Los juegos del hambre

“No hagan locuras”. No fue una orden. Ni siquiera llegó a interpelación. El pasado 24 de agosto, el ministro de Economía, Sergio Massa, el titular del Banco Central, Miguel Pesce y el secretario de Comercio, Matías Tombolini, se reunieron con las grandes fabricantes de alimentos y proveedores de supermercados.


 

Estaban presentes Molinos, Arcor, Mastellone, Quilmes, PyG y Unilever, compañías que incrementaron exponencialmente sus ganancias durante los últimos dos años. El tema del encuentro fue el acceso a los dólares para importación de insumos básicos y los precios. La respuesta de los seis grandes del supermercadismo no tardó en llegar.

Durante los primeros 10 días de septiembre, la suba de precios de los alimentos se aceleró. De acuerdo al relevamiento del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), se pasó de un promedio de subas del 1% durante la última semana de agosto al 1,8%. Una aceleración similar detectó EcoGo, la consultora de Marina Dal Poggetto.

Esta cúpula empresarial, en la que pocas veces se observan los rostros de sus verdaderos dueños, es la misma que machaca, a través de lobbistas como Daniel Funes de Rioja en su doble condición de titular de la UIA y la Copal, con el discurso de una Argentina inviable, plagada de impuestos (a pesar de que queda claro que pagan cada vez menos por lo que llaman costo laboral) y condenada al fracaso, pero no el de ellos.

En esta verba también anida un discurso que juega con la violencia, la misma que expresa Juntos por el Cambio cuando aboga que el 1% más rico del país tiene que pagar menos por Bienes Personales, tal como se observó esta semana con el debate por el Consenso Fiscal.

Mientras todo esto sucede, Patricia Bullrich, quien no repudió el intento de magnicidio contra CFK, sigue de charla en charla entre los grupos “republicanos”, con un ejercicio impune para su violencia que la lleva a pensar en un potencial gobierno lleno de halcones y con la eventualidad de intervenir provincias para alinearlas de manera inmediata a los designios del poder central. También les dice a sus militantes que tendrán que ratificar en las calles todo intento de aislamiento del kirchnerismo. La presidenta del PRO no es el huevo de la serpiente, juega a ser ambas cosas a la vez, en nombre de un poder económico que pocas veces decide mostrar su rostro.

 

Estrolarse

 

La inflación viaja directa, a velocidad crucero, a estrolarse con un incremento del 100%  interanual. Y si bien es evidente que existen desajustes macroeconómicos, a esta altura resulta poco menos que ingenuo que se les pida a los principales empresarios formadores de precios del país, simplemente “no hacer locuras”.

La inflación de agosto fue del 7 %, superior a lo que las propias empresas relevadas por el Banco Central habían vaticinado. En la comparación interanual, los alimentos ya subieron un 80%. Mientras tanto, el Estado juega a prorrogar Precios Cuidados cuando las mismas compañías a las que les pidieron “no hacer locuras” se cansaron de desabastecer el programa.

La consagración de lo que en algún momento Cristina Fernández de Kirchner definió como un Estado estúpido puede observarse en lo que sucede con el Fideicomiso del Trigo y Aceite, que debería servir para evitar las fluctuaciones en alimentos tan básicos como fideos, harina y aceites. Este instrumento está prácticamente desactivado y los precios de estos productos siguen aumentando, a pesar de que las cotizaciones internacionales cayeron durante el mes pasado.

En la comparación interanual, el pan francés registró un alza del 82%, la harina 000 aumentó un 114%, seguida por fideos secos (77,0%) y leche fresca (67,0%). El aceite de girasol saltó un 123% mientras que los huevos lo hicieron en un 134%. Las frutas y verduras aumentaron 104% y el azúcar, donde la empresa Ledesma es oligopólica, registró un incremento del 168%.

La consultora Sarandí sostiene que en lo que va del año, el precio de los alimentos se movió al ritmo de la variación del dólar MEP. En el caso de los huevos, registraron un alza del 38% en dólares, seguidos por harina (30%), fideos (28,4%), pollo (18,7%), aceite (18,6%) y pan (13,7%), entre otros. El último trabajo de esta consultora arrojó una advertencia: “Estos alimentos, medidos en dólares, podrían subir otro 11% con un fenomenal impacto en el bolsillo de los consumidores. La crisis es de salario.”

“La consideración es que el salario se puede ajustar como un precio más, y eso se da en las paritarias. En los últimos meses ya se percibe una erosión en el segmento de los trabajadores formales, tendencia que se va a consolidar”, explica el economista Sergio Chouza, titular de la Consultora Sarandí.

El RIPTE mide los salarios de los trabajadores que poseen al menos 13 meses consecutivos de estabilidad. En julio, el salario de los trabajadores formales mejor ubicados en la pirámide laboral ajustó un 5,3% frente a una inflación del 7,4%.

 

Trabajadores pobres

 

Pero esta es solo una parte de la película. Mientras que Molinos Río de la Plata, por citar un ejemplo, multiplica sus ganancias un 11% por sobre sus ventas, y Arcor hace lo mismo al pasar de un margen del 3,3 al 23,2%, la mediana de los trabajadores no llega a cubrir con su salario una canasta básica total (CBT). ¿Trabajadores pobres? Sí, trabajadores pobres.

En agosto de 2022, los ingresos de la mitad de los asalariados registrados privados quedaron 12,4 puntos porcentuales por debajo de la línea de pobreza por ingresos, según un análisis sistemático realizado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA). El trabajo compara el salario individual de un empleo registrado privado contra un indicador (CBT) para familia tipo, lo que supone que ese hogar es pobre solo si en dicha vivienda el único ingreso es el mencionado.

Durante el macrismo se destruyó el salario. La relación de la mediana de ingresos respecto de la Canasta Básica Total, entre finales de 2017 y hasta el cierre de 2019, se redujo más de 28 puntos porcentuales al pasar de un 112,7% al 84%. Con la pandemia, ese proceso se profundizó y la relación de la mediana con la CBT cayó al 82%.

Sin embargo, entre finales de 2021 y comienzos de este año hubo una recuperación que se explicó por el efecto del congelamiento de tarifas, es decir los subsidios energéticos que juegan el rol de salario diferido. Así, la mediana de los salarios pasó a cubrir el 89% de una CBT. Con el dato de inflación de agosto, el CEPA actualizó sus indicadores: el poder adquisitivo de los salarios cae nuevamente y solo cubre el 88% de una canasta básica total.

 

Hambre

 

Antes de su renuncia a la secretaría de Comercio interior, Roberto Feletti decía que los indicadores de pobreza, que se conocerán a fin de este mes, serían un verdadero mazazo para el gobierno, un baño de realidad que la paz macroeconómica, quizás, no les deja observar a quienes conducen hoy el Frente de Todos. Los indicadores de vulnerabilidad, junto a la cada vez más desigual distribución del ingreso, vienen in crescendo.

Según el análisis del Departamento de Economía de la Universidad Torcuato Di Tella, en el período noviembre 2021 y abril de este año la pobreza se ubicó en un promedio del 35,1%. Desde entonces, dada la dinámica inflacionaria (más una escasa política de ingresos), no dejó de subir. Para el semestre diciembre 2021-mayo 2022, llegó a un promedio del 36,2%; entre enero y junio se ubicó en el 37,1%. Para el período febrero-julio, promedió el 38,6%. Actualmente, la media de pobreza para los meses comprendidos entre marzo y agosto se ubicaría en el 39,9%.

Si la población urbana registrada por la Encuesta Permanente de Hogares para el último período analizado se estimó en casi 29 millones de personas, esto significa que aproximadamente 11,5 millones viven en hogares pobres.

 

El huevo y la serpiente

 

Existe una idea que vuelve una y otra vez: no habrá paz social sin una más justa distribución del ingreso y la riqueza. Esta podría ser la batalla de fondo de la política, frente una extrema derecha que se disfraza de republicana –y por ende de democrática– mientras azuza con sus discursos la violencia de la desaparición.

“Las palomas se tendrán que convertir en halcones porque el gobierno será de halcones”, expresa Patricia Bullrich, durante un encuentro virtual vía Twitter organizado por Espacio Republicano, el pasado 14 de septiembre. En poco más de una hora, explicó cuáles serían las bases de su gobierno, ante las consultas de varias personas que no dudaron en calificar la desaparición y muerte de Santiago Maldonado como un “un montaje” e “intento de golpe de Estado del kirchnerismo”, la misma consideración que la manifestada por Bullrich.

“Me parece que quedó claro que el gradualismo fue un error. La gente tiene que sentir desde el primer momento que estás yendo a un capitalismo competitivo donde todas las leyes que traban a la Argentina, los decretos, las resoluciones, las tenés que borrar de un plumazo en una ley marco de simplificación para ponerle un nombre”, sostuvo la titular del PRO, quien hasta el momento se negó a repudiar el intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner. “A mí no me van a poner a la defensiva”, sostuvo.

La misma verba que la utilizada por todo el establishment vernáculo, que clama por reformas estructurales que contribuyan a allanarles el camino para maximizar sus rentabilidades. Tarde o temprano, dentro del FMI también abogarán por esas mismas reformas.

Bullrich hizo gala de su violencia disfrazada de dureza. Lo interesante es que habla sin eufemismos: no es el huevo de la serpiente, es ambas cosas a la vez.

“Acá hay provincias que usan el presupuesto para pagar salarios, hacen dos obras y después se quedan con la plata. Acá vamos a tener que hacer cambios muy fuertes. Las provincias van a tener que empezar a generar los recursos propios, cambios en la forma de recaudar impuestos para que les cueste, para que no les dé todo lo mismo. Si les da lo mismo producir o no, Formosa no va a producir nunca. Hay que tomar medidas drásticas. Si hay que intervenirlas, habrá que intervenirlas”, sostuvo ante la consulta de un usuario que bromeó con ser un pasante del Mossad.

Ante los juegos del hambre y una distribución del ingreso totalmente desigual, la extrema derecha construye el horror.

 

Fuente: El Cohete a la Luna