificó en buena medida desde mediados de los años treinta hasta su muerte.

En todas sus obras de ficción encontramos protagonistas femeninas de una edad similar a la que Carnés tenía en el momento de escribirlas, así como descripciones de la realidad dibujadas desde una mirada crítica pero no moralizante ni aleccionadora. Sus obras de juventud, novelas de búsqueda y formación, coinciden tanto en temas como en perspectiva con la narrativa social de preguerra a la que pertenecen novelas como O.P. o Siete domingos rojos de Ramón J. Sender, pero incorporan una visión femenina y feminista a la que en cierta medida se resistían muchas de sus coetáneas y que no estaba en ningún caso presente entre los autores varones de esta corriente literaria.

Para no extenderme más y puesto que el prólogo de Antonio Plaza ofrece una amplia e interesante contextualización de su obra, únicamente aprovecho para recomendar la lectura del estudio literario Itinerarios del exilio: la obra narrativa de Luisa Carnés, de Iliana Olmedo, para quienes quieran profundizar en su producción literaria.

De Tea rooms sorprende la modernidad del lenguaje y de los planteamientos, así como la vigencia de los temas tratados. Esta novela-reportaje describe, a través de un enfoque feminista y proletario, el día a día del Madrid de la República en torno al comienzo del Bienio negro y las problemáticas que sufre la clase trabajadora, especialmente las mujeres que la conforman. Centrándose inicialmente en la figura de Matilde —alter ego de la autora—, la narración va abriendo el foco y presentándonos a diversas protagonistas cercanas y verosímiles, en su mayoría mujeres, que nos permiten conocer los diferentes tipos presentes en la época pero también sus rasgos comunes. El lenguaje es sencillo y cercano y el ritmo rápido pero sin dejar de describir los detalles necesarios para hacerse una idea tanto del entorno como de los personajes y sus vivencias. Para ello, Carnés se sirve del empleo frecuente del diálogo que se produce entre sus protagonistas y con él nos va presentando los diferentes conflictos tanto sociales como personales en los que están inmersas.

A lo largo de la novela y a través del devenir de sus protagonistas, la autora nos ofrece una fotografía que nos permite identificar los elementos y hechos históricos que caracterizan al momento en el que se desarrolla la ficción: la situación de desigualdad laboral y sobrecarga de trabajo doméstico que sufren las mujeres, las demandas expresadas en las protestas proletarias que se suceden cada vez con mayor frecuencia e intensidad ante la miseria y el paro prolongado que aumenta las desigualdades, el impacto en la sociedad española del ideario de la Revolución rusa, la represión a la que se ven sometidos quienes alzan la voz ante las injustas condiciones sociales y laborales a las que se enfrentan, la persecución política llevada a cabo por el fascismo italiano, las inquietudes que suscitó el desarrollo del cine en su construcción del relato de la sociedad del momento y la pervivencia de una moral basada en la apariencia y la tradición, que representa las fuertes contradicciones de la mujer moderna, interviene definitivamente constriñendo la libertad de acción de las mujeres y tiene sus efectos más dramáticos en la muerte de Laurita.

No resulta descabellado identificar los diferentes tipos que nos presenta Carnés a través de sus protagonistas con la realidad actual de nuestra sociedad 80 años después. Pese a algunas diferencias de grado que han venido determinadas por el desarrollo de las democracias europeas tras los periodos dictatoriales del siglo XX, podría decirse que también siguen estando presentes buena parte de las problemáticas sociales, laborales y personales que se describen en la novela. El tema de la novela puede resumirse, entre otras, en las siguientes frases extraídas del texto: «Las ‘de hoy’ son mujeres ‘sin tipo’, obreras miserables, con un hijo en el vientre; mujeres que a veces no saben leer», «Su definición de la sociedad: ‘los que suben en ascensor y los que utilizan la escalera interior’, se ha consolidado» y «Hoy sabemos que las mujeres valen más que para remendar ropa vieja, para la cama y para los golpes de pecho; la mujer vale tanto como el hombre para la vida política y social». En mi opinión, esto que nos presenta Carnés en Tea rooms es de una vigencia abrumadora y nos debe llevar a la reflexión sobre aquellos aspectos de nuestra realidad que queremos cambiar.

La tertulia comenzó con la intervención de Carolina Fernández, que compartió con nosotras su lectura de Tea rooms y planteó algunos interrogantes que despertó en ella. Nos explicó cómo la literatura de Carnés le sorprendió por las diferencias que plantea con respecto a la literatura realista de principios de siglo. Ella llevaba unos años trabajando en su tesis doctoral sobre la novela del Galdós del siglo XX y encontró en Tea rooms una prosa moderna tanto en la estructura del texto (oraciones y párrafos más cortos) como en el lenguaje empleado y la mirada sobre los personajes y los acontecimientos que en ella aparecen. Esto le hizo preguntarse por lo que ha ocurrido en ese periodo para que se produzca dicho cambio y concluyó que el desarrollo del capitalismo junto con un incipiente movimiento obrero tuvieron como resultado la aparición de la novela como producto ideológico y una nueva relación de compromiso entre los intelectuales, que dio lugar al auge de las novelas sociales. Explicó cómo ya con su título original, Tea rooms: mujeres obreras (novela-reportaje), la autora comienza a trenzar sus dos aspectos fundamentales: el género y la clase, la opresión patriarcal y la explotación capitalista; y se preguntó por qué en la edición actual del texto se ha omitido el tercero de los elementos del título, aquel que engloba a la obra en el género de la novela-reportaje.

Esto nos dio pie a comparar esta edición con la portada de la edición facsimilar que realizó en 2014 la Asociación de Libreros de Lance en conmemoración de los 80 años de su publicación, que reproduce un dibujo de Ramón Puyol donde se destacan los elementos básicos que aparecen en la novela: una mujer embarazada, la mujer moderna con el pelo a lo garçon, unos dulces y una persona corriendo (reflejo de las protestas obreras y la represión que sufren). Carolina estableció la diferencia entre la narrativa de Carnés y la de las autoras sinsombrero —de origen burgués, con otra manera de escribir y sin interés por lo social—; y comentó las reseñas de la época en la que parece que la novela pretende conmovervs. mover—, anulando así los aspectos revolucionarios y de controversia que sostiene la novela.

Habló, además, de la utilización por parte de la autora de un escenario como una casa de té, donde a diferencia de otros lugares como las fábricas se puede representar a todas las clases sociales y la realidad del momento -organización de las protestas obreras y papel de la mujer-, situando a la clase media en el punto de mira como ya había hecho Galdós. Considera que el elemento diferenciador de esta novela respecto a otras novelas sociales de la época es la inclusión de la cuestión feminista, dando espacio a un debate que estaba presente en las calles con gran intensidad en la sociedad; y terminó señalando cómo la autora elude las individualidades (el devenir de las historias personales de sus protagonistas) para presentarlo como un problema colectivo que aborda además las estructuras, lo cual la convierte también en una novela política.

La intervención de Antonio Plaza giró en torno a la vida y la obra de Luisa Carnés, que no puede entenderse sin atender al momento en que se publica, en la línea de su epílogo –curiosamente escrito en forma de prólogo— que acompaña a la novela en la edición de Hoja de Lata; detalles a los que volvió a lo largo del coloquio posterior, contextualizando diversos temas de los que fueron apareciendo. Nos explicó que en Renacimiento están a la espera de publicar su novela Natacha, así como una antología de todos sus cuentos que se conservan, entendiendo que es muy importante la labor de documentación a la hora de publicar ambas obras. Por otro lado, recordó que se va a poner una placa conmemorativa en la calle Moratín, donde estaba ubicada la sombrerería en la que Carnés empezó a trabajar. Antonio hizo referencia a artículos de Carnés en los que siempre reivindica el papel de la mujer y la cultura, que nos permiten hacernos una idea de su postura feminista al escribir acerca del derecho al voto de la mujer meses antes de que Clara Campoamor lograra que fuera aprobado en el Congreso, así como sobre la situación que llevó a Carnés a trabajar en una confitería, como aquel titulado «Una mujer busca trabajo» y publicado en Estampa en mayo de 1934.

Antonio considera Tea rooms una novela de ruptura con su obra anterior, cuando Carnés se siente preparada para tratar temas que antes no había abordado. Entiende, además, que pese a su trayectoria previa al exilio, Carnés fue olvidada no solo por ser mujer, sino también por fallecer muy temprano con respecto a sus coetáneos. Encuadrando a la autora, por los temas que aborda y la manera en que lo hace, en la novela social de preguerra, Antonio recordó a autores como Ramón J. Sender, César Arconada y Manuel Domínguez Benavides, entre los cuales está solo Carnés como escritora. Nos habló de la riqueza del lenguaje empleado por Carnés en su obra de ficción, así como de cómo rompe moldes respecto a otras escritoras del 27 como aquellas de las que habla Shirley Mangini en el ensayo Las modernas de Madrid. Las grandes intelectuales españolas de la vanguardia o Tània Balló en Las sinsombrero.

Una vez abierto el coloquio con las lectoras, Pilar explicó que, al relatar las condiciones de vida de los obreros en el Madrid del primer tercio del siglo XX, la novela de Carnés le recordó a La forja, el primer volumen de la trilogía autobiográfica de Arturo Barea La forja de un rebelde, así como a La tribuna, de Emilia Pardo Bazán; y destacó el tono triste y desesperanzado de la situación que viven las mujeres obreras de Carnés, y que se mantiene en la vida en blanco y negro de la posguerra a la que se refería Emilia, comparándolas con las novelas de la burguesía y de los relatos actuales de autoras como Almudena Grandes. Comentamos el hecho de que el resto de novelas de esta temática suelen estar protagonizadas por hombres y hablamos de las condiciones de trabajo que se mantienen o se mantenían hasta hace unas décadas a través de experiencias como el tío hortera de Marisa T., relacionándolo con comercios que siguen funcionando en el Lavapiés actual tal como señalaban Marisa D. y Carolina al hablar, por ejemplo, de los uniformes de trabajo.

Además de la vigencia de la obra —que no entendería escrita, sin embargo, en otra época—, Emilia señaló también el hecho de que solo en el primer y el último capítulo se mencione el exterior del salón de té, pues en el resto de la obra el narrador solo se refiere a éste desde la perspectiva de quien está dentro trabajando, y se preguntó cómo se nos enseña la literatura para que no conociéramos a esta escritora —como bien dijo Carolina, puntúa doble al ser no solo mujer, sino además de clase obrera—. Hablamos de las condiciones de trabajo, de la atmósfera asfixiante y de la práctica ausencia de derechos laborales a que estaban sometidos los trabajadores. Comentando la formación autodidacta de Carnés, recordamos los folletines, la venta y el intercambio de libros usados, las bibliotecas públicas…, así como el elevado índice de analfabetismo que afectaba en un grado mucho mayor a las mujeres.

Nuria describió magníficamente la literatura de Carnés, para quienes no habían leído la novela, como muy visual, tremendamente cinematográfica y con un estilo en el que se sirve del uso abundante de sustantivos para crear las sensaciones que nos trasmiten el ambiente opresor de la época —a diferencia de autores como Galdós, en cuyas descripciones incluye largas listas de adjetivos—, de forma que la acción transcurre muy rápida, que junto con diálogos demoledores y actuales permite al lector sumergirse en las escenas narradas a las que dota de una gran verosimilitud. Además de las imágenes y la narración, como bien señalaba Emilia, la autora introduce en el relato numerosas ideas críticas con la sociedad patriarcal y la situación de los trabajadores, cuestiones morales y la institución del matrimonio, que la autora compara con la prostitución.

Relacionamos entonces estas cuestiones con otras actuales como los vientres de alquiler, y Carolina llamó nuestra atención sobre cómo todo esto estaba presente en la época en los discursos y debates que mantenían personalidades como Federica Montseny, cuando las mujeres toman el espacio público, sacan a la luz estos debates y ponen en marcha campañas informativas que la guerra y la dictadura franquista harán desaparecer en buena medida. Carolina planteó la cuestión de por qué no se recupera toda esta obra republicana hasta los años noventa, ante lo que Antonio sostuvo una teoría que tiene que ver con las modas literarias y nos habló de cómo a finales de los años setenta, con el boom de la literatura hispanoamericana, comienzan a regresar algunos de los escritores republicanos y vuelven a editarse sus obras, como sucede por ejemplo con La gallina ciega, de Max Aub.

Antonio señaló la importante labor de algunas editoriales, entre las que destaca Renacimiento, que están tratando de recuperar toda esta obra publicada en la República y el exilio, y nos habló de la reciente publicación del Diccionario biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939, y concluyó con la necesidad de rescatar a autores y autores de la época que han caído en el olvido, tal como muestra Jairo García Jaramillo en el ensayo La mitad ignorada. En torno a las mujeres intelectuales de la Segunda República. Afortunadamente, aún quedan editores dispuestos a intentarlo. Hoja de Lata ha publicado recientemente Trece cuentos, de Luisa Carnés, una selección magnífica de su extensa obra.

 

Foto de portada: Luisa Carnés y su hijo Ramón Puyol a mediados de los años cuarenta.

Fuente: infoLibre

 

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