Luchar por Lula lo vale

Al momento de escribir este artículo, el ex presidente brasileño Lula Da Silva está ocupando el Sindicato Metalúrgico de Sao Bernardo do Campo, donde permanece desde el día anterior. 

 

El 4 de abril, la Corte Suprema Federal rechazó la petición de hábeas corpus presentada por su defensa. Entonces, el juez Sergio Moro, impulsado por el caso “Lava Jato”, emitió una orden de arresto contra él. Esto fue suficiente para que miles de brasileños se apresuraran al sindicato para apoyar a Lula, cantando el lema: “Lula vale a Luta”. Es tanto la expresión de un verdadero apoyo popular, como la acumulación de una profunda ira tras el golpe contra Dilma el 31 de agosto de 2016.

 

En los últimos meses, Lula se estaba preparando para regresar a la política. El trayecto de su caravana en todo el país mostró que era claramente el candidato favorito del pueblo en la carrera por las elecciones presidenciales del próximo mes de octubre. Pero algunos acontecimientos dramáticos indicaron que no sería un camino sin obstáculos. Primero, dispararon contra la caravana de Lula durante su gira por el sur. Luego unos mercenarios asesinaron a la líder social Marielle Franco cuando salía de una manifestación contra el toque de queda en los barrios populares. Y poco antes del juicio contra Lula, ¡un oficial del ejército brasileño incluso amenazó con intervenir militarmente si el ex presidente no era declarado culpable!

 

Estos acontecimientos han degradado significativamente la imagen del gobierno de Temer y han fortalecido su carácter autoritario. La condena contra Lula demuestra que la derecha y sus apoyos en el Departamento de Estado de EE. UU. ya no vacilan en interferir en el ámbito judicial, destruyendo así los cimientos de la democracia brasileña.

 

Sin embargo, el ex obrero metalúrgico Lula no es de esos que se doblegan ante la injusticia. Su papel prominente junto a los trabajadores durante las huelgas históricas de 1978-1980 contribuyó a un debilitamiento decisivo de la dictadura, dando la vuelta a la página de un período oscuro de la historia latinoamericana. En la década de 2000, su acción gubernamental ayudó a millones de personas a salir de la pobreza.

 

Como Chávez, Lula sabe perfectamente que en el resultado de esta crisis política, es el pueblo brasileño el que tendrá la última palabra. Y el pueblo sabe que luchar por Lula lo vale.
 

 

Fuente : Journal Notre Amérique