“Los empresarios quieren aprovechar la crisis para imponer sus nuevos transgénicos”

Es probable que en los próximos meses, la Comisión Europea excluya a los nuevos Organismos Genéticamente Modificados (OGM) de la normativa vigente que nos protege de ellos desde hace 20 años. Por ello, varias asociaciones europeas han decidido unir sus fuerzas para hacer un llamamiento a sus respectivos gobiernos y al Parlamento Europeo. Su objetivo es actuar rápidamente para preservar nuestro medio ambiente, nuestra agricultura y nuestra salud. Olivier Leduc, activista de GMO Dangers, explica lo que está en juego en esta lucha.


 

¿Cuál es la situación de la legislación sobre los OGM?

 

La definición legal de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) es que son “organismos en los que el material genético ha sido alterado de una manera que no se produce de forma natural”. Como podemos ver, no son naturales. Básicamente, son plantas que segregan un insecticida o que toleran un herbicida, almacenándolo [en su estructura], sin morir por ello. Así que con los OGM, el menú es insecticida o herbicida… ¡o ambos!

El debate sobre los riesgos para la salud nos atraparía en una discusión sobre biología molecular. Sin embargo, hay otras cuestiones relacionadas con los transgénicos que son más importantes y evidentes: la pérdida de autonomía de los agricultores, la habituación a que nuestros alimentos sólo puedan ser validados por los científicos, la pérdida de biodiversidad, la artificialización de la vida.

Los transgénicos siguen llamando a la puerta de Europa, pero los ecologistas, varios gobiernos y los eurodiputados se oponen a que la Comisión Europea los valide. En consecuencia, varios OGM están autorizados para su comercialización en Europa, pero sólo uno está autorizado para su cultivo (a diferencia de su comercialización). Este último es un maíz tolerante a los herbicidas, que sólo se cultiva en España y Portugal, y para la alimentación animal. El maíz dulce no es un OGM. Los brotes de soja ni siquiera son soja (sino judías mungo). A fortiori, no son soja transgénica. Pero todo esto es el resultado de las luchas de los opositores a los OGM. Y esto no impide que los animales los coman en la harina de soja exportada a Europa.

 

¿Qué ha ocurrido más recientemente?

 

Han aparecido nuevas técnicas para modificar genéticamente los organismos (CRISPR-Cas9, TALEN, ZfN). Llamamos nuevos OGM a los que se fabrican mediante estas técnicas. Los empresarios y los investigadores han intentado hacerlas pasar por simples plantas mutadas (lo que ya es problemático). Varias asociaciones francesas (entre las que se encuentra OGM Dangers) han interpuesto una demanda que ha llegado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que ha dictaminado definitivamente que los nuevos OGM son OGM y deben ser etiquetados. Esta es una gran victoria que demuestra que nunca se puede perder de partida. Hay que defender lo que se cree. De lo contrario, terminaremos pensando que lo que nos ocurre es inevitable, incluso natural. Pero los transgénicos no son naturales y siempre lo repetiremos.

Esta victoria ha enfadado mucho a la Comisión. En consecuencia, quiere redefinir los OGM para excluir los nuevos OGM de cualquier evaluación, etiquetado y control. Nos oponemos a ello y hemos creado una petición europea que se puede firmar en la página web de Nature et Progrès (Bélgica) o en la de Pollinis (en Francia). Pero también es una oportunidad para decir a los amigos que estamos en contra de ocultar los OGM.

 

¿Se utiliza la guerra de Ucrania como justificación para imponer las pseudo soluciones de la industria agroalimentaria? ¿Los numerosos discursos sobre las hambrunas en África son exagerados o, en todo caso, utilizados por estos empresarios y grupos de presión para promover sus intereses?

 

Los OGM se promocionaron con la afirmación de que ayudarían a resolver el hambre en el mundo en la década de 2000. Ya nadie se lo cree, pero los empresarios lo vuelven a intentar con los nuevos transgénicos que supuestamente nos ayudarán a adaptarnos al cambio climático (¡no a luchar contra él!) y al hambre en el mundo. Sin embargo, al tratarse de soluciones industriales, se mantienen en una lógica industrial y en la fascinación por la tecno fijación (una técnica que lo resuelve todo).

Los argumentos sobre la guerra en Ucrania son en parte ciertos, pero las consecuencias que se extraen son falsas. Como nuestra agricultura depende de la producción externa (más barata), hemos reducido la producción local. Pero, ¿debemos cultivar transgénicos o volver a una agricultura más autónoma? Se trata de una elección política y nuestra opinión es clara: la agricultura debe proporcionar un medio de vida a los ciudadanos y a los agricultores sin depender de terceros que estén demasiado lejos. Debemos relocalizar la economía y volver a centrarnos en las necesidades reales (no en los iPhones).

 

Usted trabaja en el forzamiento genético, ¿puede explicar en qué consiste esta técnica y qué es lo que está en juego para la industria y para las poblaciones?

 

En primer lugar, hay que saber qué es. El forzamiento genético es una técnica particular que utiliza la tecnología CRISPR-Cas9 para modificar genéticamente los organismos. Por lo tanto, sí son OGM. Pero lo que es especial es que esta modificación se extenderá. ¿Cuánto? Aquí tengo que admitir que un gen de un OGM convencional se propagará en la naturaleza. Pero por razones de biología profunda (transcritas en las leyes de Mendel para los organismos que se reproducen sexualmente), el transgén (o gen modificado) se encontrará sólo en una parte de su descendencia. Digamos que el 50%. Con el forzamiento genético, la modificación se reproducirá en el 100% de la descendencia y no sólo en la primera generación, sino en todas. Más concretamente, la modificación se copia en el cromosoma emparejado. Y sí, el genoma no es un libro escrito: se escribe solo. Lo que demuestra que la imagen de un libro es una tontería. Y esto está hecho para ser imparable. Por lo tanto, esta modificación se propagará sin límites y conquistará a toda la población. En teoría, no abandona la especie.

Una primera aproximación es añadir un gen que mate a las hembras. Se copia con el resto de la modificación genética. Al cabo de un tiempo sólo quedan machos (las hembras mueren) y la población desaparece. Este es el primer uso previsto: erradicar los mosquitos, por ejemplo. A poca gente le gustan los mosquitos. Pero, ¿quién podría tener el poder de decir qué especies deben desaparecer? ¿Cuáles son las implicaciones para los ecosistemas en los que las larvas de mosquito alimentan a los peces y anfibios, etc.?

La otra opción sería poner un gen que convierta a la especie en más fuerte que uno de sus depredadores. Podemos ver aquí la obsesión enfermiza de nuestras sociedades industriales por mantener las especies sin preocuparse por los equilibrios de los ecosistemas. No tengo nada en contra de la desaparición de una o dos especies y no quiero defenderlas artificialmente. Salvar una especie silvestre haciéndola totalmente transgénica es como decir que para salvar a los animales salvajes hay que domesticarlos. En realidad, se está matando la naturaleza salvaje y sostengo que esta irreductibilidad nos fascina porque oculta nuestra libertad de facto.

De hecho, son todos los ataques a los ecosistemas (¡incluso digamos a la naturaleza!) los que están causando la sexta extinción de las especies, los que deben ser enfrentados. En lugar de salvar artificialmente a una especie haciéndola más fuerte (¿cuáles son las consecuencias sobre sus depredadores, sobre sus presas, etc.?), preferiría que dejáramos de destruir ecosistemas y humedales –que son fuente de biodiversidad– para construir granjas industriales. Sí, los humedales son los mejores guardianes de la biodiversidad.

No hay nada en juego para la industria. El problema para los investigadores (del sector público) es grande. De hecho, la investigación goza de mucho prestigio, ya que se podría considerar la promoción de los OGM afirmando, por ejemplo, que salvan a los africanos de la malaria al erradicar los mosquitos. Menos honestamente, habría aplicaciones en la agricultura para hacer que las plantas que no queremos en nuestros campos (a veces llamadas “malas hierbas”) sean todas transgénicas, con el fin de erradicarlas. 

Siempre se trata de ese objetivo de “hacernos dueños y señores de la naturaleza”. Lo que viene es un mundo de laboratorio donde todo es artificial. Yo sostengo que los animales (incluidos los humanos) serán las próximas víctimas de este mundo loco. En Francia, los “progresistas” votaron a favor de permitir los embriones humanos transgénicos (no reimplantados) en la ley de “bioética” ¡Estos “progresistas” están locos! Todavía se puede firmar una petición contra el forzamiento genético.

 

En la actualidad, los debates públicos son totalmente angustiosos (covid/Ucrania) y ahogan cualquier cuestión socioeconómica, ¿cómo podemos actuar ante la falta de visibilidad?

 

Excelente pregunta. Sí, todos sentimos un diluvio de amenazas en nuestro camino. Pero estas amenazas también sirven para preocuparnos y así lanzarnos a la fascinación por las soluciones tecnológicas, las grandes soluciones, las grandes ideologías (como la del Progreso) y los Estados. Ahora bien, la primera de las batallas contra nuestro mundo industrial y que cada uno puede llevar a cabo, consiste en querer cada día mirar la luna, disfrutar de una planta que crece, apreciar la vida. Los activistas querrán hacer más, pero no todos somos activistas. 

Lo más importante es no dejarse engañar por las mentiras de quienes venden soluciones fáciles. Algunas fuerzas querrían quitar “la molestia de pensar y la molestia de vivir” (Tocqueville). Si la vida fuera sólo fabricada, artificializada, habríamos perdido su grandeza. Me desesperan nuestras élites políticas y económicas, pero veo fuerzas gigantescas en el pueblo. Y no quiero permitir que mis enemigos obtengan la victoria, que termine odiando la Naturaleza, la Vida y su irreductible efusión. El tema de los OGM es sólo uno de los puntos de entrada a una crítica de nuestras sociedades industriales.

 

Traducido por Edgar Rodríguez para Investig’Action

Fuente: Investig’Action