¡Jallala ALBA!

En Francia, el tratamiento mediático sobre Venezuela actualmente alcanza las cimas más altas en el arte de la manipulación. Por haberse opuesto a la histórica injerencia de los Estados Unidos a su patria, el presidente Nicolás Maduro fue llamado «dictador», «autoritario», «populista», «sanguinario», etc. No importa que la Asamblea Constituyente fuera elegida en un proceso democrático ejemplar, que movilizó a 8 millones de votantes. Parece que Venezuela contara con 8 millones de dictadores …

 

Este procedimiento tan poco original ha sido ampliamente utilizado contra muchos líderes históricos de los países del Sur decididos a seguir su propio camino de desarrollo, como Nasser, Arafat o Gaddafi. Sin embargo, los países del Norte, donde el abstencionismo crece al ritmo de las famosas curas de «austeridad», no tienen lecciones que dar. Sus alianzas hipócritas con los países más reaccionarios de cada región han creado más guerras, muertes y destrucción. Y sólo se cosecha lo que se ha sembrado antes.

La hiperexposición mediática de Venezuela esconde otras realidades. En la región, hay otra América, muy real, pero invisible. En Colombia, de enero a agosto de 2017, hubo 101 asesinatos, 194 amenazas y 484 agresiones contra líderes sociales. Y esto, en el contexto de un supuesto «proceso de paz» tras el acuerdo entre el gobierno de Santos y las guerrillas de las FARC.

Como recordatorio, el 15 de agosto se llevó a cabo el desarme completo de las FARC, según lo previsto. Y a finales de agosto, la organización se convirtió en un nuevo partido político: las «Fuerzas Alternativas Revolucionarias del Común». El 5 de septiembre, las guerrillas del ELN también concluyeron un histórico acuerdo de cese el fuego con el gobierno colombiano. ¡El presidente Santos no tiene excusa para detener los crímenes del paramilitarismo contra la población!

Siguiendo con Colombia, el incendio de varios templos nativos a mediados de agosto hizo eco a las marchas neonazis que se llevaban a cabo bajo la mirada benevolente de Donald Trump en Estados Unidos. Lejos de ser unos hechos aislados, esta violencia es la prueba del largo camino de descolonización que queda por recorrer. Ese macabro fuego resume por si solo la sumisión de algunos países de Nuestra América a la agenda de las multinacionales extranjeras.

Por otro lado, en los países del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) se garantizan los derechos sociales, culturales y espirituales de los pueblos indígenas. Como decía David Choquehuanca, ministro del Estado Plurinacional de Bolivia: «En Pachamama, todos somos hermanos: la Madre Tierra nos nutre de la misma manera: plantas, animales y seres humanos. La Tierra es un sujeto y no un objeto, por lo que debe ser protegida».

El llamamiento a la Pachamama no es incompatible con el derecho al desarrollo de los países del Sur: solo un cambio de modelo económico puede garantizar la primacía del ser humano a expensas de la del dinero. El modelo del ALBA se basa en los valores de la cooperación y en compartir. Esto ha llevado a la aparición de un bloque regional de países que defienden la transición al socialismo, respetando los particularismos y las identidades nacionales.

«La razón de ser del ALBA es destruir el racismo … Nosotros también tenemos filosofía, ideología, historia y arte. Los colonizadores nos dijeron que tenían música y nosotros folklore, y los creímos. Nos dijeron que tenían historia y nosotros etnohistoria. He aquí lo que ha pasado hasta ahora».

¡Jallala (que viva) el presidente Evo Morales!

 

Fuente: Le Journal de Notre Amérique 28 : Jallala !

Texto traducido por Carles Acozar, corregido por Investig’Action.

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