La “Cortina de Hierro” digital desciende

¿Qué es una “Cortina de Hierro Digital”? Es cuando el Big Digital –como el profesor Michael Rectenwald llama a los Goliat de la tecnología occidental– se transforma en “gobernamentalidad”, una palabra acuñada originalmente por Michel Foucault para referirse a los medios por los cuales los “gobernados” (es decir, “nosotros, el pueblo”) asimilamos y reflejamos externamente una actitud mental deseada por las élites: “Podríamos citar el enmascaramiento y el distanciamiento social como ejemplos de lo que Foucault quiso decir con su noción de gobernamentalidad”, sugiere Rectenwald.


 

¿Y cuál es esta “mentalidad” deseada? Es abrazar la transfiguración de la identidad y el estilo de vida estadounidenses y europeos. El presunto presidente electo de Estados Unidos, las élites europeas y las élites “despiertas” [progresistas] de alto nivel están además comprometidas públicamente en esta “transformación”: “Ahora tomamos Georgia, luego cambiamos el mundo” (declaró Chuck Schumer, líder de la minoría del Senado, celebrando la “victoria” de Joe Biden); “La derrota de Trump también puede ser el comienzo del fin del triunfo del populismo de extrema derecha en Europa”, dijo Donald Tusk, ex presidente del Consejo Europeo.

En resumen, la “Cortina de Hierro” baja cuando empresas supuestamente privadas (Big Digital) se fusionan con –y luego reivindican– el Estado: ya no debemos persuadir al no creyente que enfrenta esta metamorfosis por venir, puede ser coaccionado. Los valores regresivos vinculados a la identidad, la raza y el género se deslizaron rápidamente bajo el etiquetado de “heréticos”. Y como siguen repitiendo los activistas de Black Lives Matter (BLM): “El silencio no es una opción: el silencio es complicidad”.

Con el advenimiento del omnipresente “alcance” de la ideología de la Silicon Valley, el diktat se puede lograr mediante el uso de la inteligencia artificial para militarizar la “verdad”, con el fin de lograr el “aprendizaje automático de lo que es correcto” que solo refleja los valores de la revolución que se avecina, y el uso de la inteligencia artificial para “aprender” a lanzar esta versión de la “verdad” binaria contra una “no-verdad” contradictoria (su polo opuesto). Esta interpenetración es el resultado de una combinación de financiamiento inicial de la CIA, conexiones y contratos con agencias estatales, particularmente en el campo de la defensa, y apoyo a campañas de propaganda al servicio de narrativas “gobernamentalistas”.

Estas plataformas tecnológicas estadounidenses, desde hace algún tiempo, se han fusionado de manera efectiva con el “Estado azul”, particularmente en las áreas de inteligencia y defensa, hasta el punto en que estos directores ejecutivos ya no se ven a sí mismos como “socios” o contratistas del Estado, sino más bien como una élite gobernante superior, que precisamente da forma y dirige el futuro de los Estados Unidos. Una gobernanza en la que sus herramientas tecnológicas de inteligencia artificial, análisis, robótica y aprendizaje automático se convertirían en el andamiaje matemático y digital de la estructura en torno a cual se administra el globo en todas sus dimensiones. No habría más política, solo analítica.

El descarado intento de las Big Tech y de los principales medios de comunicación de escribir la narrativa de las elecciones estadounidenses de 2020 en Facebook y Twitter –asociados en su campaña para insistir en que la disidencia es la intrusión de la desinformación del enemigo, “mentiras” del presidente de los Estados Unidos, o simples estupideces– es sólo el primer paso para redefinir a los “disidentes” como riesgos para la seguridad y enemigos del bien.

La mención de “herejía y desinformación” ayuda además a desviar la atención de la brecha de desigualdad entre las élites pretenciosas y los sectores escépticos de la población común. Se sabe que las élites de los partidos se enriquecen injustamente, pero como valientes caballeros que llevan a los fieles a la batalla, pueden volver a convertirse en objetos de reverencia pública y de los medios de comunicación, héroes que pueden llamar a los creyentes “una vez más hacia la ruptura”.

El siguiente paso ya está en preparación, como señala Whitney Webb:

“El Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno del Reino Unido, el GCHQ, lanzó una nueva ofensiva cibernética el lunes, que busca apuntar a sitios web que publican contenidos considerados como ‘propaganda’, [y que] causan preocupación con respecto al desarrollo de la vacuna Covid-19 patrocinada por el Estado, y los productos farmacéuticos multinacionales involucrados.

Esfuerzos similares se están realizando en los Estados Unidos, con el ejército financiando recientemente a una empresa respaldada por la CIA […] para desarrollar un algoritmo basado en inteligencia artificial apuntando específicamente a los nuevos sitios web que promuevan desinformación ‘sospechosa’ relacionada con la crisis del Covid-19, y al esfuerzo de vacunación contra el Covid-19 dirigido por el ejército estadounidense, conocido como ‘Operation Warp Speed’ [Operación velocidad de la deformación].

El Times informó que el GCHQ ‘ha lanzado una operación cibernética ofensiva para interrumpir la propaganda anti-vacunación difundida por Estados hostiles’ y ‘está utilizando un conjunto de herramientas desarrollado para abordar el material de desinformación y reclutamiento traficado por el Estado Islámico’ […] La guerra cibernética del GCHQ no solo derribará la ‘propaganda contra las vacunas’ sino que también buscará ‘interrumpir las operaciones de los ciber actores responsables de ella, en particular por encriptar sus datos para que no puedan acceder a ellos y bloquear las comunicaciones mutuas entre ellos.’  

El Times dijo que ‘el gobierno considera que abordar la información errónea sobre la inoculación de vacunas es una prioridad cada vez mayor, a medida que se acerca la perspectiva de una vacuna confiable contra el coronavirus’, lo que sugiere que los esfuerzos continuarán enfocándose para intensificar a medida que una vacuna candidata se acerca a la aprobación.

Esta tendencia de tratar a los pretendidos ‘anti-vacunas’ como ‘amenazas a la seguridad nacional’ continuó durante gran parte del año, impulsada por Imran Ahmed, director ejecutivo del Centro para la Lucha contra el Odio Digital, con sede en el Reino Unido, miembro del Comité Directivo sobre Extremismo del gobierno del Reino Unido.

Ahmed dijo al periódico británico The Independent en julio que ‘yo iría más allá de llamar a los anti-vacunas teóricos de la conspiración, para decir que ellos son un grupo extremista que representa un riesgo para la seguridad nacional.’ Asimismo, un grupo de presión vinculado a los servicios de inteligencia de Estados Unidos argumentó en un artículo de investigación publicado unos meses antes del inicio de la crisis del Covid-19 que ‘el movimiento de los anti-vacunas de Estados Unidos representaría una amenaza para la seguridad nacional en caso de una ‘pandemia con un nuevo organismo.’”

Para ser claros, no es solo la comunidad de inteligencia “Five Eyes” [Cinco Ojos] la que está trabajando: YouTube, la plataforma de video dominante de Google, decidió retirar esta semana un video del Instituto Ludwig von Mises, con más de 1,5 millones de visitas, por cuestionar ciertos aspectos de la política estadounidense sobre el coronavirus.

¿Qué demonios está pasando? ¿El Instituto Mises es “extremista” o proveedor de desinformación para el enemigo? (Por supuesto, hay muchos otros ejemplos).

Quizás sea el temor de que China supere económica y tecnológicamente a Estados Unidos en un futuro próximo. No es ningún secreto que Estados Unidos, el Reino Unido y Europa, en general, han chapuceado su gestión del Covid y podrían estar al borde de la recesión y de una nueva crisis financiera.

China, y Asia en general, tienen un mucho mejor control sobre el Covid. De hecho, China podría resultar el único Estado que probablemente experimente un crecimiento económico el año próximo.

El asunto es que la pandemia persiste. Los gobiernos occidentales en gran medida han evitado el cierre total del mercado, mientras esperan poder alternar entre el aislamiento social parcial y mantener la economía abierta, oscilando entre ambos. Pero no están logrando ni lo uno (controlar la pandemia), ni lo otro (salvarse de un inminente colapso económico). La única forma de salir de este enigma que las élites pueden ver, es vacunar a todos y lo antes posible, para que puedan ingresar a la economía a toda velocidad, y así evitar que China obtenga una ventaja sobre Occidente.

Pero entre el 40 y el 50% de los estadounidenses dicen que rechazarían la vacuna. Ellos se preocupan por la seguridad humana a largo plazo respecto a la nueva técnica de ARNm. Preocupación destinada, al parecer, a ser eliminada drásticamente de las plataformas digitales para dejar espacio a la saturación “necesaria” de los mensajes a favor de la vacuna en el panorama de los medios de habla inglesa.

Aún no hay evidencia de que la vacuna experimental Moderna o Pfizer haya evitado hospitalizaciones o muertes. Si esto ha sucedido, el público no ha sido informado. No hay información sobre el lapso de protección que ofrece la vacuna. No hay información de seguridad. Por lo tanto, no es sorprendente que el público esté en guardia, algo que el GCHQ y Big Digital desean evitar.

La Cortina de Hierro Digital no concierne solo a los Estados Unidos de América. Los algoritmos estadounidenses y las redes sociales también están saturando Europa. Y Europa tiene sus “populistas” y sus Estados “deplorables” (actualmente Hungría y Polonia), sobre los que Bruselas quisiera ver caer la “cortina” digital de la denigración y del ostracismo político.

Este mes, Hungría y Polonia vetaron el presupuesto de 1,8 billones de euros y el paquete de estímulo de la Unión Europea, en represalia por los planes de Bruselas de multarlos por violar los principios del Estado de derecho. Como señala The Telegraph, “muchas empresas europeas dependen del dinero y, dada la ‘segunda ola’ de coronavirus que azota el continente, Bruselas teme que los aliados del ‘Grupo Visegrado’ tomen como rehén al paquete de estímulo por sus objeciones a las “multas” de la UE relativas al ‘Estado de derecho.’”

¿De qué se trata todo esto? Pues bien, el Ministro de Justicia de Orbán introdujo una serie de cambios constitucionales. Cada uno de ellos generó conflictos con la UE en materia de Estado de derecho. La enmienda más controvertida es una enmienda anti-LGBT, que establece explícitamente que la madre es una mujer y el padre es un hombre. Agregará restricciones adicionales para solteros y parejas del mismo sexo que adopten niños, y limitará la transición de género a los adultos.

El veto de Orbán es una prueba más de la existencia de una nueva Cortina de Hierro que desciende –esta vez– sobre la columna vertebral de Europa. La “cortina” vuelve a ser cultural y no tiene nada que ver con la “ley”. Bruselas no oculta su descontento por el hecho de que muchos Estados miembros de Europa central y oriental no suscribirán los valores “progresistas” (es decir, “despiertos”). En el fondo de esta situación está la tensión de que “mientras Europa Occidental se descristianiza, los Estados de Europa Central y Oriental se están recristianizando; la fe había sido anteriormente un punto de reunión contra el comunismo”, y ahora sirve como trampolín para la identidad emergente de estos Estados después de la Guerra Fría. (Esto no es tan diferente de algunos distritos electorales estadounidenses “rojos” conservadores que también están volviendo a sus raíces cristianas frente a la polarización política de los Estados Unidos de América).

Estos eventos combinados indican que se está produciendo un punto de inflexión clave en el sistema político occidental: una constelación de Estados y extensos aparatos estatales han declarado abiertamente la guerra a la disidencia (“falsedades”), a la “desinformación” extranjera y a las opiniones no respaldadas por su propia “verificación de hechos”.

Se materializa en la sanción discreta y el control punitivo de las plataformas online por parte del Big Digital, bajo el disfraz de lucha contra el abuso; mediante programas nacionales obligatorios de rehabilitación y formación en antirracismo y teoría social crítica en las escuelas y en los lugares de trabajo; incorporando la obediencia pasiva y la aquiescencia pública al presentar a los antivacunas como extremistas o como riesgos a la seguridad; y finalmente, organizando una serie de espectáculos y teatros públicos “señalando” y avergonzando a los soberanistas y “regresistas” culturales, que merecen ser “eliminados”.

A su vez, avanza todo un dogma del progresismo arraigado en la teoría social crítica, el antirracismo y los estudios de género. También tiene su propia historia revisionista (historias como el Proyecto 1619) y jurisprudencia progresista para traducirse en leyes concretas.

Pero, ¿y si la mitad de Estados Unidos rechaza al próximo presidente? ¿Y si Bruselas persiste en imponer su propio dogma progresista? Entonces la Cortina de Hierro caerá y el anillo de metal caerá sobre la piedra. ¿Por qué? Precisamente porque quienes adhieren a su misión transformadora ven en el “señalamiento” a los transgresores su camino hacia el poder, un Estado en el que la disidencia y la herejía cultural pueden combatirse a través de la aplicación de la ley (llamado por eufemismo “Estado de derecho” en Bruselas). Su objetivo es mantener a los disidentes pasivos y a la defensiva en todo momento, gracias al temor de ser etiquetados como “extremistas” y obtener el consentimiento de los guardias de la valla a través del pánico.

En estas condiciones, puede que ya no sea posible mantener una política occidental unificada. Si los perdedores de esta lucha (sean quienes sean) llegan a temer el ser abrumados culturalmente por fuerzas que ven su forma de vida como una herejía que hay que purgar, podríamos presenciar un poderoso cambio hacia la autodeterminación política.

Cuando las diferencias políticas se vuelven irreconciliables, la única alternativa (no violenta) podría ser la de fisurar la unión política.

 

Traducido del francés por Carlos Debiasi para El Correo de la Diáspora

Editado por América Rodríguez para Investig’Action

Fuente: Strategic Culture