Semillas transgénicas ¿progreso o retroceso?

Miles de toneladas de comida se han echado a la basura por el simple hecho de no ser semillas transgénicas y certificadas por transnacionales que solo buscan su privatización. Si la situación en Colombia continua así, muy probablemente nuestros campesinos desaparecerán porque el campo ya no les será rentable. Emigrarán a las grandes ciudades incrementando los índices de pobreza, miseria y delincuencia.

 

La resolución 9-70 del Instituto Colombiano Agrónomo (ICA), pequeño renglón del TLC firmado con los Estados Unidos en el 2006 y puesto en marcha el día martes 15 de mayo de 2012 es un atentado contra el legado y la tradición alimentaria de los campesinos que son el 60% del pueblo colombiano. Tal política solo está hecha para el beneficio de las transnacionales semilleras norteamericanas y a los obtentores nacionales y a los molinos rurales ¡que los lamba un gato!

Es que el negocio de las semillas es el tercero más rentable del mundo, solo el 47% del mercado global lo manejan tres grandes multinacionales: Syngenta, Dupont y Monsanto.

A los agricultores se le exige solo sembrar semillas transgénicas que privatizan y monopolizan la actividad. Ese imperativo del presidente Juan Manuel Santos de velar por los intereses de todo un pueblo no se cumple. Por lo tanto, es el ‘santo’ de unos, pero para otros es el mismo demonio.

Colombia no estaba y no está preparada para amarrarse con tanto TLC. Es un país que no tiene la suficiente infraestructura industrial y tecnológica para poder competir con las grandes potencias.

Si el objetivo es hacer parte de la hegemonía es esencial hacer las cosas al derecho, es decir, desarrollar primero nuestra industria nacional pues estamos haciendo todo al revés.

Es que incluso, con respecto al sector agrario, Colombia no tiene la necesidad de adquirir transgénicos, ya que cuenta con un suelo lo suficientemente fértil para sembrar lo que se le antoje.

¿Cómo es posible que estemos comprando papa de Chile, café de Brasil, semillas estadunidenses contaminadas genéticamente y otros tantos productos que se supone Colombia produce en condiciones normales o incluso, estemos pagando más caro a multinacionales como el famoso Starbucks para tomar de nuestro propio café? ¿ilógico, cierto?

Desde el momento que se aplica la resolución nuestros campesinos se convirtieron en unos viles delincuentes por hacer lo que toda una vida han hecho que cosiste en utilizar semillas libres de químicos para luego reutilizarlas, costumbre ancestral que proviene de las comunidades indígenas y afro.

Ellos serán judicializados con una pena que va entre los 4 a los 8 años de cárcel, con una multa aproximada de 1.500 salarios mínimos vigentes.

Según el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MADR), la implementación de los TLC con respecto al sector agrario “tendrá desventajas para aquellos sectores sensibles de la economía que no se modernicen, innoven y ganen eficiencia productiva, pues quedarán por fuera de la nueva dinámica competitiva”

Si de hacer cálculos se trata, el 75% de los campesinos gana mucho menos de un salario mínimo, que es nada, y solo el 5.2% tienen acceso a crédito como lo manifestó el director de Planeación Nacional, Simón Gaviria, en una entrevista con Blu Radio. Que el 83% no tienen maquinaria en referencia a los resultados de 2015 del DANE y que su población es tres veces más pobre que en la ciudad afirmó La misión de transformación del campo.

Entonces, ¿con qué van a pagar los muchos campesinos judicializados? O la pregunta más bien sería, en cómo van a sobrevivir si ya ni pueden utilizar sus semillas que adquirían de forma gratuita o través de trueques si las deben comprar a un precio más alto además de los fumigantes y otros elementos esenciales costosos para que la planta resista a las plagas.

Así los agricultores tuvieran toda la intensión de producir semillas transgénicas no podrían por los estándares tan altos que se les exige, pues ellos no cuentan ni con el dinero para hacerlo o acaso ¿qué banco va aceptar darles un crédito?

Según la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca “Para el campesino colombiano, como para cualquiera latinoamericano, es imposible modificar genéticamente las semillas, razón por la cual estas quedan en manos de las grandes transnacionales en un proceso de “privatización” de la agricultura, cobrando por patentes y derechos de autor. Las semillas dejan de ser lo que siempre han sido para convertirse en una mercancía que únicamente se puede utilizar pagando esos derechos de autor, quien tenga semilla no certificada puede ser judicializado”

Además de afectar más la situación económica de nuestro campesinado, el uso de los transgénicos junto con sus pesticidas que normalmente lo compone el glifosato, importante para para evitar las plagas puede producir cuatro tipos de cáncer: hepático, páncreas, riñón y linfoma conforme a los estudios que se han hecho y que recoge la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Asimismo, un informe de Greenpeace Argentina reveló también que el glifosato genera defectos de nacimiento, neurológicos, cáncer y hasta puede llegar a causar el mal de Párkinson.

Según la ingeniera ambiental, Paola Boada Cuevas, las semillas transgénicas no solo vulnera la libre y ancestral cultura alimentaria mundial, porque sí es mundial, sino que también tienen efectos trascendentales en el ambiente, sobre todo en el control natural de plagas. “Las semillas modificadas genéricamente puede que tengan en un principio efectos resistentes ante las condiciones climáticas y a las pestes, pero estás últimas al mismo tiempo mutan de tal manera que se vuelven inmunes y más fuertes a los efectos transgénicos, lo que lleva a conformar un círculo vicioso que obliga al campesino a comprar más semillas lucrando cada vez más los bolsillos de los grandes productores”.

Por otra parte, no solo afectan a las plagas sino de hecho también matan microorganismos, insectos, aves y demás animales necesarios para la polinización natural de las plantas, entendida como el proceso que hacen estos animales al tomar las semillas de las flores y vegetales y esparcirlas por el campo conservando el equilibrio en los ecosistemas. La contaminación genética pone en peligro variedades y especies de cultivos tradicionales. En el momento en que se utilice será irreversible.

Colombia es uno de los países más ricos en biodiversidad, sus suelos son tan fértiles que no necesitan cualquier tipo de invento y excusa para quitarnos nuestra soberanía alimentaria.

Finalmente, solo me resta decir que los transgénicos no eliminan la hambruna que aqueja al mundo, propósito por el cual se insistió en la utilización de éstos basados en una agricultura de tipo industrial llamada ‘revolución verde’ al contrario, han aumentado los problemas alimentarios. Aquellos países que han acogido este sistema son el fiel ejemplo de una agricultura no sostenible.

Miles de toneladas de comida se han echado a la basura por el simple hecho de no ser semillas transgénicas y certificadas por transnacionales que solo buscan su privatización.

Si la situación en Colombia continua así, muy probablemente nuestros campesinos desaparecerán porque el campo ya no les será rentable. Emigrarán a las grandes ciudades incrementando los índices de pobreza, miseria y delincuencia.

La modernización y la competitividad no pueden ir en contra del rol histórico de las comunidades”, Sandra Uribe Pérez, Unimedios.

Fuente: Investig’Action