La gente sabia sabe que ganar una guerra no es mejor que perderla

El presidente de Estados Unidos Donald Trump y su “consejo de guerra” —liderado por el secretario de Estado Mike Pompeo— intensificaron su agresión contra China. Lo que comenzó como una disputa comercial en los años 90 se ha convertido en un desafío existencial de EE. UU. contra China. La amenaza contra China no se basa en motivos irracionales, sino en unos perfectamente racionales, que se desarrollan a continuación en nuestra Alerta roja 9. Esas razones tienen que ver con el surgimiento de China como una gran potencia económica y tecnológica. Lo que más irrita a la clase dominante estadounidense es que las diversas técnicas de guerra híbrida para debilitar o derrocar al gobierno simplemente no están disponibles. El único medio que EE. UU. tiene a disposición para mantenerse en el poder es —terriblemente— la fuerza armada.


 

 

Alerta roja 9: La guerra híbrida impuesta por Estados Unidos a China

 

¿Está Estados Unidos intentando imponer una guerra con China?

 

Durante las últimas décadas, Estados Unidos ha llevado a cabo una guerra comercial contra China. Hay dos asuntos claves que preocupan al país norteamericano: primero, un desbalance comercial que beneficia a China, y segundo, el crecimiento del sector tecnológico de China. Las técnicas que EE. UU. ha usado contra China incluyen: presionar para que revalorice su moneda frente el dólar, presionar para que prevenga la “piratería” de propiedad intelectual con el fin de ralentizar el desarrollo local en materia de propiedad intelectual, y presionar para que frene o detenga la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda.

Ahora EE. UU. comenzó una guerra contra la economía china. El intento de aislar a Huawei y ZTE de sus proveedores y mercados tendrá un impacto debilitante sobre el potencial de crecimiento de la economía china. EE. UU. ha sancionado a aproximadamente 152 empresas que hacen chips y otros productos para Huawei y ZTE. Un aumento de las restricciones —a través de la iniciativa Clean Network (‘Red Limpia’) del gobierno estadounidense— impediría que empresas de EE. UU. utilicen servicios de nube y cables submarinos chinos, y prohibiría que las aplicaciones chinas aparezcan en las tiendas de aplicaciones. El gobierno de EE. UU. ha aumentado la presión sobre otros países para que se unan a esta campaña. 

El gobierno estadounidense ha aumentado la presión militar sobre la costa oriental de China. Esto incluye el resurgimiento del Quad en 2017 (Australia, India, Japón y EE. UU.), la creación de la Estrategia Indo-Pacífica de Estados Unidos (su principal documento de 2020 se titula “Recuperar la ventaja”), y el desarrollo de una serie de nuevas armas, incluyendo armas cibernéticas. Este poder militar ha llegado junto a una retórica hostil contra China, centrada en Hong Kong, Xinjiang y Taiwán, y a la representación de la pandemia del coronavirus como un “virus chino”. Aquí no es tan importante la evidencia como el uso de antiguas ideas racistas y anticomunistas para demonizar a China.

 

Liu Xiaodong (China), «Wedding Party» [Fiesta de matrimonio], 1992.

 

¿Por qué EE. UU. está aumentando la presión contra China?

 

Los avances tecnológicos de China podrían significar una ventaja generacional sobre Occidente. Los desarrollos científicos y tecnológicos chinos se lograron gracias a la inversión del país en educación superior y a su habilidad para transferir tecnología de empresas que entraron al país para producir mercancías. En 2018, lxs académicxs chinxs por primera vez publicaron más artículos científicos que sus colegas en Estados Unidos, y las empresas chinas patentaron más aplicaciones que las estadounidenses. Las empresas tecnológicas chinas ya han elaborado productos que parecen ser más avanzados que los de EE. UU., Europa y Japón. Ejemplos de esto son el 5G, BeiDou (una tecnología de mapeo mejor que el GPS), trenes de alta velocidad y robots.

Frente a la presión de Estados Unidos, China ha elaborado una agenda independiente de comercio y desarrollo. Desde la crisis financiera mundial, comenzó a diversificar su economía, para dejar de depender de los mercados de EE. UU. y Europa y para construir su propio mercado interno y aumentar sus relaciones con el Sur Global. Los proyectos inmediatos que desarrolló incluyen: la Nueva Ruta de la Seda, la iniciativa del Collar de Perlas, el Foro de Cooperación China-África, la Organización de Cooperación de Shanghai, y el Foro CELAC (Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe) – China. El gobierno chino también ha comenzado a prestar más atención a la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN por sus siglas en inglés). Estos movimientos han sido acompañados por un notable programa de erradicación de la pobreza.

Actualmente, China es altamente dependiente de la importación de energía, como el gas que proviene de las naciones de la ASEAN, Australia y Qatar. El gaseoducto de 6.000 km entre China y Rusia, llamado “El poder de Siberia”, llevará 38 mil millones de metros cúbicos de gas natural, un aumento sustancial para alcanzar la demanda de 90.000 millones de metros cúbicos que consume China. En 2014, la empresa multinacional de energía de Rusia Gazprom y la Corporación Nacional de Petróleo de China firmaron un acuerdo de 400.000 millones de dólares por treinta años.

Progresivamente, China ha intentado construir instituciones fuera de la arquitectura de comercio y desarrollo controlada por Occidente, incluyendo el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (fundado en 2014). Como parte de esto, China se ha comprometido con la desdolarización. Propuso guardar sus reservas y realizar intercambios comerciales en monedas que no sean el dólar estadounidense. Este es un proceso a largo plazo, pero inevitable, y significa una amenaza al rol general que desempeña el complejo Dólar-Wall Street. La cooperación de China con Rusia está muy avanzada en esta área, pues ya realizan el 50% del comercio entre ambos países en rublos y yuanes (Rusia es dueña de alrededor del 25% de las reservas mundiales de yuanes). Tanto Rusia como China están desinvirtiendo en sus reservas en dólares. En enero de 2020, Rusia vendió 101.000 millones —el 50%— de sus reservas de dólares, y movió 44.000 millones a euros y 44 millones a yuanes. El yuan, sin embargo, todavía representa solo el 2% de las reservas de divisas mundiales.

Contra la expansión hacia el este de la OTAN y el surgimiento de Quad, China y Rusia han construido un bloque de seguridad militar y diplomático euroasiático. Esto es evidente en los contratos de armas y los ejercicios militares, pero también en la articulación diplomática. Por ejemplo, los voceros de los ministerios de Exterior de Rusia y China, Maria Zakharova y Hua Chunying, dijeron a fines de julio que unirían esfuerzos para combatir la guerra de información contra ambos países. Lxs diplomáticxs chinxs han tomado una actitud más directa en sus declaraciones, por lo que han sido apodados “los diplomáticos guerreros lobos”, en alusión a una película popular en que un soldado chino de la tropa de élite Guerreros Lobo derrota a un grupo terrorista dirigido por un ex soldado de la Marina estadounidense.

Claramente, Estados Unidos ha visto que los líderes chinos no están dispuestos a ir por el camino de Gorbachev, es decir, someter el modelo chino a la voluntad de EE. UU. No hay ninguna posibilidad de que el Partido Comunista de China se disuelva a sí mismo. La clase media china —posible apoyo para una “revolución de colores”— no tiene ningún interés en derrocar al gobierno. Está satisfecha con la dirección del gobierno y ve que han mejorado su calidad de vida y han podido controlar —a diferencia de los gobiernos occidentales— la pandemia de coronavirus (como relatamos en nuestra serie sobre el Coronashock). Un estudio de la Universidad de Harvard muestra que el gobierno dirigido por el Partido Comunista de China ha aumentado su aprobación desde 2003 a 2016, principalmente debido a los programas de bienestar social y a la lucha contra la corrupción, ambos empujados por el Partido Comunista de China y el gobierno chino. La aprobación general es de un 93%.

 

Zhong Biao (China), «Paradise» [Paraíso], 2007.

 

¿Qué contradicciones enfrenta el proyecto de guerra de Estados Unidos?

 

El desarrollo económico chino —así como la capacidad del país de gastar más que EE. UU. en programas de ayuda para el desarrollo para superar las ofertas de las empresas occidentales en los acuerdos comerciales— ha producido alianzas con sectores capitalistas claves en países que de otro modo habrían sido aliados seguros de Estados Unidos. Ejemplo de esto son sectores de la clase capitalista en Filipinas y Sri Lanka, donde las inversiones chinas han sido bien recibidas.

El Estado chino ha intensificado su intervención en el sector tecnológico del país, con un fondo público y privado de 14.000 millones de dólares para financiar desarrollos tecnológicos. Semiconductor Manufacturing International Corporation (SMIC) —la mayor empresa de chips de China— tuvo una oferta pública inicial (OPI) en Shanghai que alcanzó  7.500 millones de dólares. Gracias a esos fondos y a su propio desarrollo científico, pronto China podrá eludir las empresas de chips de EE. UU.

La capacidad económica de China continúa ejerciendo presión sobre segmentos del capital en diferentes países. Por ejemplo, las compañías mineras australianas dependen de China para comprar mineral de hierro. Estas empresas hacen lobby con Canberra para que no tome una posición demasiado hostil hacia China. Alrededor de un tercio de las exportaciones totales de Australia van a China, lo que incluye soya, cebada, carne, fruta, gas y minerales en bruto. El gobierno australiano está obligado a reconocer esas preocupaciones, aunque tiene una perspectiva a más largo plazo que la preocupación por las ganancias a corto plazo de los conglomerados mineros. China ya hizo sus apuestas, aumentando las compras de soya y carne a Argentina y Brasil, y es probable que compre más productos mineros a Brasil (la brasileña Vale está usando enormes buques para transportar minerales a China).

El ejército de Estados Unidos está en una situación difícil entre los conflictos en Venezuela e Irán, y ahora en China. La Marina ha tenido cuatro secretarios en un año, parte del caos de la administración de Trump. Como consecuencia, la Marina se ha quejado por la falta de habilidad para manejar tantos escenarios de guerra al mismo tiempo. China ha desarrollado mecanismos de defensa sofisticados, como técnicas de guerra cibernética que tienen la capacidad de cortar las comunicaciones de Estados Unidos, comenzando con sus satélites, y como los misiles Dongfeng, que pueden atacar los buques estadounidenses que están en el mar del sur de China.

 

 

El poeta chino del siglo XVIII, Li Bai, escribió sobre la vileza de la guerra. En lo que respecta a la guerra, nada ha cambiado en estos dos siglos.

Los soldados manchan con su sangre la hierba seca
Mientras los generales organizan la próxima campaña.

La gente sabia sabe que ganar una guerra
No es mejor que perderla.

 

Dedicado a Soni Prashad, 1929-2020, quien pasó su vida buscando un mundo mejor.

 

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Vijay Prashad es un historiador de la India, periodista, comentarista e intelectual marxista. Es director ejecutivo del Instituto Tricontinental de Investigación Social y jefe de redacción de LeftWord Books.

 

Imagen de la portada: Liu Bolin (China), Guernica, 2016

Fuente: thetricontinental.org