«Hablar de yihad en el caso de las operaciones terroristas es una aberración»

En el contexto actual en el que los atentados terroristas conmocionan la vida de los pueblos a ambos lados del Mediterráneo los análisis del historiador libanés Georges Corm son un balón de oxígeno para resistir a la teoría del “choque de civilizaciones”. Su última obra, Pensée et Politique dans le Monde Arabe, colma las lagunas de nuestra memoria histórica y es un potente antídoto contra el pesimismo reinante. En esta entrevista concedida en exclusiva a Investig’Action, Georges Corm examina también los motivos por los que los jóvenes europeos van a Siria y denuncia la hipocresía de la gestión de los refugiados y las relaciones de los países occidentales con Arabia Saudí.

 

Alex Anfruns : Hoy en día se acusa al islamismo de ser la ideología en la que se basa el terrorismo, ¿comparte esta constatación?

 

Georges Corm : Las acciones terroristas no tienen ideología, sino un nihilismo mortífero. Sin duda se atavían con consignas que pueden ser de naturaleza religiosa o en otros tiempos marxista, lo que no quiere decir, por supuesto, que su causa sea la religión o la ideología. Es verdaderamente lamentable que en el caso del terrorismo que afirma pertenecer al islam el mundo entero se haya puesto a discutir sobre El Corán y la religión musulmana, en particular desde los atentados de septiembre de 2001. Mientras este terrorismo se contentaba con matar a otros musulmanes no había preocupación por analizarlo y el islam no servía de clave para explicar las supuestas motivaciones de los grupos terroristas.

 

En cuanto estos grupos atacan a europeos o a estadounidenses los medios de comunicación se desatan con el tema del choque de civilizaciones tan grato a Samuel Huntington y del supuesto antagonismo entre un Occidente judeo-cristiano y un Oriente arabo-musulmán. Este tema desmoralizante y extremadamente fantasioso ha causado estragos entre los intelectuales occidentales y musulmanes. Ha justificado y legitimado la invasión de Afganistán y después la de Iraq por parte de coaliciones armadas dirigidas por Estados Unidos con el pretexto de luchar contra el terrorismo. Ahora bien, la lucha contra el terrorismo siempre se ha llevado a cabo gracias a los medios de la policía clásica y de infiltración de los grupos que la llevan a cabo. Hasta el momento nunca se ha visto desplegar ejércitos con gran esfuerzo e invadir y ocupar países con el pretexto de la lucha contra el terrorismo. Por supuesto, el hacerlo no dejaría de provocar múltiples resistencias armadas ni de fanatizar a unos jóvenes que buscan una exaltación insana.

 

¿Qué trampas se ocultan tras el uso generalizado de este concepto?

 

Hay que empezar por recordar que los fenómenos terroristas que adoptan consignas llamadas islámicas afectan en primer lugar, mucho más intensamente y de forma continua desde hacer décadas, a los países árabes y a otros países musulmanes. Hablar de “yihad” en el caso de estas operaciones terroristas es una aberración porque cuando unos musulmanes matan de manera indiscriminada a otros musulmanes esta barbarie no se puede ser calificada de yihad.

 

Cuando las operaciones tienen lugar en Europa, sin una declaración de guerra por parte de una autoridad estatal establecida y legítima, unos actos hostiles y violentos por iniciativa de individuos marginales o iluminados no son sino actos destinados a sembrar la confusión y crear artificialmente unas situaciones de conflicto, de odio o de guerra bajo la consigna de “guerras de civilizaciones” o de “religión”.

 

Por otra parte, la yihad tiene dos significaciones: una moral, que equivale a la perfección de uno mismo, puesto que esta palabra significa “esfuerzo”, y otra defensiva para detener a un invasor o a un ocupante. En todo caso, el terrorismo de organizaciones asesinas que afirman pertenecer al islam no puede encontrar justificación alguna en el propio derecho tradicional musulmán (la sharia). Cuando se ejerce contra otros musulmanes su objetivo es crear situaciones de guerra civil dentro de la “comunidad de creyentes” y en ese sentido es condenable desde el punto de vista del derecho musulmán clásico.

 

Para comprender esta aberrante multiplicación de un terrorismo que afirma pertenecer a la religión musulmana hay que recordar a continuación la política deliberada de Estados Unidos de instrumentalizar la religión como arma de destrucción masiva en el marco de la Guerra Fría. En este caso, Estados Unidos trataría de hacer recular la influencia ideológica, política y militar de la URSS en el mundo árabe y en otras partes en el mundo musulmán, presencia que se había desarrollado considerablemente en el curso de las décadas 1950-1970.

 

Para ello Estados Unidos va a movilizar a unos aliados muy complacientes…

 

Sí. En primer lugar a Arabia Saudí, cuyo régimen político se identifica con la concepción más rigorista y extrema de la religión musulmana aparecida a mediados del siglo XVIII en el centro de la península Arábiga. Se trata del wahhabismo, que se convertirá en la ideología oficial del reino desde su nacimiento en 1920. Hasta ese momento esta forma intolerante de práctica de la religión se solía considerar herética.

 

Por otra parte, este reino se constituyó por la fuerza bruta con la ayuda del ejército británico para hacer abortar las demandas de constituir un reino árabe unificado, moderno y abierto al mundo, una promesa que los ingleses habían hecho a la familia Hachemita reinante en la provincia de Hedjaz a cambio de la constitución de regimientos militares árabes para ayudar a los aliados contra el imperio Otomano. Como la familia de los Saud no tenía ninguna legitimidad histórica en las vastas regiones de la península Arábiga que va a ocupar por medio de la violencia armada con apoyo y financiación británicos, va a elegir exportar esta concepción de un régimen islámico puro y duro a los países árabes y musulmanes. En todos estos países apoyará vehementemente el nacimiento y desarrollo de estos movimientos islámicos, en particular el de los llamados “Hermanos Musulmanes” en Egipto, para hacer fracasar las aspiraciones revolucionarias y nacionalistas árabes.

 

¿Cuáles son los hitos principales de este proceso historico?

 

 A principios de la década de 1970 y gracias al fabuloso aumento de sus ingresos petroleros, Arabia Saudí funda la Organización para la Cooperación Islámica y el Banco Islámico de Desarrollo. En 1979 a petición de Estados Unidos Arabia Saudí, de acuerdo con Pakistán, otro Estado que tiene una práctica musulmana rigorista y también poca legitimidad, entrena militarmente a decenas de miles de jóvenes árabes para enviarlos a luchar en Afganistán contra el ejército soviético que había acudido a socorrer a un régimen progresista y prosoviético.

Este alistamiento se hace bajo la cobertura de una ideología denominada “yihadista” encargada de luchar contra los “infieles” ateos o paganos. Así, en vez de pensar en contribuir a liberar Palestina, Arabia Saudí quiere liberar Afganistán, país con el que el mundo árabe y la propia Arabia Saudí no tienen relación alguna desde hace siglos, ni en el plano cultural ni tampoco en el comercial o económico. Esta acción evita al ejército estadounidense, traumatizado por su derrota en Vietnam, tener que enviar él mismo tropas de tierra y, por lo tanto, hace pensar en un ejército de mercenarios y no en un movimiento de liberación nacional.

 

El resultado será la constitución de la organización al-Qaeda bajo la dirección de uno de los hijos de una de las grandes familias ricas del reino saudí, Osama ben Laden. Se reclutará y formará así un ejército de supuestos yihadistas de diferentes nacionalidades procedentes de varios países musulmanes, el cual luchará más tarde en Bosnia, después en Chechenia, luego en Albania y actualmente en Libia, Siria e Iraq, pero también en Túnez, Líbano, Pakistán, Indonesia, sin olvidar el Cáucaso, Filipinas e incluso la provincia china de Xing Kiang de mayoría musulmana.

 

La historia de al-Qaeda sería entonces la consecuencia directa de los petrodólares. ¿Cómo se han renovado su influencia y su fuerza de choque en el seno de los actuales sectores terroristas?

 

La manipulación de lo religioso por parte de Estados Unidos y de muchos Estados europeos se va a reiniciar con fuerza a partir de 2011 con el fracaso de las revueltas árabes y las intervenciones militares externas en Libia y después en Siria. La demonización del jefe de Estado sirio por medio de las declaraciones tanto de los dirigentes europeos, y particularmente francés, como de los dirigentes estadounidenses va a llevar a jóvenes franceses de confesión musulmana, e incluso a veces también no musulmanes, a ir a Siria a luchar bajo la bandera de las consignas de las organizaciones terroristas calificadas, sin embargo, de “revolucionarias” y “liberadoras” del yugo de la familia Assad.

 

La Turquía miembro de la OTAN, pero dirigida por un partido que se integra en el islam, el AKP, servirá de lugar de tránsito de todos estos jóvenes cegados por la propaganda francesa, europea y estadounidense. También garantizará una buena parte de la logística de las organizaciones terroristas, mientras que Qatar y otros Estados petroleros de la península Arábiga las financiarán y Estados Unidos adiestrará militarmente a las miles de personas reclutadas con la justificación de la existencia de grupos “moderados” de oposición al, según ellos, temible y sanguinario Bachar El Assad.

 

Desde la invasión de Iraq por Estados Unidos las guerras no dejan de multiplicarse. La intervención francesa en Libia parece haber desempeñado un papel importante en el empeoramiento del complejo fenómeno vinculado al terrorismo. ¿Quiénes son los responsables principales de los atentados terroristas que se producen hoy en día en todas partes?

 

Me parece que es abrumadora la responsabilidad que tiene los miembros de la OTAN, cuya política dirige y gestiona exclusivamente Estados Unidos. Durante mucho tiempo los miembros de al-Qaeda fueron considerados “combatientes de la libertad” por todos los medios y por algunos trabajos académicos hechos por encargo durante la primera guerra de Afganistán contra el ejército soviético que había acudido a este país a ayudar a un gobierno prosoviético y progresista.

 

Unos años después la invasión de Iraq (2003), más tarde la violenta desestabilización de Libia y Siria (en 2011), y actualmente, desde 2015, la del desafortunado Yemen, que ha sido objeto de una agresión de Arabia Saudí y de sus aliados de los principados petroleros de la península Arábiga: son todas unas iniciativas muy oportunas llevadas a cabo por los miembros de la OTAN y sus aliados árabes que permiten este desarrollo desenfrenado de los grupos terroristas.

 

Todo ello ha permitido al supuesto Estado Islámico y del Levante (ISIL-Daesh) conquistar muy fácilmente enormes territorios en Iraq y Siria sin que la coalición estadounidense contra esta organización terrorista haya tenido el menor impacto para contrarrestar esta expansión, con la única excepción de la protección efectiva otorgada a la región autónoma kurda de Iraq, establecida por Estados Unidos en la década de 1990. En este caso el ejército estadounidense aseguró rápidamente a los combatientes kurdos equipamientos militares y apoyo logístico, lo que permitió evitar que se extendiera la dominación del Daesh a esta provincia kurda iraquí, convertida desde entonces en un protectorado directo de Estados Unidos.

 

De hecho, para frenar esta extensión territorial del Daesh y de otras organizaciones terroristas con consignas islámicas tanto en Iraq como en Siria se habrá necesitado la ayuda militar que Irán ha proporcionado a ambos países y además, y sobre todo, la llegada a Siria de la aviación rusa y su campaña de bombardeos masivos de las instalaciones de esta organización terrorista y de sus diferentes emanaciones para debilitarla de forma duradera. Tanto más cuanto que los bombardeos han permitido paralizar el tráfico de petróleo que beneficiaba a la organización terrorista y que desde 2014 se llevaba a cabo con Turquía a plena luz del día.

 

Por consiguiente, ¿acaso estas responsabilidades que no se asumen tienen relación con el hecho de que los discursos políticos y mediáticos en Europa nunca se interesan por las víctimas del terrorismo iraquíes, sirias o egipcias?

 

Sí, mientras unos musulmanes maten a otros musulmanes, ¿por qué conmoverse en Europa? Bastará con conmoverse por lo que estas organizaciones terroristas hacen sufrir a los cristianos o a los yezidis de los países árabes, pero, evidentemente, no por lo que hacen sufrir a otros musulmanes, sobre todo si son chiíes, porque la irresponsabilidad de los medios políticos y mediáticos de la OTAN llega hasta considerar a los componentes chiíes de las poblaciones árabes como fuente de terrorismo, en particular en lo que se refiere al Hezbola libanés, probablemente e inconscientemente castigado por el hecho de haber logrado liberar en 2000 al sur de Líbano de 28 años de ocupación israelí sin ninguna contrapartida política o militar (como en el caso de los Acuerdos de Camp David con Egipto en 1979) y por el hecho, además, de haber impedido la vuelta de esta ocupación debido a una nueva agresión perpetrada por el ejército israelí en 2006 contra Líbano y más particularmente las zonas controladas por Hizbola, pero también por el hecho de estar presente en Siria donde ha contribuido a defender las fronteras de Líbano contra las muchas infiltraciones terroristas provenientes del territorio sirio.

 

Evidentemente, es el mundo al revés. Recordemos que la ministra de Asuntos Exteriores estadounidense Condoleeza Rice declaró que el sufrimiento provocado por esta nueva agresión israelí contra Líbano era el del “alumbramiento del nuevo Oriente Medio” remodelado por Estados Unidos. También es cierto que las viejas democracias no están en su mejor momento tras la instalación de la hegemonía de los neoconservadores en Estados Unidos la cual también ha tenido unos efectos desastrosos de ceguera política en Europa.

 

¿Cómo corregir esta tendencia?

 

Para ello sería necesario que las personas demócratas de estos países exijan cuentas a sus gobiernos por todas estas costosas aventuras militares exteriores que no producen sino caos y cientos de miles de víctimas locales. Por otra parte, hay que darse cuenta de que la dinámica de la violencia en el mundo árabe es tanto más complicada de entender cuanto que desde hacer varios años se manifiesta una violencia verbal excepcional en los discursos de los dirigentes políticos estadounidenses y europeos que presentan los complejos acontecimientos de los que es objeto el mundo árabe en un enfoque maniqueo desde el punto de vista de una dicotomía entre los árabes “buenos” (a los que se denomina moderados e incluso a organizaciones terroristas llamadas moderadas en el caso de Siria) y los árabes “malos” a los que se denomina radicales (aquellos que se oponen a la hegemonía estadounidense y a que Israel siga colonizando Palestina).

 

Los medios de comunicación, pero también los think tanks o algunos trabajos académicos transmiten constantemente una manera binaria y simplista de ver estos acontecimientos en detrimento de cualquier análisis comedido de la complejidad de los acontecimientos, de la identidad de los actores de la violencia y de quienes les apoyan. De este modo se descarta todo enfoque del conflicto que abarque todos los factores, enfoque que es el de la politología clásica. En 2013 dediqué una obra a deconstruir y denunciar este enfoque simplista cuyo objetivo es aniquilar la comprensión de la complejidad de los acontecimientos (1). Cuando esto ocurre, se paraliza el funcionamiento de la democracia y de la libre discusión racional, y lo que reina es un totalitarismo sobre la representación totalmente sesgada de los conflictos.

 

En su opinión, ¿qué papel desempeña Arabia Saudí en el conflicto sirio?

 

Evidentemente, es un papel muy negativo. Arabia Saudí principalmente, pero también Francia, Qatar y Turquía, son quienes han cooptado a los miembros del consejo sirio de la oposición que, por otra parte, actualmente se reúne en la capital saudí. Además, recientemente se ha constituido un eje de halcones formado por Israel, Arabia Saudí y Francia que hasta hace poco se ha opuesto a toda vuelta a la calma en Siria y que también se había opuesto virulentamente al acuerdo nuclear con Irán. Pero en el caso sirio este eje se ha visto reforzado por el activismo de Qatar y de Turquía.

 

Afortunadamente, en el caso iraní el presidente Obama ha atemperado los ardores de muchos halcones en las filas republicanas e incluso, a veces, en las demócratas, como la Sra. Clinton. Añadiría que bajo presión de Arabia Saudí, la Liga de Estados Árabes y el Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudí, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein), bajo una fuerte influencia saudí y de la OTAN, han declarado al Hezbola libanés “organización terrorista”, lo que es el colmo.

 

Finalmente, habría que recordar aquí que Arabia Saudí invadió el emirato de Bahrein en 2011 para acabar con una revuelta de gran parte de la población de este país a la que se ha excluido de la prosperidad del petroleo. Resulta que esta parte de la población es chií y era normal que en la estela de las revueltas populares en casi todos los países árabes se manifestara pidiendo reformas socioeconómicas y políticas. También conviene recordar la extrema violencia practicada por Arabia Saudí en Yemen con el pretexto de la rebelión huti, es decir, la de los antiguos partidarios del Imán Yehia, destronado en 1962 por un golpe militar, aunque durante mucho tiempo había apoyado a estos hutis con la esperanza establecer un régimen monárquico autoritario en este país.

 

Se suele presentar la actualidad ya sea desde el punto de vista de las emociones, ya sea desde el de un choque cultural y religioso. Sin embargo, nuestros jóvenes necesitan análisis económicos y geoestratégicos… ¿Cómo se puede formar a una juventud que en vez de someterse al curso de los acontecimientos lo va a cambiar?

 

Ya he mencionado el binarismo simplista de los análisis de las complejas situaciones en Oriente Medio. Antaño sugerí la creación de un Observatorio de los Conflictos que tuviera el valor de denunciar las intervenciones desestabilizadoras de grandes potencias o de potencias regionales que empeoran las situaciones de tensión en vez de tratar de calmarlas.

 

Pero añadiría que considero urgente luchar contra la ideología del choque de civilizaciones que se ha infiltrado en todos los discursos y que se ha convertido en una especie de profecía de autocumplimiento a partir del momento en que se han desplegado las armas y no unos medios de policía clásica para luchar contra un terrorismo que durante mucho tiempo han mantenido los miembros de la OTAN a merced de las causas. Hay que mostrar constantemente que esta ideología es extremadamente ajena a la realidad y perjudicial.

 

En primer lugar, solamente los Estados entran en conflicto y siempre por motivos de poder profano. Las civilizaciones, por su parte, están en interacción positiva o bien se ignoran siguiendo los intereses profanos de los dirigentes de los Estados. Además, aceptar promover un diálogo de las civilizaciones, de las culturas o de las religiones como antídoto a la tesis del choque es, de hecho, reforzar esta tesis, porque la razón del diálogo que pretende contribuir a la paz viene a confirmar la tesis de que las civilizaciones, las culturas o las religiones constituyen las verdaderas causas de los conflictos y no la ambición y la falta de escrúpulos de los dirigentes políticos.

 

A continuación hay que recordar en este contexto que la casi totalidad de los Estados que se dicen musulmanes, incluso cuando practican unas formas extremas y muy poco conformes al espíritu de la religión musulmana, además de totalmente incompatibles con la concepción de los derechos humanos, como Arabia Saudí o Pakistán, son aliados incondicionales de Estados Unidos (con excepción de Irán y Siria); hay que recordar que las elites de estos países envían a sus hijos a estudiar no a La Meca o a Islamabad, sino a las grandes universidades europeas o estadounidenses y que decenas de miles de ellos eligen quedarse en Europa o Estados Unidos una vez acabados sus estudios.

 

Por último, hay que recordar que en lo que concierne a las capas pobres y marginadas de la población de estos países, solo sueñan con emigrar a Europa o a Estados Unidos y a menudo arriesgando su vida y la de sus familias al atravesar el Mediterráneo. Por consiguiente, ¿dónde está el conflicto?

 

Cuando se recuerdan estos hechos elementales, que silencian los medios y con frecuencia la investigación académica, está claro que la ideología de Huntington no es sino un delirio racista contra el que hay que luchar sin descanso. No es más que una vieja versión de racismo virulento del siglo XIX europeo que había dividido el mundo en dos entidades imaginarias: la raza noble y refinada de los arios, y la raza inferior de los semitas con un espíritu torpe que para Ernest Renan se encarnaba en el islam.

 

Así pues, no hay que sorprenderse de que, como atestiguan las reacciones oficiales ante las últimas operaciones terroristas en Francia y Bélgica, se hayan ofrecido los mismos discursos vacíos e insustanciales del expresidente estadounidense George W. Bush: estamos en guerra y los terroristas atacan nuestros valores democráticos y nuestras libertades.

 

En efecto, los discursos de los belicistas de ayer y de hoy se parecen como dos gotas de agua. Sin embargo, esta mistificación de la violencia oculta un aval muy real…

 

Estos discursos surgen directamente de la ideología de Huntington y son totalmente ajenos a unas realidades y complejidades de un terrorismo tan bien manipulado, e incluso favorecido en determinadas situaciones, que ahora se puede extender fuera del mundo musulmán. Si hoy en día prosperan las organizaciones terroristas se debe a tantas intervenciones militares externas y ocupaciones, y a la manipulación de estos movimientos cuyo origen, no hay que olvidarlo nunca, se remonta a la guerra de Afganistán de 1979 a 1989.

 

Actualmente estas organizaciones prosperan en Iraq, Siria, Yemen, Somalia y Libia, y en el África subsahariana, sobre todo en Nigeria, y a merced de las circunstancias han sido apoyadas por tal o cual miembro de la OTAN, por no hablar de los apoyos de Arabia Saudí y de Qatar. Estos apoyos están vinculados al deseo de Estados Unidos tanto de remodelar los Estados árabes como de asegurar que se perenniza la seguridad del Estado de Israel. Recordemos que la propia idea de crear este Estado se remonta a las persecuciones padecidas por las comunidades judías en Europa que culminaron con el genocidio practicado por la Europa que estaba bajo la dominación nazi. Así, a ojos de los europeos el Estado de Israel parece un “cumplimiento justo de la historia” en reparación de las persecuciones y del Holocausto.

 

A ojos estadounidenses, la “epopeya” israelí realiza los relatos del Antiguo Testamento. No olvidemos que gran parte de las raíces de la cultura y del nacionalismo estadounidense han bebido del puritanismo protestante de los primeros colonos, los cuales consideraban que el continente americano era una nueva Tierra Prometida por Dios.

 

Por ello, una vez convertido en potencia imperialista, Estados Unidos no podía dejar de apoyar sin restricciones esta resurrección de la antigua “Tierra Prometida” hebraica en Palestina para que este nuevo Estado pueda absorber definitivamente toda Palestina. De ahí un apoyo sin límites a la colonización de Palestina violando todas las reglas del derecho internacional contemporáneo y de los principios humanitarios. De ahí también el calificar de terrorista a toda resistencia local a la judaización de Palestina que trate de manera totalmente legítima de librarse de su yugo e impedir lo irreparable, o a Hezbola, que ha desafiado con éxito esta hegemonía militar israelí. Señalemos que Turquía también hace un mal uso del término terrorismo, que lo aplica al movimiento kurdo independentista o, al menos, autonomista.

 

Desde el inicio del conflicto en Siria su país, Líbano, ha acogido a más de un millón de refugiados procedentes del país vecino. ¿Cuál es la situación actual en Líbano?

 

Líbano constituye un modelo por la capacidad que ha demostrado para recibir en su minúsculo territorio de 10.000 kilómetros cuadrados a más de un millón de refugiados sirios (esto es, el equivalente a una cuarta parte de su población), a los que se añaden los más de aproximadamente 300.000 refugiados palestinos, además de muchos refugiados iraquíes y kurdos. Con sus muy limitados medios el Estado hace todo lo que puede para abrir sus escuelas a los hijos de los refugiados, las grandes organizaciones de caridad libanesas se han movilizado admirablemente y, por último, muchos refugiados han encontrado oportunidades de empleo de baja cualificación (obreros de la construcción y en la agricultura, entre otras cosas).

 

Este flujo masivo de refugiados no ha provocado un aumento de la criminalidad en el país y por ahora no amenaza a su estabilidad. Sin embargo, es probable que su presencia pueda facilitar las infiltraciones de terroristas en Líbano que desde 2011 ha sido víctima de muchos atentados con coche bomba. Igualmente, las organizaciones terroristas Al Nosra y Daesh ha logrado secuestrar a una treintena de militares y policías, varios de los cuales han sido degollados en los confines de Líbano cerca de la frontera con Siria. Por desgracia, algunas fuerzas de policía libanesas muy influenciadas por Arabia Saudí y Qatar tratan de impedir que el ejército libanés tome todas las medidas necesarias frente a estas agresiones.

 

Pero Líbano tiene muchos problemas: bloqueos constitucionales, puesto que la cámara de diputados se ha autoprorrogado sin una razón válida desde 2013, año en el que se hubieran debido celebrar nuevas elecciones. Además, este parlamento autoprorrogado no logra un consenso sobre la elección de un presidente de la República cuyo puesto está vacante desde 2014. Por ultimo, el gobierno es completamente incapaz de garantizar los principales servicios públicos y la corrupción es generalizada. Con todo, los servicios de seguridad y el ejército (a menudo ayudados por Hezbola) han logrado detener la oleada de atentados terroristas provenientes de las organizaciones terroristas presentes en Siria (a título de una supuesta revolución democrática), aunque todavía no han logrado controlar totalmente la frontera con Siria.

 

Pero cuando se ve el sangriento caos que hay en los países vecinos, Líbano se mantiene contra viento y marea, y a pesar de la hostilidad que desde hace un mes le manifiesta Arabia Saudí, que de manera sorprendente suspendió hace unas semanas la ayuda militar de 3.000 millones de dólares acordada en 2013-2014 y que se suponía iba a conceder a Líbano, vía la entrega de equipamientos y municiones francesas. De todos modos, las entregas que ya ha efectuado Francia a este respecto son insignificantes.

 

En su último libro, Pensée et Politique dans le Monde Arabe, ofrece un panorama de las corrientes reformistas y progresistas que han nutrido la filosofía y la historia política del mundo árabe. ¿Siguen siendo estas ideas un germen de esperanza para la zona?

 

Sí, creo que lo son y el objetivo de mi libro era colmar esta laguna de la memoria histórica árabe sobre la riqueza y vivacidad de la cultura y el pensamiento árabes, memoria borrada por la avalancha de las corrientes islamistas alimentadas generosamente por las financiaciones saudíes, pero también por los trabajos académicos de escasa calidad que han logrado hacer creer que el espíritu árabe estaba bloqueado en una constante de orden religioso. Mi obra demuestra que, contrariamente a todo lo que se puede decir o escribir, el islam no es una religión monolítica e indivisible, y el “espíritu árabe” no está hecho de una cultura única de naturaleza teológica.

 

Tanto antes como después del advenimiento del islam la cultura árabe es en primer lugar una cultura basada en la poesía profana (y, sobre todo, la poesía amorosa), el arte de la retórica, la riqueza de un lenguaje que sirvió de vehículo a una civilización áraboislámica (hoy desaparecida, algo que se olvida) que hizo avanzar muchas ciencias como la medicina, las matemáticas, la astronomía, la geografía, además de la filosofía. El islam es también una religión que coexistió sin problemas con otras religiones en todo el mundo hasta que la instrumentalización de esta religión se convierte en un elemento fundamental de la estrategia de lucha estadounidense contra la Unión Soviética y hasta que muchos regímenes árabes (al igual que Irán) promocionan ellos también diversas formas de “radicalismo” islámico o de instrumentalización de esta religión como medio de mantener su hegemonía sobre unas poblaciones que buscan su emancipación y sus libertades fundamentales. Por ello este libro tiene voluntad de ser para las jóvenes generaciones árabes una puerta al futuro que no se puede abrir sin conocer la verdadera riqueza del patrimonio y de la cultura (2).

 

Añadiría que entre las causas raramente mencionadas del aumento de la cantidad de candidatos al terrorismo están las relativas al reiterado fracaso de la industrialización en el mundo árabe. En vez de invertir la renta petrolera (cuyo montante se ha disparado desde 1973) en la adquisición de ciencias y tecnologías para acabar con el paro generalizado de los jóvenes árabes, se empleó en financiar la literatura de los muchos movimientos del llamado islam “político” en la concepción estrecha del wahhabismo saudí o del régimen del gobierno paquistaní que considera que su país es el de los “puros” debido a la radicalidad del islam practicado, la cual suprime también toda libertad individual. A menudo esta renta petrolera también se ha invertido en innumerables compras inmobiliarias en Europa, Estados Unidos y otros países árabes, entre ellos Líbano.

 

Así es como toda la obra de los grandes reformistas musulmanes árabes del siglo XIX y de la mitad del siglo XX se marginó totalmente e incluso se tachó de “no auténtica” porque se suponía que estaba demasiado influenciada por la filosofía de la Ilustración europea. En vez de ello, tres teóricos iluminados, el egipcio Sayyed Qotb, miembro de los Hermanos Musulmanes, y el paquistaní Al Mawdoudi, que predicaron la soberanía de Dios sobre todo gobierno humanos, pero también el jurista árabe del siglo XIV Ibn Taymiyya, fueron entronizados por encarnar el verdadero “islam”, no corrompido por la modernidad europea.

 

En la obra inmensa de miles de juristas musulmanes desde finales del siglo VII actualmente solo se promueve a tres autores como encarnación de la teología auténtica de la religión musulmana. Un verdadero escándalo académico, tanto más cuanto que la enseñanza universitaria en Europa y Estados Unidos se ha ocupado casi exclusivamente de ellos y solo se interesa por los movimientos del islam político, con lo que muchos universitarios ya solo hacen trabajos de investigación sobre todos los partidos y grupúsculos que afirman pertenecer a un activismo islámico ignorando completamente las evoluciones y manipulaciones geopolíticas desde la época de la Guerra Fría.

 

Se trata más de un trabajo de información y de policía que de un trabajo útil sobre las evoluciones de las sociedades, las razones de los fracasos de las diversas experiencias de industrialización, las verdaderas causas de la ausencia de oportunidades decentes de empleo para hacer frente a la explosión demográfica, la ausencia de capacidad de innovación, etc. Todos estos temas están prácticamente ausentes de toda la investigación académica sobre el mundo árabe, actualmente disuelto en la nebulosa islámica “globalizada”.

 

Sin duda existen trabajos de sociología, pero la mayoría están orientados y desarrollados en la óptica exclusiva de la supuesta hegemonía de la religión musulmana sobre todos los aspectos de la vida de las sociedades árabes: islam y política, islam y sociedad, islam y sexo, feminismo definido inmediatamente como islámico, etc. Son trabajos que raramente tiene otro interés académico que no sea el de confirmar una visión de la religión musulmana, omnipresente y omnipotente, sin referencia a todas las financiaciones recibidas para “islamizar” la vida de estas sociedades.

 

¿Sabrá la juventud árabe separar el grano de la paja?

 

Hay que esperar que la joven generación de árabes, la que salió a manifestarse con entusiasmo a las calles de todas las capitales durante la primavera árabe, sabrá volver a romper el corsé en el que está juventud está encerrada desde hace medio siglo, donde el único supuesto horizonte es el de un llamado islam moderado opuesto a un llamado islam radical. En este sentido, la denuncia de la aberrante utilización de la riqueza surgida de la renta del petróleo y del gas debería convertirse en un tema fundamental de las investigaciones académicas. Y es que hay que recordar que el PIB por habitante en la mayoría de los países árabes era más alto a principios de la década de 1960 que el de los coreanos del sur, de los singapureses, de los taiwaneses y de los chinos continentales que han construido unas economías dinámicas e innovadoras, y han integrado el mundo de las ciencias y de la tecnología.

 

Por consiguiente, plagiando la pregunta malintencionada (y fuera de lugar) del orientalista neoconservador cercano a Israel, Bernard Lewis, a propósito de las relaciones entre los musulmanes y Occidente podríamos preguntarnos qué ha pasado. Más que para asegurar el desarrollo socioeconómico, tecnológico y científico de las sociedades árabes, la renta petrolera se ha gastado para fabricar un radicalismo religioso que afirma pertenecer al islam para mantener estas sociedades en la esclavitud y negarles el acceso a una vida digna.

 

Al hacer esto, los gobiernos concernidos se han ganado la protección de Estados Unidos y de Europa, a los que han ayudado servilmente a llevar a cabo sus ambiciones geopolíticas. El sangriento caos que reina en el mundo árabe, del que en gran parte son responsables junto con sus protectores de la OTAN, permite al Estado de Israel continuar sin obstáculos la colonización de todo el territorio palestino. Como contrapartida de tan importantes servicios el gobierno estadounidense y muchos gobiernos europeos no solo callan sobre la naturaleza opresiva y autoritaria de un poder como el de Arabia Saudí, sino que le conceden una protección moral internacional, lo mismo que al de Pakistán y al de Turquía, que cada vez más se considera defensor del islam político.

 

Por consiguiente, hay que trabajar a ambos lados del Mediterráneo para explicitar los intrincados y cada vez más complejos retos de las situaciones que fomentan la extensión del terrorismo con la esperanza de hacer llegar los cambios que hagan fracasar los intrigas de aprendices de brujo que nos gobiernan aquí y allá, intrigas cuyos resultados parece que actualmente les superan cada vez más.

 

Notas:

1) Véase Georges Corm, Pour une lecture profane des conflits. Sur le «retour du religieux» dans les conflits contemporains au Moyen-Orient , La Découverte, París, 2013; se puede ver también mi obra anterior, Le phénomène religieux au XXIè siècle. Géopolitique et crise de la post-modernité , La Découverte, París, 2006.

2) Véase Georges Corm, Pensée et politique dans le monde arabe. Contextes historiques et problématiques. XIXè-XXIè siècle , La Découverte, París, 2015.

 

Traducido del francés por Beatriz Morales Bastos para Rebelion

 

Fuente : Investig’Action