El reconocimiento del gobierno de Estados Unidos a Juan Hernández como presidente demuestra varias cosas

El análisis de Joaquin Mejía Rivera tras la declaratoria del Tribunal Supremo Electoral de Honduras designando a Juan Orlando Hernández como el ganador en las recientes elecciones en Honduras, y el reconocimiento de Estados Unidos a pesar de las numerosas evidencias de fraude.

 

El reconocimiento del gobierno de Estados Unidos a Juan Hernández como presidente demuestra varias cosas:

1. Que si el informe de la OEA se queda en papel mojado quedará evidenciado que de nada sirven las misiones de observación electoral. La de la OEA fue contundente y evidenció un fraude tan evidente que recomendó nuevas elecciones. Si no se tomarán en cuenta las evidencias, no tiene sentido su presencia. Esto sin duda no solamente representa un golpe a la frágil democracia hondureña, sino a la democracia de todo el continente.

2. Que aunque Estados Unidos reconoce que hubo irregularidades en la elección del señor Hernández, para su gobierno es más importante tener un títere o un aliado servil que los valores de la democracia de los que tanto alardean.

3. Que al gobierno de Estados Unidos lo que menos le importa son los derechos humanos y la democracia porque con este reconocimiento avala un fraude electoral y las graves violaciones a derechos humanos cometidas durante la crisis política.

4. Que el gobierno de Estados Unidos pierde una vez más la altura moral para criticar a otros gobiernos como Venezuela, Nicaragua o Bolivia.

5. Que el gobierno de Juan Orlando Hernández haya sido de los pocos países que votaron a favor de reconocer a Jerusalen como capital de Israel en clara violación al derecho internacional, es una pequeña parte del “peaje” que debe pagar a Estados Unidos por esa posición servil. Me pregunto, ¿cómo se sentirá la poderosa comunidad palestina en Honduras?

6. Que aunque el gobierno de Estados Unidos reconoció a este gobierno espurio, la sombra del fraude lo acompañará hasta “el último día” y será el gobierno más débil de la historia democrática formal porque ya perdió legitimidad frente a un importante sector de la ciudadanía, la cual ha visto cómo se ha actuado fuera del marco constitucional y se ha utilizado a la institucionalidad democrática para imponerlo.

7. Que la legitimidad perdida antes, durante y después del 26 de noviembre representa el fracaso político del proyecto continuista a mediano y largo plazo de ese reducido grupo político y económico liderado por Juan Orlando Hernández, quien dentro de muy poco será visto como un paria que le puede causar más perjuicios que beneficios al partido Nacional, cuyos sectores democráticos reconocerán, como lo ha hecho el nacionalista Luis Cosenza Jiménez, que la reelección, “la excesiva concentración de poder en una persona y la supeditación de dos poderes del Estado al Ejecutivo” solo ha debilitado las instituciones y polarizado la sociedad.

8. Que ante la falta de legitimidad, el gobierno de Juan Orlando Hernández tendrá que seguir mostrando su naturaleza más autoritaria y dictatorial para imponerse, lo cual profundizará la grave crisis política y de derechos humanos.

Frente a esta coyuntura política, hago un llamado a la ciudadanía y a sus liderazgos comprometidos con la democracia y los derechos humanos, a que más allá de las posiciones y diferencias políticas e ideológicas, asumamos una posición de altura, pues creo que pese a la oscuridad que parece posarse sobre nuestro país, nos encontramos ante un punto de quiebre que puede ser una oportunidad para impulsar un verdadero compromiso de todos los sectores nacionales e internacionales con el fin de realizar profundas reformas políticas y sociales que permitan reconstruir el tejido social, fortalecer el Estado de derecho y restablecer el sistema democrático.

 

Fuente: Criterio

 

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