Elecciones en Venezuela: el chavismo mantiene el poder, Estados Unidos mantiene su beligerancia, los medios mantienen sus falsedades

En medio de un clima difícil de guerra/crisis económica y agresión extranjera, los venezolanos acudieron a las urnas para elegir a su presidente y sus consejos legislativos regionales. El chavismo ganó claramente en ambas contiendas y el presidente Maduro se aseguró un segundo mandato hasta 2025. La reacción internacional de Estados Unidos y sus aliados ya estaba escrita de antemano, y la cobertura deshonesta de los medios de comunicación mayoritarios ha sido también la esperada. En este artículo veremos cómo transcurrieron las elecciones, cómo funciona el sistema electoral y transmitiremos algunas observaciones tras haber sido testigos directos del evento.

 

El presidente Maduro ganó por un amplio margen, al conseguir casi el 68% de los votos emitidos (6,2 millones), mientras su rival más próximo, Henry Falcón, apenas logró el 21%. En medio de una crisis económica devastadora y una agresión imperialista creciente, esta victoria es realmente significativa, aunque quede muy por debajo de los votos conseguidos en anteriores victorias chavistas y de los 10 millones de votos que Maduro “pidió” durante la campaña (1). Falcón se había distanciado del resto de la oposición, que llamó a boicotear los comicios, pero tras la derrota recuperó la tradición opositora de no reconocer los resultados.

La participación electoral fue del 46%, una cifra históricamente baja ¡para Venezuela! En las elecciones presidenciales más recientes en América Latina, las de Chile y Colombia por poner solo dos ejemplos, la participación fue del 49% y el 48% respectivamente, aunque en estos casos nadie se planteó la posibilidad de cuestionar su legitimidad. Por tanto, si se menciona la baja participación es únicamente porque a Venezuela se la considera (con razón) capaz de superar la participación electoral de los países aliados regionales de EE.UU.

Tuvimos la oportunidad de vivir la votación en el terreno como acompañante electoral, miembro de una delegación internacional, junto con el equipo de Venezuelanalysis. Nuestras observaciones directas fueron un reflejo de los resultados finales. Los barrios populares y de clase obrera, como Catia, El Valle o Petare, tuvieron una participación bastante respetable desde primeras horas de la mañana. Por el contrario, los centros de votación de los barrios de clase media y alta como El Paraíso y Chacao estuvieron poco concurridos.

Discurso de victoria de Nicolás Maduro en el palacio de Miraflores (Foto: Prensa Presidencial)

 

El sistema electoral

 

Dada la cantidad de atención dedicada al sistema de votación venezolano, lo lógico sería que los medios de comunicación explicaran al menos cómo funciona, pero, claro está, eso desacreditaría todas las medias verdades y mentiras descaradas que se publican. Así que, por enésima vez, contaremos cómo funciona:

  • El votante se acerca a la mesa electoral (cada colegio electoral cuenta con varias de ellas) y entrega su cédula de identidad al presidente de la mesa, quien lo introduce en el sistema de autentificación. Luego el votante introduce su huella dactilar para verificarlo. Si estuviera en un centro de votación que no le corresponde, o ya hubiera votado, aparecería un mensaje de error y no podría continuar. (paso 1 del dibujo)
  • A continuación entra en la cabina de votación. El elector escoge su preferencia sobre una pantalla táctil y la opción elegida aparece en la pantalla de la máquina de votación. Si es correcta, confirma el voto. Luego la máquina imprime un recibo en papel con el voto y, si coincide con el voto recién emitido, el votante lo deposita en una urna. (pasos 2 y 3 del dibujo)
  • Por último, el votante se dirige a otro miembro de la mesa electoral que le devuelve su cédula, luego firma e introduce su huella digital en el lugar apropiado del censo electoral (paso 4 del dibujo)
  • Una vez cerrada la votación, la maquina imprime un acta con el recuento final de resultados, que deben firmar todos los miembros del colegio electoral y los apoderados. El número de votantes, por ejemplo, puede cotejarse inmediatamente con el número de firmas del censo electoral o de huellas registradas en la máquina de autentificación. A continuación se escogen aleatoriamente el 54% de las mesas electorales para realizar una “auditoría en caliente”, abierta al público y a los miembros de la misión internacional, los acompañantes electorales, por medio de la cual se cotejan manualmente las papeletas con los resultados electrónicos. Una vez realizado todo esto, los datos se transmiten a la sede central de la Comisión Nacional Electoral (CNE).

Representación gráfica del proceso de votación (herradura electoral) en el centro logístico del CNE en Mariches. Véase descripción detallada en el texto. El paso 5 (tinta indeleble)ya no se realiza pues el sistema de autentificación previene los votos repetidos (Foto: Ricardo Vaz)

Pero eso no es todo. Tanto antes como después de las elecciones se realizan un montón de auditorias (14 en este caso) en las que participan miembros de todos los partidos políticos de la misión de acompañamiento internacional presente. Esta breve explicación muestra por qué no es posible rellenar de votos falsos (el voto es electrónico), votar más de una vez (el sistema de autentificación no lo permitiría y el censo electoral total no coincidiría), ni introducir más votos a distancia en la máquina (las máquinas están desconectadas a Internet excepto en la transmisión final de resultados, además de que el error saldría a la luz en la comprobación final con las papeletas), y así sucesivamente.

Además de todo eso, los cientos de miembros de la misión internacional de acompañamiento han elogiado el proceso, calificándolo de libre e imparcial. Nicanor Moscoso, presidente del Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica (Ceela), insistió en que los resultados tienen que ser reconocidos porque reflejan la voluntad del pueblo.

 

Ridículas acusaciones de fraude e irregularidades

 

La existencia de todas estas comprobaciones y auditorías es la razón por la cual en 20 elecciones, con quejas constantes de la oposición cada vez que pierde, nunca se ha exhibido ni una sola evidencia de fraude (2) (3), lo que no ha evitado que los medios de comunicación repitan una y otra vez estas acusaciones infundadas. Teniendo en cuenta que los miembros de las mesas de cada uno de los miles de colegios electorales son elegidos al azar, que en cada mesa hay apoderados de los partidos de la oposición, y que todos firman el acta confirmando que todo está en orden, clamar que ha habido fraude sin aportar prueba alguna que respalde dicha afirmación es tomar por idiotas a tus seguidores, tus oyentes o tus lectores.

Una de las alegaciones más generalizadas, que pretendía deslegitimizar el proceso, era que algún funcionario del CNE había dicho a Reuters que a las 6 de la tarde la participación era de apenas el 32%. Esto es pura invención, como cualquiera de los cientos de acompañantes internacionales presentes sobre el terreno podrían haber explicado a dichos medios si les hubieran preguntado. El CNE no difunde datos preliminares simplemente porque no tiene acceso a ellos. Solo cuando todas las auditorias (al 54% de los centros) se han completado y un número considerable de colegios electorales han transmitido sus cifras, de modo que los resultados sean irreversibles, solo entonces se comunican los datos.

Así que la acusación caería por su peso aunque hubiera salido de la boca de la propia reina de Inglaterra. Es como si un titular dijera: “Fuentes trogloditas afirman que la Tierra es plana”, una vez que se ha medido la curvatura del planeta. Es dar crédito a afirmaciones arbitrarias sobre una cifra que ya ha sido calibrada y auditada. Y, volviendo a lo dicho anteriormente, dada la gran discrepancia y el gran número de personas implicadas, debería existir al menos UNA prueba de UN colegio electoral en el cual supuestamente se hubiera inflado el recuento final.

En ausencia de pruebas contundentes que respalden la pretensión de fraude, el discurso se reconduce hacia otras “irregularidades”. Aunque solo sea una pequeña muestra de rumores, los testigos de mesa opositores no nos informaron de ninguna irregularidad cuando conversaron con nosotros, aunque es cierto que esperaban una escasa participación de votantes opositores. Algunos se quejaron de que los puntos rojos estaban a menor distancia de los 200 metros estipulados, pero se reían ante la mención de que los votantes pudieran cambiar de opinión o convertirse en zombis ante la visión de los toldos rojos. De hecho, estos puntos rojos han estado presentes en las elecciones de los últimos 20 años, y solían contar con otros similares de la oposición.

Dichos lugares suelen servir como lugar de encuentro para que la gente espere mientras transcurre la votación y, sobre todo, para monitorear la participación de sus propias filas, para comprobar si es necesaria o no una mayor movilización. La idea de que pudieran influir en los resultados, como afirmaron histéricamente Falcón y su equipo y luego repitieron los medios de comunicación, apesta a desesperación. Otras quejas, como las irregularidades en la votación asistida (personas que ayudan a votantes ancianos) son insignificantes en cuanto a su relevancia en las cifras finales.

Uno de los “amenazantes” puntos rojos en Petare (Foto: Ricardo Vaz)

 

Reacción internacional

 

La reacción internacional no supuso ninguna sorpresa puesto que estaba predeterminada desde antes de las elecciones. Tal es el absurdo y la falta de honestidad en lo que toca a Venezuela. Y llegados a este punto no merece la pena distinguir la reacción del Departamento de Estado de EE.UU. de la de sus múltiples corifeos, ya sean los débiles aliados del Grupo de Lima y de la UE, o la propaganda de los medios de comunicación mayoritarios.

Una vez que la delegación opositora de la MUD, supuestamente bajo las órdenes de Estados Unidos, se retiró de la mesa negociadora cuando ya se había logrado un acuerdo con grandes esfuerzos (según el ex primer ministro español Zapatero, que actuó de mediador), Estados Unidos declaró que las elecciones serían fraudulentas e ilegítimas, que no reconocerían sus resultados y toda la cantinela habitual. Y eso es precisamente lo que sucedió tras el triunfo de Maduro, cuando quienes se consideran campeones de la democracia se juramentaron para castigar a Venezuela por el imperdonable crimen de celebrar elecciones.

Hemos dedicado innumerables esfuerzos a desmontar la propaganda de los medios tradicionales sobre Venezuela, y en concreto sobre sus elecciones, pero solo ha sido una pérdida de tiempo. Las personas que quieran informarse realmente sobre Venezuela deberían buscar fuentes que no se limiten a repetir las ideas del Departamento de Estado o reflejar de forma acrítica las alegaciones de la oposición venezolana. FAIR hizo un excelente trabajo al señalar que incluso los titulares de los medios han sido casi unánimes, y que “entre” (“amid“) es su nueva preposición favorita. Es justo decir que entre tanta propaganda, apenas queda nada de periodismo.

Nos sería muy útil retroceder unos meses hasta las elecciones hondureñas. Ahí sí que existieron multitud de evidencias de fraude, que permitieron que una tendencia irreversible se revirtiera para que el presidente titular Juan Orlando Hernández, con el respaldo de EE.UU., lograra la victoria. A pesar de algunas protestas y tímidos llamamientos a la repetición de elecciones, el fraudulento ganador fue finalmente reconocido y todo sigue como si nada hubiera pasado. Aunque no lo crea, Honduras forma parte del Grupo de Lima que tiene la osadía de cuestionar la legitimidad de las elecciones venezolanas.

Si la reacción se hubiera limitado a esta retórica vergonzosa, la cosa no habría supuesto un gran problema. Pero vino acompañada de nuevas sanciones para ahogar económicamente al país. El último paquete de sanciones impuesto por la administración Trump no ha incluido el embargo petrolero propuesto por algunos funcionarios estadounidenses, pero pretende anular la capacidad de Venezuela y PDVSA, la petrolera estatal, para captar y refinanciar deuda.

Tras las sanciones y toda la intromisión, la reacción de Maduro fue la expulsión de los dos principales diplomáticos estadounidenses en Caracas. En todo caso, podemos esperar que Estados Unidos y sus acólitos aprieten cada vez más las tuercas, pues no parece que vayan a olvidar su cruzada de “cambio de régimen” aunque para lograrlo aumenten los sufrimientos impuestos al pueblo venezolano. Frente todas las declaraciones mojigatas según las cuales las sanciones solo pretenden hacer daño “a esas autoridades corruptas que han secuestrado la democracia”, podemos agradecer al ministro de asuntos exteriores británico Boris Johnson su torpe sinceridad:

“La sensación que tengo tras hablar con mis homólogos es que no ven más alternativa que la presión económica, lo cual es verdaderamente triste porque obviamente el inconveniente de las sanciones es que pueden afectar a la población que no quieres que sufra”.

Por tanto, desde una perspectiva internacional, las elecciones no han alterado nada, y quizás hayan acelerado la agresión que estaba en marcha. Pero en el ámbito interno, la situación es diferente. Se han emitido claros mensajes, ya sean los gritos de quienes acudieron a votar como el clamoroso silencio de quienes se abstuvieron de hacerlo: es preciso actuar frente a la actual situación económica, y hacerlo rápidamente. Ya sabemos cuál sería la solución si la derecha recuperara el poder mediante elecciones o cualquier otro medio. La cuestión es saber si, en medio de este asedio internacional, el gobierno bolivariano tiene suficientes recursos y voluntad política para radicalizar su rumbo.

 

Notas

(1) Haremos un análisis más profundo sobre la situación política y económica en el futuro cercano.

(2) Tal vez deberíamos aclarar que no se ha presentado ninguna evidencia creíble. Tras las elecciones de 2013, el candidato derrotado Capriles reunió un “dossier” de pruebas que fue desmontado sin misericordia por su falta de sustancia.

(3) Una posible notable excepción fue la elección a gobernador en el estado Bolívar el pasado octubre. El candidato derrotado Andrés Velázquez denunció públicamente la existencia de actas con resultados distintos a los de la web del CNE, pero el asunto no llegó más lejos, quizás porque socavaba todas las demás alegaciones de fraude sin demostrar.

Foto de portada: Votantes en el barrio de Catia, en el oeste de Caracas (Foto: Ricardo Vaz)

 

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Fuente: Investig’Action