Muchas muertes por Covid-19 “podrían haberse evitado”: Michel Collon denuncia la “arrogancia” occidental

La carrera por las vacunas refleja una vez más la guerra de comunicados entre Occidente y China. Según Michel Collon, autor de “Planète malade” [“Planeta enfermo”] (Ediciones Investig’Action), los europeos y los estadounidenses han sido complacientes frente al Covid-19, despreciando particularmente el modelo chino.


 

Las vacunas chinas “son eficaces y seguras”, afirmó la diplomacia china el 5 de febrero, en respuesta a las agudas declaraciones de Emmanuel Macron. La víspera, el residente del Elíseo había criticado la opacidad de los sueros desarrollados en China. Incluso habló de los riesgos de las nuevas variantes del coronavirus. “La comunidad internacional debe unirse, en lugar de competir por la cuestión de las vacunas”, añadió el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino. 

Mientras que la eficacia de la Sputnik V rusa ha quedado demostrada, el ensayista belga Michel Collon lamenta el condicionamiento de la opinión pública occidental para respaldar únicamente las vacunas europeas y estadounidenses: “Las vacunas chinas, rusas y cubanas son automáticamente inservibles y poco confiables”.

 

El ombliguismo occidental

 

“La arrogancia de Occidente ha provocado decenas de miles de muertes”, denunció en mayo de 2020 Richard Horton, director de la revista médica The Lancet. Una observación que Michel Collon retoma en detalle en su libro “Planète malade”.

“Efectivamente, estamos sumidos en esta arrogancia, en este etnocentrismo. Occidente necesariamente lo sabe todo, tiene la estrategia correcta, ni siquiera escucha a los demás. Así que Horton tenía toda la razón al señalar eso”. A pesar de la amplia difusión del libro de Horton, The Covid-19 Catastrophe: What’s Gone Wrong and How to Stop It Happening Again [“La catástrofe del Covid-19: qué ha salido mal y cómo evitar que vuelva a ocurrir”], los países occidentales no han cuestionado nada.

La “pelea de los mercaderes de alfombras por las vacunas” en Occidente es la enésima ilustración de esta “arrogancia”, según Collon. Desde hace un año, el mundo se lamenta por una catástrofe en términos de pérdidas humanas y económicas. Este es el caso, en particular, de Estados Unidos, donde han muerto más de 460.000 personas, y de Europa, hasta el 28 de enero, con 552.719 muertes. 

Sin embargo, “sólo en Europa y Estados Unidos hay buena salud pública, buen progreso técnico y buena información”, ironizó. Y la imagen de China se ha visto inevitablemente afectada por ello, como un chivo expiatorio ideal. Con Donald Trump a la cabeza, los líderes occidentales y los medios de comunicación señalaron entonces la falta de transparencia de Pekín, su opacidad sobre las cifras oficiales y la posibilidad de un virus creado en un laboratorio de Wuhan. Tras varias críticas al “Imperio Medio”, ahora es el turno de los abucheos a las vacunas chinas. Michel Collon evoca un “desprecio” según el cual “los chinos son unos salvajes” que se merecen “lo que les pasa, es su culpa”.

El ensayista también protesta contra el tono de ciertos editorialistas franceses que ya vaticinaban el derrocamiento del poder chino en los albores de la pandemia. Es el caso de Brice Couturier, quien se preguntaba en febrero de 2020, en France Culture, si la epidemia podría representar el Chernóbil de Xi Jinping. Aunque China es el único país del G20 que ha logrado un crecimiento económico positivo este año, “seguimos dándoles una lección”. Hay que reconocer que los chinos no están libres de culpa. Pero Michel Collon considera que hay que “escucharles” y aprovechar sus éxitos en la lucha contra el Covid-19.

 

¿Una lentitud culpable?

 

Para el autor de “Planète malade”, el “fracaso” de la estrategia europea se explica también por otros factores. “Se podrían haber evitado muchas muertes y mucho sufrimiento psicológico, social y económico” con una lucha más eficaz contra el Covid-19. Citando al matemático Laurent Lafforgue, condena en primer lugar la lentitud de la reacción francesa.

“Durante los meses de enero, febrero y marzo [de 2020], en Francia y Bélgica, mientras el contagio se extendía a China y otros países, incluso cuando Italia se convertía en un desastre, no se hizo nada. No hicimos absolutamente nada. […] Es realmente el método Coué: todo va bien, todo está bajo control… ¡Puras mentiras! […] Ante una pandemia, hay que reaccionar lo más rápido posible y de forma radical. Esta idea de ‘vamos a seguir, vamos a evolucionar, vamos a controlar, vamos a ver qué vamos a hacer’, es exactamente lo contrario de lo que hay que hacer. Hay que actuar rápido y con fuerza”.

Tal estrategia se reduce a garantizar que la pandemia sea “manejable” y que los hospitales “no estén sobrecargados”. Ha sido un fracaso. “¿Por qué queremos limitar la contaminación y no detenerla?”, se pregunta. Afirma que los gobiernos occidentales, “supeditados a los intereses económicos de las multinacionales”, no podían permitir un paro económico total. El ensayista belga propone otro método:

“Paramos todo. Paramos absolutamente todo. Cierre durante un mes. Hacemos pruebas, rastreamos a las personas, las aislamos, las ayudamos, las apoyamos… Y el resto vuelve a empezar lo antes posible. Pero, para que funcione, tenemos que hacer lo que ha hecho China, así como otros países. Dejamos todo, sobre todo el trabajo y los traslados al trabajo”.

Con un crecimiento del 2,9% y 35 muertes por Covid-19, el milagro vietnamita tiene explicaciones históricas. Un estudio de la Dirección General de Salud publicado en septiembre de 2020 enumeraba los principales grupos identificados en las comunidades, el primero de los cuales se produjo en las empresas. “Es en el trabajo donde se producen la mayoría de los contagios”, observa Michel Collon. En octubre, Jean-Luc Mélenchon también había reflexionado sobre el toque de queda, afirmando que: “El 60% de los contagios (por Covid-19) se producen en el trabajo, la escuela o la universidad”. (Sin embargo, los responsables de la verificación de hechos han impugnado estas cifras, denunciando la amalgama entre los grupos y todos los contagios).

A diferencia de lo que se hace en los “países capitalistas occidentales”, Michel Collon aboga finalmente por el envío de equipos médicos al terreno.

“Ir casa por casa, escuchar a la gente, ver si tienen algún problema, hacer pruebas para no enviar demasiada gente a los hospitales innecesariamente, lo cual es peligroso. Establecer un seguimiento. […] Adoptar un acompañamiento y un monitoreo social. Es una dimensión humana de la que carece gravemente nuestro país, donde mucha gente ha sido abandonada a su suerte”, lamenta el ensayista belga.

 

Traducido por América Rodríguez para Investig’Action

Fuente: Sputnik