El auge de África y la creciente agresividad de Occidente

A principios de agosto de 2013, el Ministerio de Defensa francés presentaba la tercera versión del documento Horizontes estratégicos. El objeto del estudio era el siguiente: “Partiendo de un análisis de las tendencias globales de la evolución del contexto estratégico […] identificar sus consecuencias sobre el posicionamiento de Francia en el sistema internacional durante las tres próximas décadas.”[1]

 

En internet circula también una versión final del proyecto de estrategia de seguridad nacional (2013) de los Estados Unidos. Visiblemente, se trata de un documento de trabajo cuyo objetivo es actualizar el documento actual, titulado National Security Strategy que está publicada desde el año 2010 en la página web de la Casa Blanca.[2]

Ambos documentos tienen en común que parten de un mundo en constante cambio. El documento francés dedica un capítulo entero al “fin de la hegemonía occidental” que califica de tendencia principal en el mundo. Para Washington, está claro que, una vez más, “los Estados Unidos deben prepararse para un mundo multipolar en el que tanto aliados como enemigos podrían desafiarnos”.

Ambos documentos definen una vía por la cual se podría resistir a esta tendencia. Para los estrategas franceses, está claro que “tomando nota de la disminución progresiva de su potencia relativa, los Estados Unidos, que debería centrar de nuevo sus esfuerzos en la zona Pacífico, exigirán a sus aliados europeos que se esmeren más en su entorno estratégico inmediato”. (es decir: África, Europa del Este y Medio Oriente. Y la “interoperabilidad de las fuerzas será crucial entre los europeos, y necesaria con los americanos”.

Una vez más, para los estrategas americanos está claro que los Estados Unidos deben mantener su “superioridad militar, económica y cultural”. “Este es el motivo por el que los americanos deben partir del hecho de que nuestra nación es “la primera entre iguales”.”

 

Un cambio radical en la correlación de fuerzas económicas internacionales

 

“Mientras que Asia y África representarán cerca del 80% de la población mundial y que las economías de los siete primeros países emergentes serán superiores en más de dos veces a las economías del G7[3] durante el cambio de siglo, el peso demográfico y económico relativo de los países de la OCDE[4] seguirá decreciendo (14% de la población en 2040, 43% del PIB mundial en el horizonte 2030)”, dice el informe Horizontes estratégicos

Estas cifras están en la línea de lo que ya había señalado anteriormente este año el informe anual del Programa de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Humano (ver gráfica)

 

Gráfica 1. Evolución de la parte de la producción mundial (1) de Brasil, India y China y (2) de los países occidentales

 

Fuente: PNUD, Informe sobre el desarrollo humano 2013, pág.15. La producción se mide en términos de paridad de poder adquisitivo del dólar de 1990. 

 

Los países del sur han duplicado prácticamente su parte en la producción mundial, de 25% en 1980 a 47% en 2010. Estos últimos 30 años, el comercio entre los países del Sur ha pasado del 10% de los intercambios mundiales al 25%, mientras que el comercio entre los países del Norte ha bajado del 46% al 30% de los intercambios mundiales. En poco tiempo, el comercio Sur-Sur sobrepasará al comercio Norte-Norte. El informe prevé que este auge del Sur continuará e incluso se acelerará durante el siglo XXI. 

África es la segunda región después de Asia del Sur donde el desarrollo humano progresa más rápido”, afirma el informe. La renta por habitante ha aumentado un 5% por año, es decir el doble con respecto a los años 90. Entre los años 2000 y 2012, la esperanza de vida ha aumentado en 5,5 años, cuando se había estancado entre 1990 y 2000. Esto ha ocurrido en un periodo en el que las relaciones con las economías emergentes (sobre todo China) se volvieron más intensas.[5]

Esta evolución da lugar a análisis muy inquietos por parte de Occidente. Por ejemplo, durante el reciente viaje de Obama a África, el diario americano The Global Post sacaba el siguiente titular: “Obama en África: China 1, Estados Unidos 0”.[6] El diario hacía notar que el volumen del comercio de China con África ha pasado de 166,3 billones de dólares en 2011 a 198,5 billones en 2012. Durante este mismo año, el volumen del comercio de los Estados Unidos con África ha bajado, pasando de los 125,8 billones de dólares a 99,6 billones.[7] La página web de negocios Bloomberg constataba con pavor que China tiene más de 150 agregados comerciales en África, mientras que los Estados Unidos no tienen más que… seis.[8]

 

El mito del imperialismo chino

 

Desde hace algunos años, China es el primer socio comercial de África. Mucho ven allí la prueba de un nuevo imperialismo, chino esta vez, en África. Es indudablemente cierto que la presencia en África de empresas privadas chinas está unida a todo tipo de formas de explotación, como puede esperarse, por ejemplo, de parte de empresas privadas locales que funcionan según los principios del mercado libre.

Por otra parte, existen diferencias culturales que provocan tensiones. Pero por lo general las historias sobre adquisiciones masivas de tierras agrícolas, explotación a bajo precio de las materias primas y demás, no son más que mitos, aunque parezcan argumentos de peso. Una persona se dedica desde hace años a confrontar sistemáticamente estos mitos con la realidad: Deborah Brautigam, profesora y directora del programa de desarrollo internacional de la Universidad John Hopkins en Washington. En su página web China in Africa: the real story[9] hace regularmente buena cuenta de este tipo de leyendas. Una visita a su página web contribuye a disipar muchos malentendidos y otras invenciones. 

Es demasiado fácil calificar de imperialismo al comercio creciente entre China y África. Lenin cita tres características sobre los aspectos internacionales del imperialismo como sistema: “la exportación de capitales, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particular”; “la formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo”, y “la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes”.[10]

Lenin hace la distinción entre el comercio (exportación e importación de mercancías) y la exportación de capitales. En lo que respecta al comercio, conviene señalar el creciente excedente comercial positivo de África. En 2012, África exportaba por un total de 113 billones de dólares hacia China e importaba por un total de 85,3 billones de dólares. Cerca de la mitad de los productos importados de China son mercancías útiles para el desarrollo económico (vehículos, máquinas, generadores y otros).

No obstante, cuando hablamos de base económica de la dominación imperialista, se trata de exportación de capitales bajo la forma de préstamos o inversiones directas en el extranjero que confiere a las empresas multinacionales y los bancos un poder directo sobre la economía de otro país.

Que África se desangra las venas para devolver las deudas que contrajo con Occidente es algo muy conocido. Esta deuda africana se creó en los años 70 y 80 del siglo pasado y hace ya tres décadas que está siendo utilizada por el FMI como pretexto para imponer a la mayoría de gobiernos africanos medidas ultraliberales en beneficio de las empresas multinacionales de Occidente.

Los nuevos préstamos chinos son a menudo de carácter concesional (sin beneficios inmediatos), o bien se efectúan siguiendo un guión que en los hechos equivale a un trueque (petróleo o cobre a cambio de trabajos de infraestructura). China también condona deudas con frecuencia, y ello sin condiciones.

El FMI, en cambio, vela con cuidado para que los países africanos con deudas elevadas “no puedan en ningún caso contraer nuevas deudas”. En resumidas cuentas, en el plano de la exportación de capitales mediante préstamos, Occidente tiene sujetada a África entre la espada y la pared desde hace tiempo, y por mucho que quisiera China, hasta el momento actual no tiene la menor posibilidad de convertirse en candidata imperialista. 

Mediante la exportación de capitales bajo la forma de inversiones directas en el extranjero, las empresas multinacionales tienen propiedades en otros países. Aquí también, resulta que China está a un nivel muy inferior al de Occidente. 

A finales de 2011, el valor acumulado de las inversiones en África se clasificaba así: Francia poseía 58 billones de dólares, Estados Unidos 57, Gran Bretaña 48, Malasia 19, Sudáfrica 18, y después vendría China con 16 billones y la India con 14 billones[11].

Estas proporciones también se mantienen cuando se examinan las inversiones anuales entre 2003 y 2009.[12] En el caso de China, la exportación de capitales aún está poco desarrollada, si se compara con la exportación de mercancías. 

 

Los gobiernos occidentales son los defensores directos de los intereses de los bancos y las empresas multinacionales

 

Contrariamente a China, los gobiernos occidentales intervienen como defensores directos de los intereses de sus bancos y empresas multinacionales en África. 

La injerencia política y militar de los Estados Unidos y de Europa en África presenta un contraste notable con la política del gobierno chino que se apoya en el respeto recíproco de la soberanía, la no-injerencia en los asuntos internos de otro país, la igualdad y el beneficio mutuo. 

Cuando Occidente bombardea Libia por todas partes o derroca al presidente Gbagbo en Costa de Marfil, vemos importantes delegaciones de hombres de negocios ir a recoger su botín en compañía de sus respectivos ministros de asuntos extranjeros. Pero incluso en tiempos de paz relativa, las empresas multinacionales occidentales reciben una sólida protección bajo la forma de presiones políticas y diplomáticas y garantías militares. Estas actividades son desveladas muy claramente en el libro Cazadores de materias primas de Raf Custers que desmenuza la manera con la que los gobiernos canadiense y norteamericano realizan todo tipo de presiones e injerencias imaginables para defender los intereses de sus respectivos gigantes mineros First Quantum y FreeportMcMoran.[13]

 

¿Qué ocurre cuando un banco chino hace una importante inversión en África? En 2008, cuando el gobierno congoleño se atrevió a cerrar el famoso contrato con China que preveía una inversión de 9 billones de dólares (3 billones en la explotación minera y dos líneas de crédito de 3 billones para la construcción de rutas, hospitales, escuelas…) a devolver con el cobre y el cobalto que producirá el proyecto minero, aquello desató una tormenta de cólera e indignación en Occidente.

Esta cólera y esta indignación se tradujeron en dos años de chantaje por parte del FMI, teniendo como resultado la supresión de una línea de crédito de 3 billones de dólares y la obligación para el Eximbank chino, que financia la inversión, de tener que hacerlo sin la menor garantía, asumiendo todos los riesgos, cosa que no haría ningún banco capitalista. Por supuesto, ello ha causado un retraso enorme en la ejecución del conjunto del proyecto.

Cinco años más tarde, no se han ejecutado más que 458 millones de dólares de trabajos de infraestructura. Pero ni un solo kilo de cobre o cobalto ha sido entregado a cambio. Cuando el Eximbank chino quiso recuperar como garantía de toda la operación el 32% de parte que posee el Congo en el proyecto minero, ello fue rechazado, y hoy las negociaciones prosiguen. Sencillamente, no existen chantajes, amenazas o presiones militares por parte del gobierno chino.[14]

 

El siglo XXI será el de la emergencia de China

 

La modificación de la correlación de fuerzas internacional hace que las élites africanas se atrevan en mayor medida a levantarse contra los antiguos maestros coloniales. Por ejemplo, el presidente sudafricano Zuma declaró lo siguiente, en una entrevista concedida al Financial Times: “Si seguís tratando África como una antigua colonia, la gente se orientará hacia nuevos socios que los tratarán de otra manera.”[15]

Después de siglos de tráfico de esclavos, colonización, guerras coloniales, dictaduras neocoloniales, injerencia y golpes de Estado al servicio de los intereses occidentales, los dirigentes africanos tienen ahora la posibilidad de elegir socios que los traten de igual a igual. Además, pueden poner a los múltiples nuevos socios y a los antiguos maestros los unos contra los otros, con el fin de obtener mejores condiciones para el desarrollo económico de su país. Tienen así la oportunidad de retomar el curso de los años 60, la época de los grandes nacionalistas y anticolonialistas africanos y posicionarse de forma más independiente.

El embajador de la República Democrática del Congo en Bruselas, Henri Mova Sakanyi, que al mismo tiempo es un brillante universitario y profesor de relaciones internacionales, escribe lo siguiente sobre la cooperación sino-africana: “África posee el 30% de las reservas de materias primas […] El continente ofrece un enorme potencial en fuentes de energías renovables. La producción agrícola de África representa el 66% del cacao, el 40% del aceite de palma, etc.” Sakanyi concluye diciendo que “el siglo XXI será el de la emergencia de África”.[16]

 

Notas:

[1] Delegación de asuntos estratégicos, Horizontes estratégicos, Ministerio de Defensa, 5 de agosto de 2013.
[2] Universidad de Texas, Austin, National Security Strategy 2013
[3] El G7 reúne los países siguientes: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Japón, Canadá e Italia.   
[4] 34 de los países más industrializados son miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). 
[5] PNUD, Informe sobre el desarrollo humano 2013. El crecimiento del Sur: el progreso humano en un mundo diversificado. 
[6] Erin Conway-Smith, « Obama en África: China 1, Estados Unidos 0 », The Global Post, 1 de julio de 2013.
[7] Ibíd. 
[8] « La oportunidad para Obama de aumentar las inversiones estadounidenses en África », Bloomberg, 7 de julio de 2013. 
[9] Deborah Brautigam, http://www.chinaafricarealstory.com. 
[10] El imperialismo, fase superior del capitalismo [1916], cap. 7, Obras Completas, tomo 22, pág. 287. 
[11] Conferencia de Naciones Unidas sobre el comercio y el desarrollo (UN Conference on Trade and Development, UNCTAD), El crecimiento de las inversiones extranjeras directas de los BRICS y África, 25 de marzo de 2013. 
[12] « Recursos para las Infraestructuras: el papel de China en el nuevo panorama de los negocios de África », The China Analyst, septiembre de 2011. La segunda gráfica indica las inversiones directas al año.  
[13] Raf Custers, Cazadores de materias primas, Investig’Action, capítulo 7. 
[14] Johanna Jannson, « El acuerdo Sicomines revisado: bancos chinos prudentes y empresas chinas que arriesgan », Review of African Political Economy, Roskilde University, Dinamarca, 1 de marzo de 2013, pág. 157. 
[15] Jacob Zuma, « Zuma avisa a las grandes “empresas” coloniales », The Financial Times, 3 de marzo de 2013. 
[16] Henri Mova Sakanyi, « China en África: gramática de un desplazamiento geopolítico », Dounia no 3, septiembre de 2010, págs. 117-118.

 

Traducido del francés por la Asociación Jaime Lago

Fuente : este texto es una versión reducida de un artículo publicado en la Revue d’Etudes Marxistes

 

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