François Houtart: ¡Levántate juventud!

François Houtart tiene una llama que lo anima y que le dio la fuerza necesaria para actuar. Es sacerdote, sociólogo, profesor universitario, fundador del CETRI y sobre todo ha dedicado su vida a la justicia social y a la gente. Nos entrevistamos con este gran Señor que nos habla de su combate, de su visión de la sociedad y del mensaje que envía a las nuevas generaciones.

{{Usted tiene más de 80 años y ha llevado una vida de luchas por personas que ni siquiera conoce ¿Cómo explica el combate que usted ha librado? ¿Cuáles son para usted, las causas más emblemáticas que ha defendido?}}

 

La situación en el mundo es tal que lamentablemente hay muchas causas para defender. Uno de los primeros temas con el que me comprometí fue la oposición a la Guerra de Vietnam y a los crímenes perpetrados por la agresión de los Estados Unidos. A continuación, me orienté hacia las colonias portuguesas y el Apartheid, la región de África Austral, Guinea y Cabo Verde. También me impliqué fuertemente en la revolución sandinista de Nicaragua. Sostuve a Cuba y todo lo que la isla podía representar en términos de transformaciones profundas de la sociedad. Siguiendo la misma línea, apoyo a Venezuela con su revolución bolivariana, a Bolivia o a Ecuador.

 

 

{{Las causas que usted defiende podrían calificarse de Altermondialistas. No obstante usted pertenece a una clase social acomodada, sin embargo eligió convertirse en sacerdote y ha acumulado diplomas. ¿Cómo es que usted decidió emprender esta vía?}} 

 

Es bastante sencillo. Mi compromiso como sacerdote estaba orientado hacia el aspecto de justicia social que se encuentra en el evangelio, cuya referencia es un dios de justicia y amor, así como a las contradicciones que existen en el mundo. Esto tomó forma cuando me incorporé a las Juventudes obreras Cristianas (JOC). Este era el movimiento más progresista al interior de la Iglesia. Con este grupo descubrí la realidad de la clase obrera, especialmente la de los jóvenes trabajadores. Lo que me indujo, ya ordenado como sacerdote, a solicitar hacer estudios sociales. Razón por la cual después de haber terminado mis estudios en Chicago, viajé a América Latina. Durante más de 6 meses, visité las JOC en los distintos países latinoamericanos. Fue una manera de conocer el continente desde la base. Me afectó profundamente todo lo que descubrí. Después de esta experiencia quise profundizar mis estudios para adquirir instrumentos que me permitieran comprender las sociedades. Fue así como decidí hacer investigaciones en América Latina, en Asia y mi doctorado sobre la sociología del budismo en Sri-lanka.

Descubrí los motivos por los que se lucharon en Vietnam, las colonias portuguesas, los movimientos de liberación en América Latina, ya que estuve directamente involucrado. Recuerdo que fui invitado a Jartum, a una reunión de solidaridad Asia-África con las luchas de las colonias portuguesas y de Sudáfrica. Y allí me planteé si mi papel de sacerdote era compatible con un compromiso en casos de tal magnitud política. Al reflexionar, me dije que si el hecho de ser sacerdote me impedía defender los valores del evangelio, eso no tendría ningún sentido. Lo que no me facilitó el trabajo. Pero para mí, es imposible obrar diferentemente. 

 

 

{{¿En la actualidad cual es su punta de lanza?}}

 

La causa de los agrocarburantes y de la energía me preocupa enormemente. Es una temática emblemática de la lógica capitalista frente a una necesidad real. El discurso dominante presenta los agrocarburantes como la solución a sabiendas de que esta es una solución errónea. En realidad, esta propuesta destruye la biodiversidad. Se le solicitan millones de hectáreas al Sur para producir la energía, supuestamente verde, para el Norte. Lo que genera destrucciones espantosas a nivel ecológico y social, expulsando a los pequeños agricultores de sus tierras.

 

 

{{Usted ha realizado investigaciones y trabajo de terreno. ¿Qué se debe hacer concretamente para defender ideas como las suyas}}?

 

Se requiere una cierta motivación, combinada a un buen análisis de los fenómenos. En caso contrario existe la tendencia a engañarse a causa de los lemas y de la información incorrecta, utilizados como arma por los adversarios Tampoco se debe permanecer solamente en la teoría pura. Siempre hay que enfrentar el pensamiento teórico a la realidad. Esta combinación es esencial.

A ello hay que añadirle el trabajo constante con los movimientos sociales. Son estas fuerzas sociales que tratan de llevar una resistencia o una propuesta de alternativa. Es preciso permanecer constantemente en contacto con dichos movimientos. Se les puede aportar ayudándolos en el análisis y la reflexión sobre su propia acción, ya que son ellos quienes nos nutren y viven esta realidad y sus contradicciones. Trabajar desde su oficina puede ser interesante pero finalmente tiene poco impacto. Por ello sigo viajando y realizando trabajo de terreno. 

 

 

{{Usted también dicta conferencias, participa en cursos universitarios, continúa en el CETRI[[El Centre Tricontinental (CETRI), es una organización no gubernamental fundada en 1976 y basada en Lovaina la Nueva (Bélgica), es un centro de estudios, publicaciones, documentación y educación permanente sobre el desarrollo y las relaciones Norte-Sur. El CETRI tiene por objetivo hacer que se escuchen puntos de vista del Sur y contribuir a una reflexión crítica sobre los enfoques y las prácticas dominantes del desarrollo en el momento de la globalización neoliberal. http://www.cetri.be/]]. ¿Cuáles son sus actuales ocupaciones?}}

 

Sí, es lo que hago… Creo que mientras haya medios para desarrollar una multitud de actividades, es necesario hacerlas. Cumplo también con mi papel de sacerdote, acompañando a las personas, celebrando bautismos y matrimonios o presidiendo ceremonias fúnebres. Trato de dar sentido a la vida de la gente, independientemente de sus creencias religiosas.

 

 

{{En 2009 usted recibió el Premio de la UNESCO para la Promoción de la Tolerancia y la acción no violenta. ¿Qué pensó al respecto?}}

 

Cuando me anunciaron que había sido nominado para el premio UNESCO, no lo creí pero finalmente lo obtuve. Por sorprendente que pueda parecer, fue el Gobierno de Cuba que me propuso como su candidato. Y funcionó. Este premio recompensa «la tolerancia y la acción no violenta” pero a mí se me concedió por mi acción social en distintas partes del mundo. En el momento de recibir el premio, precisé que estoy en favor de la tolerancia y de la acción no violeta, que existen situaciones intolerables y que en la organización de las sociedades está presente la violencia. Quería definir claramente el significado y lo que para mi representaba dicho premio. En realidad, este tipo de premios brinda la oportunidad de valorar todas las ideas de la Altemundialización y las luchas sociales de hoy, frente a las crisis en las que nos encontramos y frente al enorme desafío en el que se encuentra el conjunto de la humanidad

 

 

{{¿Cuál sería el mensaje que usted desearía pasarle a las nuevas generaciones?}}

 

La juventud debería tomar conciencia de los mecanismos que definen la sociedad. Es ella quien construye o va a construir la sociedad de mañana, sin realmente conocer los fundamentos del mundo que la rodea. La memoria histórica es también indispensable. Son instrumentos fundamentales para librar la lucha que generará el cambio de sociedad. No deberán seguir pistas de evasión que reducirían a la nada toda posibilidad de transformación de las sociedades. Ahora bien todo está puesto en práctica para que no haya los instrumentos de análisis necesarios, particularmente mediante la educación. Eso requiere un esfuerzo considerable de la parte de los jóvenes. No deben perder su energía transformadora y dormirse con toda una serie de regalos publicitarios y de actividades. Los grandes poderes económicos y políticos, que orientan el mundo, solicitan solo una cosa, que la gente siga siendo pasiva.

Se requiere una juventud informada, consciente y que se sacuda para transformar la sociedad en algo mejor. Es el adagio de todas las generaciones, a condición de haber todos los instrumentos necesarios para comprender la sociedad y tener la voluntad justa para comprometerse eficazmente.

Añadiría que es muy importante tener una base sólida para todos los compromisos que se adquieran. Esta base de convicciones fundamentales puede ser la fe religiosa. Para mí, es una base muy importante porque es la afirmación de los valores de justicia, de igualdad entre los seres humanos, en referencia a un trascendente. Esta base de referencia puede también ser un humanismo profundo, como lo fue el de Marx, por ejemplo. Sin base fundamental, se puede partir en todas las direcciones. He visto a mucha gente de la izquierda radical convertirse con el tiempo, en neoliberales extremistas.

 

Fuente: investigaction.net

Traduccion: La Pluma