Somalia: Una alfombra roja para Biden

Como parte de su estrategia de retirada de tropas de los diferentes conflictos en que los Estados Unidos están involucrados, como Afganistán e Irak, el presidente norteamericano Donald Trump también anunció el retiro de la dotación destinada en Somalia, entre 700 y 850 soldados de Operaciones Especiales, que se encuentran distribuidos en pequeños grupos en diferentes bases a lo largo del país y cuya función “oficial” es la de asesorar al ejército somalí en antiterrorismo.


 

Fundamentalmente, a las fuerzas especiales de élite somalíes conocidas como la Brigada Danab (Relámpago) integrada por unos mil hombres, que desde 2014 operan en cuatro de los cinco estados somalíes y a los que los Estados Unidos también le brindan inteligencia y apoyo aéreo. Y habiendo realizando un 80 por ciento de las operaciones, del trimestre terminado en septiembre, contra al-Shabbab. El ejército somalí también cuenta con el apoyo de los casi 20 mil hombres de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM) que ha comenzado un proceso de retirada, ya que consideran no estar preparados para “semejante” reto. Por lo que las unidades de Burundi, Djibouti, Kenia, Uganda y Etiopía, pronto abandonarán la lucha en Somalia, particularmente las tropas etíopes que acaban de ser llamadas desde Addis Abeba, para participar de la represión contra las fuerzas separatistas de la norteña provincia de Tigray, que desde principios de noviembre tiene en vilo a toda la nación (Ver: Etiopia: De una guerra étnica a un conflicto regional).

Aunque la orden todavía no se ha oficializado, las tropas norteamericanas ya han abandonado las ciudades somalíes de Bossaso y Galkayo semanas atrás. Aunque continúan en el puerto de Kismayo, al sur del país, en la capital, Mogadiscio y en la base aérea de las fuerzas especiales en Baledogle.

También se sabe de la presencia de una importante dotación de la CIA, que opera desde un búnker en el aeropuerto de Mogadiscio, aunque se desconoce cuál será la decisión final de Trump sobre los hombres de la Agencia. El plan de retirada de Somalia no incluye las misiones establecidas en Kenia ni en Djibouti.

El momento elegido por Trump para esa retirada, como todo lo suyo, es el más inoportuno, ya que Somalia se encuentra iniciando un nuevo proceso electoral que culminará a finales de mes con los miembros del parlamento y en febrero próximo se elegirá al presidente, donde el actual, Mohamed “Farmajo” Abdullahi, intentará su reelección. En esta oportunidad, con el método de “una persona, un voto”, abandonado el alambicado sistema casi feudal, que pasaba más por decisiones tribales que personales, generando siempre conflictos entre los poderes regionales y el central. Complicando las posibilidades de realizar campañas electorales, mítines políticos, las votaciones mismas, por temor a más atentados de los que se producen habitualmente. El planteo de Trump sobre Somalia ha tonificado al grupo wahabita, que es el principal escollo del país para entrar a una “cierta” normalidad perdida ya hace más de treinta años.

Se cree que al-Shabbab, cuenta entre 5 y 10 mil militantes financiados de alguna u otra manera por las monarquías del Golfo, además de lo obtenido en extorsión, secuestros y robos a lo largo de todo el país y también en Kenia, país donde han realizado acciones terroristas que han dejado decenas de muertos.

En este nuevo contexto somalí, al-Shabbab no ha dejado de realizar operaciones, pareciendo ser inmune a las cacerías a las que son sometidos por los drones norteamericanos que de manera constante están atacado sus posiciones, campamentos y columnas. Redoblando la apuesta, parecen desafiar hasta el último día al presidente Trump.

La retirada norteamericana podría dejar despejado el camino, no sólo para que los integristas aspiren nuevamente a controlar el país, sino para que el gobierno somalí se vea obligado a recibir la ayuda tanto de China, ya con una fuerte presencia militar en Djibouti, como también de Rusia, que busca expandir su influencia en el Cuerno de África, al tiempo que se podría incrementar fuertemente la presencia de Turquía, que ha instalado una escuela de policía, de donde ya han egresado unos 1500 hombres.

 

Un muerto muy revelador

 

Los integristas de al-Shabbab, frente a la muy posible retirada norteamericana, se apresuran en seguir golpeando. En la noche del lunes 23 de noviembre, seis hombres de la Brigada Danab murieron, cuando la unidad que los transportaba pisó un artefacto explosivo improvisado (IED) al tiempo que un número no precisado resultó con heridas de diferente magnitud. Según el comunicado de los takfiristas, los militares muertos habrían sido doce. La unidad afectada provenía del aeródromo de Belligodle ubicado en el área de Leego, en la región del Bajo Shabelle, a unos cien kilómetros al noroeste de Mogadiscio.

También se conoció que muyahidines de al-Shabaab, el pasado miércoles 2 atacaron una base policial en Garissa (Kenia), donde habrían destruido un arsenal y herido a un oficial. Los atacantes se dispersaron al ser atacados por una Unidad de Patrulla Fronteriza (UPF) tras un tiroteo de quince.

El ataque explosivo más reciente de al-Shabaab mató al menos siete personas, con un número importante de heridos, cuando un shahid (mártir) se inmoló al ingresar a la popular heladería Gelato Divino, situada en la avenida que lleva al aeropuerto internacional de Mogadiscio, el sábado 28. El martes 17 de noviembre, en otro ataque suicida contra un restaurante cercano a una academia de policía, murieron otras cinco personas, al tiempo que ocho resultaron heridas.

También se conoció que milicianos integristas atacaron la base militar de la ciudad Ba’adweyene en el centro país, el pasado lunes 30, lo que dejó cerca de setenta muertos entre milicianos, soldados y unos once civiles que habrían participado en el combate. Según las fuentes oficiales, los terroristas habrían perdido unos 51 hombres, entre los que se incluye al jefe de la khatiba, mientras que del lado de al-Shabbab, la información refiere 53 militares muertos y la incautación de armamento y vehículos por parte de los fundamentalistas.

Este jueves 3, se conoció que a principios de noviembre un hombre de la CIA murió cuando participaba en una operación en Gendershe, una aldea costera a unos 50 kilómetros al suroeste de Mogadiscio, junto a fuerzas especiales somalíes, que intentaban detener al responsable de la muerte de un soldado y dos contratistas norteamericanos tras el ataque a la base militar de Camp Simba en Kenia, en enero pasado, en el marco de la campaña terrorista “Jerusalén nunca será judía”.

El elemento de la CIA, del cual no se han dado más datos, aunque trascendió que era miembro de la división paramilitar de la “Compañía” del Centro de Actividades Especiales y ex integrante del Equipo SEAL 6, el comando de élite de la marina norteamericana, murió cuando los muyahidines detonaron un coche bomba, al momento en que se iniciaba la operación, el pasado 6 de noviembre, lo que lo convierte en el agente 135 muerto de esa tétrica organización, que solo en Afganistán desde 2001, perdió veinte de sus agentes.

La patrulla emboscada había llegado hasta el lugar en helicóptero desde Mogadiscio, a las 2 a.m. La operación habría tenido origen en la información de que en esa aldea tres jefes de al-Shabbab se reunirían esa noche, entre ellos Abdullahi Osman Mohamed, también conocido como el “Ingeniero Ismail”, quien es un experto fabricante de explosivos, del que se cree es responsable de muchos de los letales dispositivos que han matado a cientos de civiles en Somalia en los últimos años y quien habría sido declarado “terrorista global especialmente designado” por Washington, recién en noviembre pasado. De 36 años, catalogado como el mayor experto en explosivos del grupo, es el jefe de medios de la organización y asesor clave de Ahmed Diriye, el emir del movimiento, suplantado en agosto pasado por Abukar Aden. El fracaso de la operación en Gendershe, según al-Shabbab, se debe a que ellos contaban con datos acerca de la emboscada que le preparaban.

La retirada de los Estados Unidos de Somalia, si finalmente así se decide, hará que este país del Cuerno de África espere al próximo presidente norteamericano, Joe Biden, con una alfombra roja, pero no de las tradicionales kabad tejidas a mano, sino de sangre inocente.

 

Fuente: Rebelión