En Honduras, el imperio frente a su fracaso

Hagamos un flashback de 8 años. 28 de junio de 2009. El presidente Manuel Zelaya sufrió un golpe de estado por intentar abrir un proceso constituyente en su país. En solo dos años, de 2009 a 2010, la tasa de homicidios se duplicó. La militarización de la sociedad, la corrupción y el narcotráfico se extendieron y la deuda pública hondureña se disparó. Sin embargo, Zelaya no abandonó el terreno a sus oponentes.

 

En 2010, fundó un nuevo partido. Su esposa Xiomara Castro de Zelaya fue la candidata presidencial a las elecciones de 2013. Sin embargo, el candidato de derecha Juan Orlando Hernández – ya acusado de fraude – fue declarado rápidamente el ganador.


La entrada de Honduras en el ALBA, una organización de integración regional creada por Hugo Chávez, le había puesto los pelos de punta a la administración Obama. Contrariamente a las declaraciones oficiales, el golpe de estado había contado con el apoyo del «amigo estadounidense». Desde 2010, el gobierno de Porfirio Lobo, constituido tras el golpe, contó con el reconocimiento de Estados Unidos, que trabajó para presentarlo como legítimo y olvidar las causas que estaban detrás.


En sus memorias, la secretaria de Estado Hillary Clinton declaró: «Al día siguiente (el golpe), hablé con mis socios en todo el hemisferio, incluyendo la secretaria de estado [Patricia] Espinosa en México (…) hemos desarrollado una estrategia que consiste en restaurar el orden en Honduras y asegurar que las elecciones libres y justas se lleven a cabo de forma rápida y legítima, lo que dejaría fuera de juego la cuestión de Zelaya«. El caso de los correos de Clinton revelados al gran publico confirmó en detalle el papel preciso que jugó EE.UU. en el golpe contra Zelaya, que es el origen de la larga crisis política, económica y social en Honduras.


Hoy, este plan todavía está en vigencia. La discreción de los medios sobre el fraude electoral y el estado de sitio impuesto a la población es insoportable. El pueblo hondureño no pide la luna: solo quiere que se respete el resultado de las elecciones a favor del candidato de la Alianza de la oposición, Salvador Nasralla.


Este pueblo que ha sufrido tanto no necesita injerencias tras injerencias. Tiene el derecho de construir su futuro a partir de  sus propias fuerzas. Los observadores electorales y de derechos humanos han denunciado las numerosas irregularidades del Tribunal Electoral y el gobierno de Juan Orlando Hernández, que trata de mantener las palancas de control.

¿ Será para evitar problemas futuros con la justicia ? En ese caso, no tiene nada que temer: en Estados Unidos, muchos ex dictadores, oligarcas y terroristas latinoamericanos huidos de la justicia pueden dar testimonio del agradable «american way of life» que llevan ahora.

 

Fuente : Le Journal de Notre Amérique