Sin victoria, Biden pone fin a la guerra de 20 años en Afganistán

La guerra más larga de la historia de Estados Unidos se está enterrando en el “cementerio de imperios”, con el comandante en jefe, Joe Biden, declarando que “nuestra misión militar en Afganistán” concluirá el 31 de agosto, justo 20 años desde la invasión en el primer frente de la llamada “guerra contra el terror”, proclamada por Washington inmediatamente después de los ataques a las torres gemelas en Nueva York, el 11-S en 2001.


 

“No enviaré otra generación de estadunidenses a la guerra en Afganistán sin una expectativa razonable de lograr un resultado diferente”, declaró en un discurso breve y en una sesión con periodistas en la Casa Blanca este jueves.

Recordó que 2 mil 448 ciudadanos de su país han muerto, y otros 20 mil 722 fueron heridos, en la guerra en Afganistán, en la cual Estados Unidos ha gastado un billón de dólares.

En Washington se hacen malabarismos para justificar el fin de esta guerra, asegurando que Estados Unidos no perdió pero, a la vez, nadie se atreve a proclamar una victoria de la fuerza militar más poderosa del mundo.

El 90 por ciento de las tropas estadunidenses ya abandonaron la nación de oriente medio y este jueves el presidente Biden no pretendió declarar que es una salida triunfal.

De hecho, pareció reconocer que Estados Unidos es otro imperio más (después de la Unión Soviética, en los años 80 y el británico, en el siglo XIX) derrotado en Kabul.

Al responder sobre si esta guerra de 20 años valió la pena, declaró que él nunca apoyó una presencia permanente de fuerzas estadunidenses en ese país. “Ninguna nación jamás ha unificado a Afganistán… Imperios han ido ahí y no lo han logrado”.

Justificó de nuevo la misión bélica: “fuimos por dos razones. Una fue para llevar a Osama bin Laden a las rejas del infierno, tal como dije en ese entonces. La segunda razón fue para eliminar la capacidad de Al Qaeda de propiciar más ataques a Estados Unidos desde ese territorio, y logramos ambos objetivos. Punto”. Agregó que esas metas ya se habían cumplido desde hace tiempo y, por ello, tomó la decisión de poner fin a la presencia militar estadunidense en ese país.

Rechazó tajantemente toda comparación con Vietnam, “no hay ninguna, cero”.

Sobre el futuro de Afganistán, Biden no descartó la posibilidad de una guerra civil, y afirmó que las fuerzas armadas de ese país, capacitadas por Estados Unidos, pueden frenar al Talibán, si es que deciden hacerlo.

Pero puso la responsabilidad del desastre dejado por la guerra de Estados Unidos en manos de los habitantes de aquel país: “no fuimos a Afganistán para construir una nación. Es el derecho y la responsabilidad sólo del pueblo afgano decidir su futuro y cómo quieren gobernar ese país”.

Biden informó que a miles de intérpretes, choferes y otros que sirvieron con las tropas estadunidenses en suelo afgano les serán otorgadas visas especiales para migrar a territorio estadunidense. Insistió en que se mantendrá la presencia diplomática y apoya una solución pacífica entre el gobierno de Afganistán y el Talibán. Aseguró que Washington continuará ofreciendo asistencia civil y “humanitaria” al país. Según fuentes oficiales, se calcula que menos de mil elementos del ejército estadunidenses permanecerán en ese país para proteger la embajada de Estados Unidos y el aeropuerto de Kabul.

“Los comentarios de Biden dejan claro el fracaso completo de la intervención estadunidense en Afganistán. Nunca se tuvo la intención de dar prioridad a los intereses de los afganos sobre los de Estados Unidos…”, comentó Adam Weinstein, veterano militar de esa guerra e investigador con el centro de análisis político Quincy Institute, en Washington.

Aunque Biden primero anunció su intención de retirar todas las tropas de Afganistán, fue sorprendente el abandono repentino de la base Bagram, el centro de operaciones de la invasión estadunidense en Kabul, donde los estadunidenses cerraron el flujo de corriente eléctrica y se fueron durante la noche al final de la semana pasada sin avisar al nuevo comandante afgano de la base, quien descubrió el hecho a la mañana siguiente, reportó AP.

Eso provocó que algunos comentaran que el fin de la guerra más larga concluyó con los estadunidenses “apagando las luces y abandonando la fiesta” sin avisar a sus anfitriones y aliados.

No se están organizando desfiles de celebración ni habrá una manta que proclame “misión cumplida”. Más bien hay muchos, incluso veteranos de Vietnam, que están comparando este momento con la huida final en aquel país asiático hace casi medio siglo. The Economist declara que “la guerra más larga de Estados Unidos está concluyendo en una derrota aplastante”.

Expertos, incluyendo comandantes militares estadunidenses, han expresado alarma sobre la posibilidad de una guerra civil y del rápido avance del Talibán que en sólo los pasados dos meses ya controla por los menos 150 de los 421 distritos del país, reporta The New York Times.

A la vez, circulan informes de que fuerzas afganas capacitadas por Estados Unidos se están rindiendo y/o abandonando sus puestos y dejando armas y equipo militar para el Talibán, señalan NBC News y otros medios.

 

Costos de la guerra

 

La guerra en Afganistán ha costado 2.261 billones de dólares en total, o sea más de dos veces lo que Biden reportó hoy, según cálculos del proyecto Costos de Guerra del Watson Institute, de la Universidad Brown.

El número de muertes directamente vinculadas a la guerra en Afganistán y operaciones relacionadas en Pakistán suman entre 238 y 241 mil; entre ellos, 71 mil 344 civiles de esos países, más 136 periodistas (https://watson.brown.edu/costsofwar/).

Mientras tanto, los costos de esa guerra regresan a casa de varias maneras. Una nueva investigación calcula que el número de militares activos y veteranos de las guerras pos 11-S –incluyendo Afganistán e Irak– que han muerto por suicidio es cuatro veces más de los que perecieron en operaciones bélicas, con un total de más de 30 mil.

 

Fuente: La Jornada