Empezó la guerra en Ucrania

La escalada bélica en Ucrania puede generar la peor crisis global de este siglo. Es difícil predecir la dimensión o el tiempo de la ofensiva rusa, pero Putin parece no estar dispuesto a transar hasta que no se obligue a la OTAN a detener su expansión hacia el este.


 

A las 5 am hora local, empezaron los operativos militares rusos sobre Ucrania. Durante semanas pronosticamos que mientras no acabasen las olimpiadas de invierno en Beijing, Rusia no iba a atacar a Ucrania para no afectar los intereses de su mayor aliado global (China). Al día siguiente del domingo 20, cuando los juegos deportivos acabaron, empezaron los juegos de guerra.

El lunes 21, Moscú reconoció oficialmente a las autodenominadas «repúblicas populares» de Lugansk y Donetsk en el sudeste ucraniano, a ocho años de que haber nacido, apoyadas por la población ruso-hablante. El mandatario ruso Vladímir Putin justificó ello aduciendo que debía proteger a más de 10 millones de ruso-parlantes que viven en Ucrania y, sobre todo, a estas dos regiones que vienen siendo permanentemente bombardeadas. Desde el 2014, más de 14 mil personas han muerto en el conflicto por Lugansk y Donetsk.

Si bien los rusos ucranianos han logrado mantener el control de las capitales de ambas regiones, unas 2/3 partes de ambas fueron antes reconquistadas por Kiev. Putin argumenta que existe un «genocidio» contra sus connacionales rusos en Ucrania, mientras que los líderes separatistas aducen que su cultura e idioma han sido reprimidos habiéndose retirado al ruso como lengua cooficial.

En febrero de 2014, ocho años atrás, cayó el gobierno constitucional electo de Viktor Yanukovych, en lo que Occidente denomina una revolución de colores, pero que los rusos consideran un golpe racista contra ellos. Algo que ha generado mucha molestia en una buena parte de los 48 millones de ucranianos, particularmente en los medios sindicales, izquierdistas o ruso-parlantes, es que en esa rebelión han participado activamente miles o decenas de miles de militantes o milicianos extremistas ultraderechistas que abiertamente reivindican al ejército de Stepán Bandera. Los banderistas durante la II Guerra Mundial (1939-45) apoyaron la invasión alemana y perpetuaron masacres contra los judíos, polacos, rusos y soviéticos que vivían en Ucrania. En ninguna otra parte del planeta hay tantos y tan activos grupos paramilitares abiertamente pro-nazis como en la actual Ucrania, algo que la prensa occidental no quiere reportar.

Tras el derrumbe de Yanukovych, el mando del país pasó a manos de líderes que han querido lograr que Ucrania ingrese a la Unión Europea y a la OTAN, entidades que la oposición local y Moscú sindican de haber estado tras lo que denominan un golpe de Estado. Los nuevos presidentes han impulsado un programa de «ucranización» y «de-comunistización» que implica eliminar el status de la lengua rusa como cooficial, suprimir o reprimir sindicatos o partidos que reivindican a la URSS y erradicar estatuas, nombres de calles, plazas y edificios de héroes de la guerra soviética antinazi. Aunque el actual presidente, Volodímir Aleksandrovich Zelenski es de origen judaico, ni él, ni Israel, ni Occidente denuncian a las bandas pro-hitlerianas, utilizadas como fuerza de choque contra Rusia. Según la TV rusa, ahora mismo esos grupos vienen previniendo el éxodo hacia el resto de Ucrania por parte de la población civil de Mariúpol (la principal ciudad costera de Donetsk, a la cual los rusos vienen bombardeando, buscando reincorporarla a la república separatista del mismo nombre).

Desde su independencia en 1991, Ucrania ha tenido gobiernos pro-rusos y pro-europeos, alternándose en el poder. Los primeros han querido mantener el tradicional bloque pan-eslavo con Rusia y Bielorrusia, naciones con las que comparten un idioma similar escrito en alfabeto cirílico, el mismo credo ortodoxo mayoritario y siglos de historia común. Los segundos han querido emular a sus vecinos de Polonia, Eslovaquia y Rumanía para entrar a la Unión Europea y estructurar un modelo más liberal. La familia Biden tiene poderosos intereses económicos en Ucrania, algo que fue uno de los principales caballitos de batalla que Donald Trump tuvo contra sus rivales en las elecciones norteamericanas.

Ambos campos ucranianos eran más o menos de similar peso demográfico y geográfico, pero desde el 2014 Rusia decidió alentar el separatismo de las tres principales regiones que hablan mayoritariamente el ruso. Crimea fue anexionada tras celebrar un referendo en 2014, en el cual un 90% pidió retornar a la Federación Rusa (en la cual estuvo hasta 1954). Hoy Moscú no ha incorporado a las dos repúblicas del sudeste ucraniano, pero ha empezado por reconocer su independencia y su derecho a enviar tropas allí «a petición de sus legítimos gobiernos nacionales». Crimea, su capital Sebastopol, Donetsk y Lugansk suman unos 80,000 km² y representan a 4 de las 27 regiones oficiales de Ucrania, las cuales Moscú se ha anexionado o buscará hacerlo. En ellas han venido residiendo unos 9 millones de habitantes, los que componen poco menos del 20% de la población de 48 millones de ucranianos que figuraba en el último censo.

 

Putin

 

A inicios del jueves 24 comenzó la ofensiva rusa mientras que Kiev ha declarado la ley marcial. Según la TV rusa la defensa aérea ucraniana ha sido destruida. El eje de los combates se da en el sudeste del país donde Moscú reclama que todo el territorio de Lugansk y Donetsk debe retornar al control de las repúblicas ruso-hablantes que llevan dicho nombre. Al momento de escribir estas líneas (mediodía en Rusia y Ucrania del primer día de combate) los noticieros reportan que, aparte de incidentes en esas dos regiones, se habrían dado explosiones en varias ciudades importantes de Ucrania como Jarkov (ubicada entre Rusia y el Donbás), Kiev (la capital) y Odessa (el principal puerto que hoy tiene Ucrania y que se encuentra en su frontera occidental cerca de Moldavia y Rumanía).

Los medios occidentales y Kiev reportan que la infraestructura militar y aérea de Ucrania ha sido el blanco de los ataques, pero aún no conocemos si los tanques rusos van a traspasar Lugansk y Donetsk. Por el momento, Bielorrusia viene prestando su territorio para que desde allí operen las fuerzas rusas, pero no hay informes que indiquen que su propio ejército haya entrado en combate, algo que pudiese darse más adelante, si el conflicto se agudiza.

Putin sostiene que su intención no es ocupar Ucrania, sino «liberar» y «pacificar» a Donetsk y Lugansk, así como «desmilitarizar» a Ucrania y acabar con los grupos armados nazis que actúan en esta. Occidente viene imponiendo fuertes sanciones económicas contra Rusia, pero no va a mandar tropas, aunque sí va a seguir despachando armas, entrenadores y asistencia logística.

El Kremlin afirma que se ha visto obligado a iniciar estos operativos porque la población rusa en Ucrania es discriminada, y para prevenir que Kiev entre a la OTAN y con ello coloque misiles nucleares a 5 minutos de vuelo sobre Moscú. Mientras Boris Johnson aduce que la OTAN es un pacto meramente defensivo, Putin le retruca diciendo que es de tipo ofensivo, algo que ha sido demostrado en Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia y Siria.

La OTAN nació en 1949 como una alianza militar contra Moscú y sus aliados «socialistas» de Europa Oriental, y luego Asia y Cuba. Tras su victoria en la Guerra Fría, cuando en 1991 logró desintegrar a la URSS y al Pacto de Varsovia, la OTAN ha ido expandiéndose hasta haber logrado que la Alemania occidental capitalista se anexionara a la oriental socialista y que a esta ingresaran todos los antiguos socios europeos no soviéticos que antes tenía el Kremlin (las repúblicas checa, eslovaca, polaca, húngara, rumana y búlgara), además de tres repúblicas ex soviéticas del Mar Báltico (Lituania, Letonia y Estonia).

Hoy el Kremlin aduce que la OTAN no ha querido incorporarles en su seno, que no ha cumplido con su compromiso de no seguir expandiéndose hacia el este y que esta organización sigue siendo un bloque militar anti-ruso.

Los putinistas sostienen que en 1962 Moscú se vio obligado a retirar sus misiles nucleares estacionados en Cuba para evitar un conflicto con EEUU y que hoy la tortilla se ha dado vuelta, por lo que Occidente debería imitar lo que el Kremlin hizo hace seis décadas. Tras meses de presión y, al ver que Joe Biden, Boris Johnson y Volodímir Zelenski insistían en el derecho de Ucrania de entrar a la OTAN, el Kremlin justifica invadir a su vecino del sur para proteger su seguridad interna.

Según un reportero de la BBC en Moscú, lo que Putin quiere es destrozar el aparato militar y aéreo de Ucrania, obligándole a rendirse; en tanto que Bielorrusia puede reservarse el rol de atacar para oficiar como bisagra en un acuerdo entre Kiev y Moscú. Otros periodistas de dicha cadena británica indican que todos los blancos son militares, y que se intenta evitar bajas civiles. Pareciera que Ucrania viene siendo atacada desde el norte, noreste, este, sureste y suroeste.

 

Occidente

 

Para Occidente el ingreso de tropas rusas es una violación de la ley internacional y de la soberanía de Ucrania. Ya antes Putin ha reconocido otras repúblicas separatistas (la de Transnistria en Moldavia y las de Abjasia y Osetia del Sur en Georgia, con lo cual ha frenado la expansión de la OTAN).

Los partidos de la derecha «moderada» y del centro, y los liberales, verdes y socialdemócratas de Europa tienden a unirse para condenar a Rusia como un «agresor» que está poniendo en riesgo a una democracia y la unidad e independencia del país más grande que solo tiene territorios en su propio continente. El Primer ministro británico, Boris Johnson, sostiene que estamos cerca de la peor guerra que haya tenido Europa desde 1945.

Rusia y varios otros países le recuerdan a la OTAN que ellos han arrasado Yugoslavia, Irak, Libia y Siria ilegalmente, sin haber tenido permiso de la ONU y con mentiras; que la invasión a Afganistán solamente dejó muertos (pues los talibanes retornaron al poder); que ellos siguen armando a las peores autocracias del mundo (Arabia Saudita y Emiratos) para seguir destrozando Yemen; que EEUU tiene un largo historial de haber invadido y propiciado golpes en su «patio trasero» (Latinoamérica y el Caribe); y que Washington viene de reconocer la anexión del Jerusalén oriental palestino y del Golán sirio por parte de Israel, pese a la oposición de más del 90% de las Naciones Unidas.

Empero, para Estados Unidos y para la Unión Europea, Ucrania es una democracia liberal con un capitalismo abierto, lo cual es considerado como un modelo a proteger y alentar. La OTAN no quiso evitar esta guerra haciendo concesiones a Moscú (por ejemplo, comprometiéndose a detener su expansión hacia el este) y Rusia justifica su ataque como una medida «preventiva» para evitar que en un futuro cercano Ucrania pueda volver a tener armas atómicas.

En ese conflicto, EEUU trata de hacer que Alemania y Europa dejen de adquirir tanto gas barato a Rusia, para que en su lugar, le compren a sus multinacionales uno más caro (pero justificable por razones estratégicas) procedente del Medio Oriente o de nuevas perforaciones en su país, las cuales podrían poner en riesgo los glaciares de Alaska o los acuíferos estadounidenses con la técnica del fracking (bombeo de agua al subsuelo para empujar los hidrocarburos a la superficie, lo cual puede contaminar aguas de riego y consumo humano).

Joe Biden se siente debilitado en casa por la inflación que no puede detener. El «darle una lección a Rusia» es algo que puede otorgarle réditos internos, hacer reactivar un sector de sus fábricas (para producir y vender armas) y perforar la diplomacia rusa (la misma que acaba de derrotar a sus aliados en la guerra siria y que ha tejido una alianza antioccidental con China e Irán).

Si Putin se impone, será un golpe a los intentos de la OTAN y la Unión Europea de expandirse. Para Putin, en cambio, Kiev es una marioneta de EEUU. Para varios parlamentarios ucranianos, es Rusia quien quiere recomponer su imperio y hacer que su país sea humillado, mutilado o desintegrado.

Los medios occidentales especulan sobre cuál pudiese ser la estrategia de Moscú. Inicialmente, se pensaba que se podría dar un conflicto localizado con el objetivo de que la totalidad de Lugansk y Donetsk sean «recuperados» por las dos repúblicas separatistas pro-rusas que tienen ese mismo nombre. Sin embargo, no se puede descartar un desembarco anfibio por el Mar Negro hacia Odessa y la costa sur de Ucrania, donde hay mucha población ruso-hablante que puede simpatizar con los atacantes, así como la marcha de tanques para capturar Jarkov o Kiev.

Como Ucrania no es parte de la OTAN no se puede aplicar su estatuto, que implica que todos sus miembros deben unirse para defender militarmente al Estado agredido. A Washington no le conviene un enfrentamiento directo con Rusia, la potencia que más armas nucleares tiene, aunque sus Fuerzas Armadas sean superiores en soldados, aviones y vehículos de guerra. Según Moscú, la OTAN ha tenido unos 20 mil efectivos entrenando y asesorando al ejército ucraniano, al cual han dotado de bazucas que pueden destrozar aviones o tanques con misiles semidirigidos portátiles.

Al parecer, la estrategia que tendría Ucrania pudiese ser la de trasladar su capital hacia el oeste (a Leópolis) y prepararse para una resistencia con guerrillas, la cual buscaría transformar a su país en un nuevo Afganistán que acabe humillando a Moscú, generándole muchas bajas y una fuerte crisis económica. Por ahora, Kiev va a buscar llamar a fuerzas extranjeras a su interior. Como la OTAN no puede ni quiere hacerlo, el primer paso podría ser pedir que la Asamblea General de la ONU autorice el ingreso de los Cascos Azules como fuerzas de paz, algo que el Kremlin va a querer vetar.

Joe Biden y Boris Johnson necesitan derrotar a Moscú para evitar ser derrotados por sus respectivas oposiciones en casa. El futuro de Boris Johnson está en juego. Este conflicto ha relegado las denuncias que le han hecho por romper las normas anticovid que él mismo decretó ante las cuarentenas. Si no frena a Putin, Johnson puede caer, pero lo que él ansía es que este conflicto (al igual que el de las Malvinas que se dio hace 40 abriles) sea ganado por él y sus aliados, y así, como pasó entonces con Margaret Thatcher (la primera Premier femenina que ha tenido su partido conservador), pueda evitar su salida del cargo y luego poder ser reelecto.

Las repercusiones de este conflicto van a durar para rato. Si bien las negociaciones han quedado suspendidas, no se puede descartar que la diplomacia vuelva a jugar su parte estando Rusia en mejores condiciones.

 

Foto de portada: Anatolii Stepanov (AFP)

Fuente: Alainet