Reformas económicas, ¿buenas para los chinos o para Occidente?

Entre el 12 de noviembre y el 12 de diciembre de 2013, los dirigentes chinos se reunieron en oportunidad del tercer plenario del Partido Comunista chino. Las expectativas eran importantes. Pero ¿cual fue la conclusión? ¿Se involucrará aún más China en la economía de mercado? ¿Se cerrará la brecha entre los habitantes urbanos y los campesinos?

 

Hace unos diez días, los altos dirigentes del Partido Comunista chino se reunían para analizar el estado del país. Se trataba del Tercer Plenario del Comité Central del Partido Comunista chino. El tercer plenario es tradicionalmente muy importante porque en él se establecen las visiones económicas de largo plazo. En 1978 el tercer plenario fue el trampolín de las radicales reformas que tuvieron lugar bajo el mandato de Deng Xiaoping. El tercer plenario de 1993 consagró “la economía de mercado socialista” y abrió la puerta a una importante ola de reformas que entre otras postulaban la adhesión a la Organización Mundial de Comercio.

 

Agendas diferentes

Las expectativas eran particularmente consistentes, especialmente del lado de los comentadores occidentales. China domina actualmente el crecimiento económico mundial de la cabeza a los pies. En estos últimos cinco años se le atribuyen el 50% del crecimiento mundial. Eso es importante. Pero para sacar mayor provecho de ese promisorio mercado, la economía china debe abrirse. Algo que quiere decir menos Estado y más mercado. La lista de expectativas occidentales es conocida: privatizar tantas empresas públicas como sea posible, poner fin a las ventajas de las empresas públicas existentes, menos restricciones para las inversiones extranjeras, liberalizar las tasas de interés y de cambio, convertir el yuan en moneda libremente cambiable, desligarse del sistema hukou (ver más abajo). No es por lo tanto para nada sorprendente que los comentadores occidentales hayan proyectado sus deseos sobre el avance del plenario.

También para los chinos las reformas son más que necesarias, pero por distintas razones. Durante estos últimos veinte años, el modelo económico chino estuvo basado en la producción para la exportación, sobre un crecimiento extensivo (aumentar la producción incrementando la cantidad de obreros) sobre importantes inversiones y un débil consumo. Este modelo ha funcionado particularmente bien. Desde 1990 el PBI se multiplicó por ocho.

 

¿Hacia reformas profundas?

En consecuencia todo el mundo esperaba el comunicado final. Los observadores habituados a la política china saben que no deben esperar decisiones o cambios radicales de orientación en este tipo de documentos. Son documentos tradicionalmente vagos que traducen las prioridades de la élite política y es responsabilidad de los dirigentes intermedios traducir concretamente esas líneas generales de conducta.

Además el comunicado en cuestión envía señales contradictorias y pueden interpretarse de diferente manera. Sin embargo el texto sugiere por lo menos que se prevén cambios importantes. Especialmente la instalación de dos comités bajo la directa autoridad del partido. El primero supervisará la puesta en marcha de las reformas económicas. El segundo tendrá en la mira la seguridad nacional del país, un poco como el Consejo de Seguridad nacional de los EEUU. Estos comités reforzaran el poder del presidente Xi Jinping y dejan entrever reformas más radicales que las de la última década.

El comunicado final contiene recomendaciones sobre muchos sectores, demasiados para enumerarlos todos. Pero dos temas saltan a la vista: la relación mercado/intervención estatal y el sistema hukou sobre los que nos detendremos a continuación:

EL MERCADO VERSUS EL ESTADO

El documento defiende la ampliación del papel del mercado. Es más lo considera “decisivo” mientras que antes se le atribuía un “papel de base” El comunicado plantea que “es necesario tender hacia la resolución de los obstáculos al mercado” Es necesario avanzar más rápidamente por un camino de “construcción de un sistema de mercado moderno, en el que las empresas puedan concretar negocios de manera autónoma, en justa competencia, con la libre elección del consumidor, un consumo autónomo y el libre comercio de los bienes de producción y de consumo.

Esto parece un importante cambio de orientación. Pero el texto subraya al mismo tiempo que la economía de estado debe ser fortalecida. “Debemos consolidar y desarrollar firmemente nuestras empresas públicas. Debemos perseverar en lo concerniente al papel dominante del sistema de propiedad pública y otorgar más espacio al papel de líder de las empresas públicas. Debemos fortalecer su vitalidad, su control y su influencia”.

Debe ser igualmente acentuado el control macroeconómico. “ Debemos completar el sistema de manejo macroeconómico, aplicar correcta y totalmente las funciones administrativas, optimizar su organización, las estructuras de gobierno y mejorar el manejo científico”.

En fin no se trata de la reducción de la influencia y del papel del partido. Por el contrario la intención es “mejorar el fortalecimiento del partido, reforzar la centralización democrática y perfeccionar el liderazgo del partido”.

De modo que ¿de qué se trata? ¿Más mercado? O ¿más estado. Más espacio para la economía en detrimento de la política o al contrario? El comunicado final plantea más preguntas que respuestas. Como conseguir rimar “más mercado” con “un reparto más equitativo de el producto del desarrollo económico” o con el desarrollo de las provincias más pobres del interior del país? ¿Cómo poner de acuerdo todo esto con “ la estimulación de la armonía social y la estabilidad”?

 

Plantear las preguntas correctas

Todo el problema reside en saber si el tema del Estado o del mercado es la pregunta correcta. Estado o mercado se contraponen o son las líneas limitantes – es que por lo menos en China ¿son más complicadas?

Habitualmente se asocia la planificación al socialismo y el mercado al capitalismo. Pero se trata de un mal entendido. Las más importantes empresas capitalistas y sobre todo las más exitosas, son economías estrictamente planificadas y entre ellas algunas superan las dimensiones de algunos países ricos como Finlandia y Dinamarca. Por otra parte el mercado no es lo mismo que capitalismo. El mercado existía desde hacía muchos siglos cuando apareció el capitalismo.

El capitalismo se apoderó del mercado y lo reformuló. Lo convirtió en un mercado capitalista orientado a la maximización de los beneficios de las empresas privadas cuyas envergaduras han crecido desmesuradamente con el correr del tiempo. Esta clase de mercado no es absolutamente libre porque las relaciones de fuerzas no son equitativas y las reglas del juego se deciden a la carta , en función del más fuerte. Los países nórdicos por ejemplo protegen sus mercados agrícolas, algo que no puede permitirse los países del sur. Las grandes multinacionales escapan al funcionamiento de los mercados por la vía de las inversiones o por el de la comercialización pública masiva (industria militar) pagando pocos o casi ningún impuesto.

 

El mercado ¿al servicio de quienes?

También en China se deja jugar libremente al mercado, pero en función de sus propios objetivos de desarrollo económico y en un marco político muy estricto. El mercado es apoyado o liquidado según lo que favorezca a China. El principio de la competencia también se halla establecido – aún entre las empresas del Estado – para mejorar la eficiencia y separar el grano bueno de la maleza. Pero esa competencia es abolida fácilmente cuando ya no es necesaria o útil, o cuando los objetivos políticos o sociales lo exigen. Por ejemplo el monopolio de la industria aeronáutica que no era rentable fue abandonado en 1999. Diez años más tarde cuando el sector volvió a ser rentable, se restableció el monopolio. Otro ejemplo es el del precio del petróleo: debido a consideraciones sociales y económicas el precio del petróleo se halla muy por debajo del de los mercados mundiales. Esto es posible porque este sector como otros sectores estratégicos están en mano de las autoridades. Globalmente la intervención de las autorices en la economía ha aumentado en estos últimos diez años.

La economía china es lo suficientemente grande e interesante como para poder imponer sus exigencias a las multinacionales extranjeras que allí quiere invertir: transferencia de tecnologías, uso de materiales chinos, con gran fastidio de los CEO de esas multinacionales. La segunda condición es la hegemonía del Partido Comunista chino. A través de una serie de mecanismos visibles y menos visibles, el Partido conserva un intervencionismo importante sobre la economía china. La nueva clase emergente de capitalistas tiene peso económico pero políticamente débil o casi nulo. Parte de ella ha sido formada en las filas del PC pero así y todo representa una pequeña parte de los 80 millones de comunistas. Mientras su influencia se mantenga marginal los intereses económicos del país continuaran sometidos a las prioridades sociales y políticas y China podrá continuar teniendo en sus manos el timón en dirección hacia el socialismo.

 

Corrupción

Es a la luz de todo este panorama que se debe analizar la lucha contra la corrupción. La combinación producida por una rápida acumulación de capital y la falta de adaptación de las instituciones constituyen el terreno ideal para la existencia de toda clase de corrupciones y de arreglos ilegales.

En la práctica la corrupción aparece en todos los casos de privatización de los intereses económicos (enriquecimiento personal) en contra de los objetivos y de las prioridades políticas. En otros términos la corrupción mina el control político de la economía. Si no se le pone un freno el partido comunista tarde o temprano será avasallado por la clase capitalista. Aparecerá entonces sin duda alguna una “Perestroika con características chinas”.

En tal sentido la lucha contra la corrupción es un asunto de vida o muerte. Las actuales autoridades lo han comprendido hace bastante tiempo. Desde el comienzo de su presidencia Xi Jinping, lanzó una campaña de gran escala contra esa ola. Muchos miembros del partido, aún los de más alto rango fueron excluidos. El futuro dirá si estas campañas irán lo bastante lejos.

 

Perspectiva histórica

El comunicado final apela a la perspectiva histórica para considerar la relación entre el mercado y el Estado. China es siempre un país en vías de desarrollo lo que significa que “el desarrollo es todavía crucial para resolver todos los problemas de nuestro país” Es por tal razón por la que el país “se encuentra ahora y por mucho tiempo en la fase de preparación del socialismo”. Es por eso que el “progreso económico debe ser central” y “que las relaciones productivas deben adaptarse a los medios de producción”.

Hablando claro: durante esta larga fase de preparación del socialismo, China no puede marchar más rápido que su música. Durante esta fase es útil y necesario integrar los efectos dinamizadores de las fuerzas del mercado con el desarrollo económico del país. Se trata de una importante lección aprendida desde la debacle del Gran Bond en adelante (1958-1961) y de la Revolución Cultural (1966-1976) Es por eso que según el comunicado final “el elemento central de la situación es el correcto tratamiento de la relación entre autoridades y mercado para asegurar que el mercado juegue un papel decisivo en la asignación de los medios y aseguro mayor espacio al papel del gobierno”

No se trata entonces de Estado o mercado sino de Estado y mercado. O como ellos mismos dicen “un socialismo con características chinas”.

 

Al ritmo chino

Después del vagabundeo anterior, probablemente se preguntará el lector qué es lo que en la práctica va a cambiar en este terreno y si cambiara poco o mucho. Como se ha explicado existe un gran desafío en el paso de un crecimiento expansivo basado en la exportación y las inversiones para un crecimiento intensivo basado en el consumo interno. No podemos, en realidad, deducir del comunicado que es lo que significa un cambio radical entre el mercado y el Estado. Si tienen lugar esos cambios – y los habrá ciertamente – serán en todo caso, graduales, realizados con precaución y al ritmo de los acontecimientos chinos. Y no al ritmo de occidente.

2) HUKOU

En China uno nace (y por lo tanto inscripto en el Registro civil) como “campesino” o como “ciudadano” Según cual fuere el oficio que se ejerce. A un campesino adulto se le asigna una tierra y el derecho a la Seguridad Social, al cuidado de la salud y a la educación de sus hijos pero únicamente en el lugar en que fue inscripto. Si se traslada a otro lugar pierde su tierra y sus servicios sociales.

 

Evitar el éxodo rural

Este sistema llamado Hukou fue establecido a fines de los años 50 para evitar el éxodo rural como el que se había producido en el tercer mundo. Se habla actualmente de 900 millones de campesinos chinos, más que toda la población del África negra. El sistema hukou es muy controvertido pero ha dado sus frutos. Ciudades como Manila, Bombay, Lagos, Buenos Aires… albergan millones y millones de habitantes compactados unos sobre otros en condiciones inhumanas. Esas villas miseria no existen en China. Sobre este tema dice el Washington Post: “China ha sabido evitar la formación de tugurios, que constituyen una cicatriz en tantos países en vías de desarrollo gracias a un estricto sistema de autorización de residencia llamado hukou. Este sistema convierte en difícil el trasladarse desde el campo a la ciudad en forma permanente”.

Esto pareciera estar aparentemente bien pero la desventaja es que los “migrantes internos” como se les llama tienen muchos menos beneficios sociales en su lugar de trabajo que sus prójimos que tienen residencia permanente. No pueden comprar casas, ni automóviles, no tienen derecho a la salud y no pueden enviar a sus hijos a la escuela. Aunque ganan más que si hubieran permanecido en su lugar de origen sus salarios son más bajos que los de sus colegas ciudadanos. Lo mismo sucede con las condiciones laborales. Existe gran inseguridad profesional y en muchos casos es directamente discriminatoria.

Al principio esto sucedía tan solo con los trabajadores temporeros, generalmente solteros, que iban a trabajar algunos años a las ciudades para luego regresar a su lugar de origen. Pero con el correr del tiempo muchos se quedaron en las ciudades de manera permanente. De modo que la cantidad de migrantes internos ha crecido hasta integrar un grupo de unos 260 millones de personas. Esto constituye una quinta parte de la población total, 30% de la población rural y el 40% de los chinos que viven en las ciudades. El sistema fue probado pero ahora está en revisión. Porque el costo social es muy alto e impide el paso hacia otro sistema económico.

El hecho de que un 40% de los habitantes de las ciudades tengan menos derechos y sean a menudo tratados como ciudadanos de segunda lleva tarde o temprano a serias tensiones y no puede ser indefinidamente sostenido Pero aún hay más: el gobierno chino estima que 48 millones de niños son dejados en el campo, porque uno o ambos padres trabajan en la ciudad, es decir que una cuarta parte de los niños está en el campo, lo que resulta muy poco armonioso para el “desarrollo armonioso” a que el gobierno quiere comprometerse.

Para un modelo económico que quiere orientarse hacia el consumo interno el actual sistema hukou resulta un freno. A causa de esta clase de inseguridad, los migrantes internos economizan menos que los ciudadanos que disponen de un hukou urbano. Los campesinos no pueden vender sus tierras porque no son propietarios. Solo obtienen el usufructo. Si pudieran vender sus tierras le darían un formidable golpe de fusta a la economía. Además decenas de millones de campesinos han sido en el pasado expropiados por el gobierno y muy poco financieramente recompensados. Actualmente un campesino gana tres veces menos que un ciudadano.

Resulta urgente una flexibilización del sistema y de ellos se trata en el comunicado final: “Debemos (…) reconocerles mayores derechos de propiedad a los campesinos, tender hacia un mismo equilibrio entre las formas de producción urbanas y las agrícolas, tender a una distribución equilibrada de los medios para las autoridades locales y un sistema más eficaz para el desarrollo de las ciudades”.

 

Nada de cambios radicales

Pero en cierto modo tampoco hay que esperar cambios radicales, Eliminar el sistema hukou produciría un acelerado flujo hacia las ciudades y por lo tanto un éxodo rural de consecuencias catastróficas. No hay que olvidar que se trata de una población en su conjunto superior a la europea. Habrá que esperar un abandono gradual del sistema. El Primer ministro Li Keqiang : “ Se trata de un complejo proceso de cambios económico y social que exige un nuevo enfoque político, con su eje en el desarrollo equilibrado Habrá muchos problemas pero que debemos atender para reducir el foso entre las ciudades y el campo.”

Durante estos últimos años se han llevado a cabo muchas experiencias en la materia. En algunas provincias ya no existen diferencias entre el hukou urbano y el rural. En algunas de las grandes ciudades los migrantes internos también pueden recibir los beneficios en salud y en enseñanza primaria y secundaria. En algunas regiones los campesinos pueden hipotecar su tierra para obtener un préstamo. En algunas ciudades, los campesinos pueden vender sus casas a los ciudadanos del mismo distrito, etc. Son experiencias que se harán ciertamente extensivas en el curso de los próximos años.

 

Para concluir

Muchos comentaristas occidentales se han visto decepcionados por las conclusiones del tercer plenario. Esperaban mucho más. Esto revela mucho más que su agenda y sus deseos no coinciden con lo que es bueno para China. Los chinos han seguido, en el pasado su propio camino y – felizmente – no han tenido en cuenta las recomendaciones y los consejos de Occidente. Eso no cambiará en el futuro muy a pesar de los que lo desean.

 

Traducción: Susana Merino

 

Fuente: dewereldmorgen.be