Palestina : esperanza y vigilancia

Las “revoluciones” del mundo árabe han alcanzado Palestina. La división de Palestina, sin Estado y con dos gobiernos rivales, siempre ha sido una gran victoria del ocupante. Esta división tal vez haya terminado debido al doble efecto de los cambios ocurridos en el mundo árabe (sobre todo en Egipto) y de la voluntad de unidad del pueblo palestino.


 

 

Los acuerdos entre Hamás y Fatah y la apertura del paso de Rafah entre Egipto y Gaza, abren un nuevo periodo. Hay mucha esperanza en que va a haber avances importantes para la liberación de Palestina. Al mismo tiempo, hay que tener presente en la memoria las razones de los fracasos pasados (particularmente los acuerdos de Oslo) y no repetir estrategias ilusorias.

 

 

Un largo impás

 

Palestina sufre desde hace muchos años momentos terribles. Los acuerdos de Oslo hoy están reconocidos unánimemente como una trampa sin salida. La decisión de la OLP de 1988 de reconocer a Israel en sus  fronteras de 1949 no encontró en los dirigentes israelíes la voluntad de hacer la paz en base a los compromisos increíblemente generosos que suponía ‘la paz por territorios’. Al contrario, la colonización prosiguió a un ritmo sostenido fuera quien fuera el primer ministro israelí. Esta colonización económica, humana y de espacio, viene destruyendo sistemáticamente a Palestina y la somete a pillaje, con el objetivo de hacer imposible la creación de un Estado palestino estable sobre el 22% de la Palestina histórica ocupada desde 1967.

 

Oslo creó la Autoridad palestina. Lejos de suponer el embrión de un futuro Estado palestino, no ha tenido más función, según los textos firmados, que la de asegurar ‘la seguridad del ocupante’. La división de Cisjordania en tres zonas con estatutos jurídicos diferentes (A, B, y C) ya  tenía en germen la anexión por parte de Israel de enormes partes de Cisjordania y el rechazo previo de volver a las fronteras de 1967.

 

A  pesar de la voluntad expresada de todos los gobiernos americanos de sostener incondicionalmente  a Israel política, económica y militarmente, la Autoridad palestina viene aceptando jugar la carta americana. La relación de fuerzas en la escena internacional no puede justificar una decisión así,  ya que es evidente  que la política americana da la espalda al derecho y a las legítimas reivindicaciones. En cualquier caso, para los palestinos el balance de esta estrategia ha sido desastroso. Han padecido durante años humillación sobre humillación. La situación de la población no ha cesado de degradarse.

 

La increíble impunidad de Israel es un insulto a la justicia y al sentido común. Los palestinos han tenido las elecciones más democráticas del mundo, cosa bastante rara en toda aquella región. Pues bien, la población de Gaza fue castigada por haber votado ‘mal’. El bloqueo de Gaza es un crimen de guerra. La operación ‘plomo fundido’ en la que 1400 palestinos fueron masacrados, es un crimen de guerra y algunos actos de esta operación son crímenes de lesa Humanidad como lo demuestra de manera magistral el film “Gazástrofe”.  Occidente apoyó hasta el final estos crímenes, mantuvo o incrementó el apoyo a Israel y proclamó que Hamás era una organización terrorista que había que erradicar.

 

No es por torpeza por lo que Occidente apoya incondicionalmente a Israel. Es porque este Estado super-armado, a la vanguardia en tecnologías punta, bastión avanzado de Occidente en el Oriente Próximo, que gasta el 60% de su PIB en su ejército, es el Estado soñado por los gobernantes occidentales que no desean un Estado de Israel en paz con los palestinos en base al derecho internacional. El Estado de Israel juega hoy un papel clave para Occidente que le permite el control del Oriente Próximo y sus fuentes de petróleo. Es con toda la intención que los gobiernos occidentales, particularmente EE UU, piden a los palestinos capitular en sus reivindicaciones esenciales : Jerusalén, las colonias, el derecho al retorno de los refugiados…

 

La Autoridad palestina, incluso el gobierno de Gaza, ha gestionado un statu quo sin perspectiva, salido de los acuerdos de Oslo, y que no tiene ninguna estrategia de cara a poner fin a la ocupación y a la colonización. De hecho, estas dos estructuras han contribuido estos últimos años a la perpetuación de una estrategia de ahogamiento y destrucción de la sociedad palestina.

 

 

La sociedad palestina despierta

 

Varios cambios fundamentales están hoy en marcha : la emergencia en Palestina de una ‘sociedad civil’ independiente de los partidos, la importancia creciente de la solidaridad internacional y la situación en Egipto. Es totalmente falso reducir al pueblo palestino a sus dos partidos predominantes, Fatah y Hamás. Palestina es una sociedad civil de una increíble riqueza, con sus sindicatos, sus asociaciones de mujeres, de productores, de residentes de los campos, de defensa de los derechos fundamentales,… En 2005, 172 asociaciones palestinas hicieron un llamamiento al BDS (boicots, desinversiones, sanciones) contra Israel. Este llamamiento insiste en la unidad de Palestina, esa unidad que la ocupación hizo saltar en pedazos: varias entidades distintas (Cisjordania, Gaza, Jerusalén, Palestinos con nacionalidad israelí, Refugiados,…) Desde hace años, el pueblo palestino se ha manifestado, tanto en Ramallah como en Gaza, contra la desunión. Estas manifestaciones han sido reprimidas por los dos gobiernos.

 

En diciembre de 2010, la juventud de Gaza publicó un manifiesto “¡Mierda para Israel, Mierda para Hamás, Mierda para Fatah, Mierda para la ONU y la UNRWA: Mierda para América! Nosotros los jóvenes de Gaza estamos hasta el culo de Israel, de Hamás, de la ocupación, de las violaciones  permanentes de los derechos humanos y de la indiferencia de la comunidad internacional”.

 

En Cisjordania la Autoridad Palestina está desacreditada y es acusada de auxiliar al ocupante. Es muy significativo que Mahmud Abbas haya sido (junto con Netanyahu) el único dirigente en lamentar la caída de Mubarak. La opinión pública internacional ha cambiado, a diferencia de los gobiernos. Después del ataque del ejército israelí contra la flotilla del año pasado y  los nueve muertos del Mavi Marmara, una nueva flotilla, mucho más importante, se prepara. Las cantidades importantes de ayuda que se han recolectado y se siguen recolectando, son una muestra de la popularidad de la causa palestina y  del rechazo cada vez más en aumento al bloqueo de Gaza. El boicot, la flotilla y el movimiento de solidaridad dañan seriamente la imagen de Israel.

 

Las revueltas del mundo árabe han tenido gran eco en Palestina. Los dos gobiernos rivales han afrontado la cólera popular. La caída de Mubarak abre un nuevo periodo. Por supuesto que la cuestión palestina no estaba en el origen de las ‘revoluciones’ en curso. Esencialmente planteaban la cuestión de la libertad, de rechazo de las dictaduras y la corrupción. Pero históricamente, la cuestión palestina es central en el mundo árabe. Desde la guerra de 1967 y a causa de la derrota, un viento de reacciones ha soplado sobre estas sociedades, en las que los únicos modelos políticos que se imponen son las monarquías feudales, patriarcales y esclavistas del Golfo o dictaduras corruptas de partido único.

 

Estos regímenes árabes serviles de EE UU eran de hecho muy hostiles a la causa palestina y los dirigentes israelíes sistemáticamente han buscado y han encontrado cómplices en estos dirigentes árabes. Mubarak era el prototipo de colaborador. Garantizó fielmente el bloqueo hermético a Gaza. La apertura de la frontera de Egipto con Gaza y el papel desempeñado por los nuevos dirigentes egipcios en el acuerdo Hamás-Fatah muestra que todo esto va a cambiar. Y tanto más cuanto que el acuerdo incluye a todos los partidos políticos palestinos.

 

 

 

La estrategia israelí

 

El proyecto sionista tiene ya más de un siglo de antigüedad y siempre ha sabido adaptarse a contextos políticos o estrategias diferentes. Desde hace muchos años la política de hechos consumados avanza a gran velocidad. La anexión ya no es rampante, es irreversible. Más de 500 000 colonos israelíes se han instalado en Jerusalén Este y en Cisjordania. Entre ellos, una extrema derecha milenarista para la que “Dios dio esta tierra a los judíos”. Una mayoría de la población israelí considera que Israel es un país democrático en medio de un océano bárbaro y que, al final, los palestinos serán, como los amerindios, marginados e incapaces de reclamar nada. Para los israelíes, el Estado palestino ya existe en Jordania. Un discurso así, colonial y racista, tenía que haber provocado el rechazo de la comunidad internacional. Pero al contrario, en el marco de la “guerra del bien contra el mal”, los dirigentes israelíes han podido tranquilamente proseguir con la ocupación, la colonización y la destrucción de Palestina.  

 

Han hecho todo para que nunca haya un “interlocutor para la paz” que le obligue a negociar. A pesar de las concesiones hechas por la Autoridad palestina, han sistemáticamente cerrado todas las posibilidades de salida que propiciaran el fin de la ocupación. Por ello es normal que en Israel las revoluciones árabes se consideren como una “catástrofe para los judíos”, la reunificación de Palestina como una declaración de guerra y la apertura de la frontera entre Egipto y Gaza, como una ruptura de los acuerdos de paz Begin-Sadat.

 

El gobierno de extrema derecha hoy en el poder en Israel, va a continuar con lo único que sabe hacer: proclamar que los palestinos quieren ‘arrojar a los judíos al mar’ (siendo así que, como lo muestran películas como “Jaffa, la mecánica de la Naranja” de Eyal Sivan, o “La tierra habla árabe” de Maryse Gargour, son los palestinos los que han sido echados al mar en 1948). Y va a seguir diciendo por doquier que Hamás es una organización criminal y que es legítimo matar a sus militantes o a los habitantes de Gaza, cuando Hamás ya ha explicado, por  medio de Ismael Haniyeh, que aceptaba a un Israel en las fronteras de 1967.

 

El gobierno Netanyahu va a activar sus redes de apoyo para intentar parar la flotilla que se está preparando. Va  a intentar crear las condiciones para un ataque ‘preventivo’  contra Irán o el Sur de Líbano. Va a afirmar que las revoluciones árabes tienen un cariz anti judío e integrista. De momento ya le está cortando los víveres a la Autoridad palestina.

 

Esta estrategia va  fracasar. El BDS ya ha dañado seriamente la imagen de Israel y va teniendo cada vez más éxito. Las revoluciones tunecina y egipcia han  roto el círculo vicioso que condenaba a estos pueblos a padecer dictaduras mafiosas que se presumía los protegían del integrismo. La sed de libertad y de dignidad de estos pueblos es un ejemplo para Palestina. La sumisión al ocupante y a EE UU no ofrecía ninguna perspectiva a los palestinos. Hoy, por fin, sí tienen  una.

 

En Israel, los dirigentes han sido pillados con el paso cambiado. No habían ni imaginado una evolución tan rápida. Una parte de la opinión israelí, tal vez un tercio (el que se había expresado después de 1982 en contra de la huida hacia adelante guerrera), apenas tiene representación política y entiende  que la política de Netanyahu tiene aspectos suicidas. Para este sector de opinión, habría que volver a la mesa de negociación.

 

 

¿Qué paz?

 

En Israel todo el mundo ‘está por la paz’, pero más exactamente por que los dejen en paz. Una mayoría de la opinión se dice opuesta a los colonos, pero cuando se les pregunta por la retirada de Maal Adumim o de Ariel, la respuesta casi unánime es, no. Y no digamos ya si se trata de Jerusalén Este. La Autoridad palestina prevé  reclamar el reconocimiento por la ONU y por una mayoría del país, de un Estado palestino. Netanyahu amenaza a los palestinos con la guerra si este reconocimiento se llegara a producir, pero en Israel ya hay voces que se hacen oír aceptando esta eventualidad.

¿Qué pensar de todo esto? Debemos aprovechar todas las oportunidades, pero no repetir los errores trágicos de Oslo. En Oslo, los palestinos se plegaron al rechazo israelí de tratar la realidad: el crimen  primordial  (la expulsión de los palestinos de su país), la ocupación, la colonización, el apartheid que sufren los palestinos desde el 48, el derecho de retorno de los refugiados decidido por la ONU en 1949 y nunca cumplido.

 

Independientemente de la cuestión de los dos Estados separados (¿por qué un reparto 78% – 22% cuando las dos poblaciones, sin contar los refugiados, están prácticamente en igualdad numérica?), demandar un Estado palestino sin invocar la cuestión de las fronteras o de los 500 000 colonos, es muy peligroso. Los israelíes han mostrado en el pasado toda la destreza que tienen para recortar el territorio palestino en bantustans inviables y en atribuir la  responsabilidad del fracaso de las negociaciones a los palestinos.

 

No es posible poner entre paréntesis la cuestión del sionismo. Desde hace un siglo, este movimiento político ha colonizado Palestina, se ha acaparado de sus tierras y de sus riquezas, ha programado y ejecutado la expulsión de los palestinos o su encierro. El sionismo reposa sobre un doble mito: el exilio y la vuelta de los judíos y la voluntad firme de separar a los judíos del resto del mundo. Pretende reunirlos a todos en un Estado que se defina como “Estado Judío”, hablar en nombre de todos los judíos y discriminar abiertamente a los no-judíos.

 

En el marco del sionismo, puede haber estrategias diferentes, pero una sola finalidad común. Con el sionismo no hay provenir alguno para los palestinos. Y es porque la ideología sionista está cada vez más activa por lo que la gran mayoría de la opinión israelí aprobó la invasión de Líbano o la masacre de Gaza y por lo que los palestinos no tienen “interlocutor para la paz”.

 

El ocupante ha hecho estallar a Palestina. No es posible imaginar una paz que olvide la suerte de los palestinos de Israel o que niegue el retorno de los refugiados. En Sudáfrica el proceso de paz fue posible gracias al reconocimiento del carácter criminal del apartheid. Imaginarse que un Estado palestino pueda existir al lado de un Estado super-poderoso, manteniendo instituciones como el Fondo nacional judío (el KKL) o su carácter de Estado judío, es una ilusión peligrosa. Recordemos que el mismo Isaac Rabin había instalado 60 000 nuevos colonos después de la firma de Oslo y se volvió atrás, después de la carnicería de la Gruta delos Patriarcas, continuando protegiendo a los colonos integristas de Hebrón. Murió a causa de eso.

 

La paz sobre la base de dos Estados supone que 500 000 colonos de Jerusalén Este y de Cisjordania acepten ser ciudadanos palestinos o tengan que irse. Plantear la cuestión de un Estado palestino, es precisamente plantearse esta cuestión.

 

 

http://www.investigaction.net/Palestine-espoir-et-vigilance.html?lang=fr

Traducción: José Mª Fdez. Criado