Riccardo Petrella: “prohibir la guerra es la primera audacia”

El libro de Riccardo Petrella, Au nom de l’Humanité, l’audace mondiale (En nombre de la humanidad, la audacia mundial), es un requisitorio implacable contra la guerra económica y social que lleva a cabo la clase dominante en contra de los pueblos, tanto en el norte como en el sur. Fundador del Instituto europeo de investigación sobre la política del agua, Riccardo Petrella es autor de numerosas obras como Limites à la compétitivité (Límites a la competitividad) o Le Bien Commun (El bien común), se opone enérgicamente a las viejas recetas neoliberales de las políticas conocidas de austeridad y también a la “naturalización” de las intervenciones militares recientes. En la entrevista exclusiva que nos concedió, hace un llamado urgente a comprometerse con audacia en las batallas de nuestros tiempos.

 

 

Alex Anfruns : Usted ha escrito una obra titulada “En nombre de la humanidad. La audacia mundial”, ¿Podría resumir en qué consiste la audacia?

 

Riccardo Petrella : Se trata de tres “audacias” o mejor dicho de realizar tres cambios radicales en nuestro universo vital. Para empezar, la primera audacia es prohibir la guerra. Hay que desarmar la guerra. En un mundo cada vez más interdependiente, que une el destino de unos al destino de otros (ya sea en cuestión de empleo, seguridad energética, cambio climático o estabilidad monetaria…), ¿para qué sirve la guerra? ¿Para qué sirvió que el Occidente haya bombardeado Afganistán, Iraq, después Libia y ahora Siria?

La humanidad alcanzó una etapa de mundialización de la condición humana en la cual la verdadera sabiduría de los seres humanos no es jugar a la guerra para saber quién es más fuerte y sobrevivir y/o dominar a los otros, sino aprender a vivir juntos con los otros seres vivos y cuidar al conjunto de la vida en la Tierra. Ya conocemos eso de, “es imposible pensar que podamos intentar detener la guerra porque forma parte de la naturaleza humana, su ‘naturalidad’ la convierte en inevitable, a lo sumo podemos tratar de prevenirla armándonos; los seres humanos son enemigos para los otros seres humanos, por eso asegurémonos mejor el poderío para ganar las guerras y no perderlas”.

En mi libro creo haber demostrado el carácter falaz de estos argumentos. Por una parte insistí en el hecho de que en la supuesta “naturaleza humana” hay de todo, agresividad y violencia como amor y paz. No hay un determinismo del mal que sea más fuerte que el bien. Pero sobre todo, demostré que la guerra no tiene nada de “natural” en lo que respecta a la especie humana. Es por esencia un producto de la historia social, resultado de las elecciones que adoptaron las sociedades humanas.

Hasta su desaparición en 1989, los grupos dominantes de occidente afirmaron que la URSS fue la causante principal de la carrera armamentista del mundo en la era de la Guerra Fría. El colapso de la URSS no condujo al fin de la militarización del mundo. Los grupos dominantes descubrieron (sería mejor decir “crearon”) un nuevo enemigo mundial: el terrorismo, y en particular el terrorismo islámico.

Ningún antropólogo o biólogo se atrevería a afirmar que el terrorismo islámico forma parte de la naturaleza humana. Por el contrario, es evidente que ese terrorismo es fruto de la crisis de las relaciones seculares entre cristianos y musulmanes, alimentada por las nuevas crisis internas en el mundo cristiano y en el mundo musulmán en tanto que sistemas religiosos absolutistas y exclusivos. Es asimismo uno de los resultados de la delincuencia de las comunidades humanas y de la disgregación del Estado en el Medio Oriente, junto a la insostenible situación que representa la dominación militar de Israel y su colonización/ocupación de los territorios palestinos.

 

¿Podría dar ejemplos concretos para sostener su tesis acerca de esa no naturalidad de la guerra y por el contrario, la guerra como construcción social?

 

Existen numerosas comunidades humanas que jamás hicieron una guerra. Es el caso, entre otros, de la mayoría de las comunidades monacales. Desde el siglo XVIII que Suecia no le hace la guerra a nadie. Noruega, Austria, Irlanda y Suiza aseveraron su neutralidad. El artículo 11 de la Constitución italiana estipula que Italia condena la guerra. Fue hace 75 años.

La historia está llena de ejemplos de sociedades humanas que abandonan la práctica de la guerra. China, por ejemplo, decidió espontáneamente en el siglo XVI no tener en la mira ninguna otra expansión territorial de su nación. Hace ya más de 400 años que aplica este principio. Lo hizo estallar en 1950 por la ocupación militar del Tíbet.

La paz tampoco es un hecho natural. Es más, pacifismo y militarismo coexisten. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, los países europeos occidentales han podido convivir en paz y nos cuesta imaginar que Francia y Alemania pudieran entrar en guerra otra vez. Sin embargo, la mayor parte de los países europeos no han cesado de estar en guerra en otras partes del mundo.

El pacifismo intro-europeo tampoco impidió que Francia y el Reino Unido se mantuvieran como grandes potencias militares (nucleares) mundiales ni que la gran mayoría de las naciones europeas formara parte de la OTAN. La población de Suecia sigue considerándose y siendo considerada como pacifista cuando es el tercer país principal exportador de armas por habitante en el mundo.

Quiere decir que practicar la guerra o la paz es una elección de las sociedades y una ilustración de las contradicciones internas dentro de un país y entre los países. Son las evoluciones históricas de las sociedades humanas y no la “naturaleza humana” las que hacen la guerra o la paz. Sucede lo mismo con la pobreza.

 

Efectivamente, poner fuera de la ley los factores estructurales que engendran los procesos generadores del empobrecimiento en el mundo constituye su segunda audacia.

 

La pobreza no es tampoco un hecho natural. No cae del cielo, como la lluvia. Nadie nace pobre o rico, se hace. Es la sociedad la que produce los fenómenos de empobrecimiento o de enriquecimiento, es decir, los procesos de desigualdad y de exclusión social entre los seres humanos. Lo que explica que ciertas sociedades son más desiguales y excluyentes que otras.

De hecho, mientras más injusta humanamente y socialmente es una sociedad, más seres empobrecidos hay allí. Por ejemplo, si una sociedad formula leyes favorables a la apropiación privada de las tierras y las semillas y su comercialización con fines lucrativos, podemos estar seguros que esa sociedad producirá campesinos empobrecidos y terratenientes ricos.

Por lo demás, cuanto menos una sociedad garantice los derechos humanos y la seguridad social para todos, mayores serán las desigualdades frente a la vida y más fuerte las exclusiones sociales. Si los procesos de empobrecimiento se mantuvieron y reforzaron estos últimos decenios, no es principalmente por las crisis financieras o por la insuficiencia de los recursos financieros públicos.

El mundo no ha dejado de enriquecerse en término de bienes y servicios materiales e inmateriales, pero lo hizo de manera muy desigual entre categorías sociales y países, y de manera muy predadora de las riquezas naturales, lo que a su vez engendró fuertes disparidades territoriales.

En el transcurso de los últimos 40 años, nuestras sociedades se tornaron más injustas por dos razones primordiales. Primero, sus clases dirigentes ya no creen que todos los seres humanos nacen iguales en dignidad y tienen los mismos derechos humanos y sociales. Todo lo contrario, consideran que la desigualdad es un elemento natural de la condición humana. De aquí la importancia acordada al principio del mérito. El goce de los derechos debe merecerse. Segundo, adoptaron la tesis de que todo es mercancía, que el valor de las cosas pasa por el intercambio mercantilista y que, entonces, hasta el acceso a los bienes y a los derechos debe pagarse. Por eso la privatización y la monetarización/financiarización de la mayor parte de los bienes y servicios que antes eran públicos. De allí el gran aumento de la pobreza hasta en la Unión Europea, ya que en 2015, según la Oficina de estadísticas de la UE, se contabilizaba más de 125 millones de personas, sobre los 510 millones de habitantes de la UE, que vivían por debajo del umbral de pobreza.

Además por eso, a nivel mundial, esta cifra sorprendente, absurda, publicada en el informe de Oxfam International, presentado en enero de 2016 en el Foro Mundial Económico, las 62 personas más ricas del mundo poseen la misma riqueza monetaria que la mitad más pobre de la población mundial, igual a 3.700 millones de seres humanos. Afirmar que la segunda audacia mundial actual es poner fuera de la ley los factores generadores de la pobreza en el mundo no es, ante semejantes cifras, una audacia tan audaz como se piensa.

 

Pero los dirigentes mundiales sostienen que en tiempos de crisis financieras frecuentes, es imposible realizar una labor semejante porque no hay medios suficientes…

 

Es mistificación pura. Todo el mundo sabe que, tan solo a partir de 2008, los dirigentes pusieron dinero a raudales para rescatar a los bancos aun cuando ellos eran los principales responsables de la crisis, las estimaciones varían entre ¡30 y 50 billones de dólares! Sin embargo, según las estimaciones del Banco Mundial y de la ONU, se sabe que habría que gastar unos 200 mil millones por año durante 10 años para que todos los “pobres” actuales puedan tener acceso a agua potable e higiene, atención de salud esencial, una escolarización básica y una mínima alimentación.

Todo el problema consiste en que los pobres no son bancos. Tampoco son armamento, para los cuales el mundo gastó en 2015 más de 1.5 billones de dólares. Podemos salvar a los bancos y podemos alimentar la guerra, pero no queremos erradicar las causas de la pobreza. Según la lógica del sistema financiero actual, los bancos y las armas producen ganancias por los capitales invertidos. En cambio, rescatar a los pobres es considerado un gasto para el capital, especialmente para el privado.

Un ejemplo indecente de esta situación es la falta de acceso al agua potable y de alcantarillas. Según un estudio publicado el 12 de febrero de 2016 en Science, cuatro mil millones de personas viven en condiciones graves de carencia de agua (causas naturales y humanas). Hace décadas que los grupos sociales dominantes, incluidos los poderes públicos, afirman que no se puede resolver la situación por falta de medios financieros públicos suficientes pero que si se pudiera comerciar el agua libremente y si la gestión de los servicios hídricos se confiara a empresas privadas, los capitales privados se verían incitados a invertir en el agua ¡y el problema quedaría resuelto!

 

Hoy, la defensa de los derechos universales se visualiza cada vez más difícil. Está subordinada a las exigencias financieras. ¿Cómo construir la paz y erradicar la pobreza contra viento y marea?

 

Justamente promoviendo una economía y una sociedad fundadas en el principio y la práctica de la responsabilidad colectiva de los bienes (y de los servicios) comunes públicos esenciales y no sustituibles para la vida y la vida en conjunto, como el agua, el aire, el sol, la tierra, las semillas, el conocimiento, la salud, la educación, la seguridad. Por esta razón, la tercera audacia consiste en la concepción y la aplicación de un nuevo sistema financiero mundial.

 

¿Esto comporta, ante todo, una crítica severa del sistema económico dominante?

 

Efectivamente. Como lo vimos en el caso de la pobreza, el sistema económico actual no es, evidentemente, razonable, sensato, eficiente. La economía actual es una economía predadora que produce desigualdad, exclusión, injusticia, explotación de unos por otros, conflictos, guerras… El único derecho que reconoce es el derecho de la propiedad privada, del mercantilismo, de los movimientos de capitales, del lucro, del enriquecimiento… la libertad de los mercados.

 

Usted se enfrenta con la estructura y las herramientas que permiten que este sistema se reproduzca…

 

Justamente, hay que tener la audacia de cambiar radicalmente el sistema financiero actual. La finanza actual ya no tiene sentido. Hasta los financistas dicen que la finanza está desconectada, disociada de la economía real. Entonces, ¿por qué mantenerla? Normalmente la finanza sirve para asegurar el vínculo entre el ahorro (de las familias, las empresas, las instituciones públicas) y la inversión (con el objetivo de mejorar los bienes y los servicios existentes o de crear otros), contribuyendo de esta manera a crear riqueza real. Ya no es así, la finanza busca hacer dinero por el dinero. Por otro lado, las financieras también reconocen que la finanza se tornó cada vez más volátil, es decir que los valores financieros cambian con la rapidez de minutos, segundos.

Desde hace unos años, las operaciones de alta frecuencia (HFT, High Frecuency Trading) han alcanzado un auge considerable, es decir que desde entonces, las transacciones financieras se hacen en milésimas de segundos, por máquinas, por algoritmos. A excepción de la creación de los algoritmos y la concepción de las máquinas, las HFT funcionan con total ausencia de intervención humana. Aquí también cabe preguntarse sobre el sentido de tal finanza. No se puede construir el futuro de la humanidad (más de 9 mil millones de seres humanos en 2050) sobre una economía (las reglas de la casa) dominada por una finanza predadora del lugar donde se vive (oikos), volátil, privada de sentido.

 

Para concluir, ¿cuál es su reacción después de los atentados de Bruselas del 22 de marzo de 2016?

 

Una enorme tristeza, por la muerte de personas inocentes. Por la violencia del sin sentido, pero también de una tristeza iracunda al constatar que nuestros dirigentes no aprendieron gran cosa de las masacres, o lecciones, de estos últimos años: antes y después del 11 de septiembre 2001 en Estados Unidos. Siguen utilizando la guerra como respuesta a los problemas.

 

Los atentados de 2001 en Nueva York, como los de 2015 en París y de 2016 en Bruselas sirvieron de pretexto para nuevas intervenciones militares. ¿Usted qué piensa?

 

La clase de reacción “nos hacen la guerra, tenemos que ganarla”, no me parece una reacción razonable ni sabia. Esta actitud pretende evacuar la enorme responsabilidad que nosotros los europeos tenemos en la situación actual. Iraq nunca atacó Europa. Fue atacado por el Reino Unido bajo el gobierno de Blair y por los Estados Unidos sobre la base de documentos falsos. Francia con Sarkozy atacó Libia, y no a la inversa. Siria fue destruida a causa de los numerosos conflictos en Siria y en el mundo árabe, alimentados, una vez más, por los intereses del Occidente. Afganistán fue atacado primero por los rusos y luego por los Estados Unidos.

Durante años, el Occidente ha sometido a Irán a una enorme presión política, económica y militar porque trató de dotarse de armamento nuclear y eso se interpretó como una grave amenaza para Occidente (en particular para Israel. ¿Podemos considerar como atacantes e invasores a los sirios que huyen en masa de la guerra y tratan de llegar aquí? ¿Y sobre qué base jurídica y sobre qué ética la Unión Europea se atribuye el derecho de comprar por 6 mil millones de euros el acuerdo de Turquía y de Grecia para que los barcos militares de la OTAN patrullen el mar Egeo? ¿Acaso los migrantes son invasores militarizados?

Iraq era un Estado, ya no lo es. Los libios tenían un Estado, ya no lo tienen. Los sirios tenían un Estado, ya no existe. Todo eso por causa nuestra. Y ahora nuestros dirigentes dicen que tenemos que defendernos.

 

En el contexto actual marcado por la confusión ideológica, ¿cuál sería la lección principal que tenemos que sacar?

 

Retomar por todos los medios posibles los caminos de la pacificación imponiendo a todas las partes involucradas (incluso a Arabia Saudita e Israel) terminar con el financiamiento y el comercio de las armas.

Un camino extremadamente difícil de recorrer y mantener, pero considero que es la única vía eficaz para desarrollar si no queremos mantener el conjunto de la región del Mediterráneo, Medio Oriente, Asia Menor, África del Norte y el Cuerno de África en un estado permanente de guerra y de masacres en el transcurso de los 30 a 50 años futuros.

La razón es la paz. La insensatez es continuar la guerra ilusionándose con que llegará la paz después de exterminar al enemigo. Los Estados Unidos, que siempre impulsa a la guerra total, no ha resuelto nada en todos estos años. ¿Por qué seguir su camino?

 

Fuente: http://www.investigaction.net/riccardo-petrella-bannir-la-guerre-la-premiere-audace/