El atentado es contra el pueblo

El análisis de Mario Silva para Misión Verdad sobre la tentativa de asesinato del Presidente Maduro el pasado sábado, 4 de agosto.

 

Acto primero

 

7:47 pm, agosto 4

Primer tuit publicado por Patricia Poleo, anunciando que “en minutos” estaría leyendo el comunicado de los terroristas.

8:43 pm, agosto 4

Lectura del comunicado a través de YouTube, por parte de una Patricia Poleo febril y convencida de ser la portavoz “libertaria” de los terroristas. Sólo que algo no calza en el contenido de ese comunicado, y la emoción no le permite a Patricia Poleo percatarse de ello: el atentado falló, y el comunicado fue elaborado antes del acto terrorista. Su contenido se traduce en un supuesto llamado “a la calma”, “civiles y militares actuando y movilizaciones que se estarían produciendo”.

Pero la realidad es otra: absoluto control por parte de la seguridad presidencial, movilización inmediata de los organismos de seguridad del Estado, las primeras capturas se van produciendo y un pueblo rodilla en tierra rechazando el atentado.

Patricia Poleo no sabe el daño que le ha hecho a la política reiterada de manipulación de los medios internacionales y nacionales, que venían negando y burlándose sistemáticamente de las denuncias que venía haciendo el presidente Nicolás Maduro.

¿Ahora qué?

Han pasado dos días (al cierre de esta nota) del atentado terrorista. Todos los titulares de medios españoles, mayameros, colombianos, la pléyade de diarios latinoamericanos y europeos, no pasan de hacer una tímida reseña que titulan, invariablemente, de “supuesto atentado”. Sus contenidos no dejan de incluir el anuncio hecho por Patricia Poleo, ¿cómo hacer para obviarlo?

Acá en Venezuela, igual. Los laboratorios nacionales, dependientes de la basura manipuladora de las transnacionales mediáticas, sólo sacaron titulares escuetos, apegados a las declaraciones que hizo el presidente Nicolás Maduro pocas horas después del atentado terrorista, y las declaraciones de los funcionarios que adelantan las investigaciones. Apenas en Aporrea, portal de la web que adversa a la Revolución Bolivariana, publicó algunos artículos de opinadores envenenados que, en su lógica de negación permanente, se les ocurrió la terrible estupidez de poner en duda el atentado terrorista. Repito: terrible estupidez, porque ni siquiera a la oposición fascista se le ha ocurrido, hasta ahora, negar el acto terrorista, so pena de acusar a Patricia Poleo de “espía chavista”.

 

Plan desesperado

 

Desde que el presidente Nicolás Maduro hizo los primeros anuncios en el área económica, en lo inherente al respaldo o anclaje del bolívar con el Petro y, sobre todo, la inclusión en el Banco Central de Venezuela de una cantidad determinada de nuestras reservas petroleras, hubo una reacción de pánico en la oligarquía colombiana; no sólo porque les desmontaría las operaciones desestabilizadoras en contra de nuestro cono monetario, sino, mucho más grave, porque la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro saben que sería el principio del fin de la efectividad devastadora de la guerra económica y que, al menos, se frenaría buena parte de sus efectos en la cotidianidad de nuestro pueblo.

En consecuencia, debían actuar a cualquier costo y lo más rápido posible. De nuevo, e igual al golpe del 11 de abril de 2002, a la inteligencia norteamericana le siguen informando muy mal, subestiman nuestra capacidad de reacción y no terminan de entender que nuestro pueblo está íntimamente ligado al espíritu del Comandante Hugo Chávez, y no aceptará jamás ninguna solución que lo desvincule de ese sentimiento.

El plan es tan simple como absurdo: matar al Presidente, movilizar a los factores violentos (de nuevo se confirma su entrenamiento con sujetos vinculados al paramilitarismo colombiano), crear el caos, instalación de un “gobierno de transición” que llame a una fuerza multinacional dirigida por el Comando Sur para una “ocupación humanitaria” e instalación de una junta de gobierno fascista con asesores gringos. ¿En qué se equivocan? ¿Qué es lo que no terminan de digerir? En la existencia de un pueblo que está decidido a resistir y colmaría hasta el último rincón de nuestra Patria. Nada más y nada menos.

 

Qué estamos esperando

 

Hay varios puntos que no podemos dejar pasar.

El primero de ellos es que, independientemente de la capacidad de diálogo que ha reiterado hasta la saciedad el Gobierno revolucionario, éste no puede ni debe dejar pasar un hecho claro: que hay grupos terroristas movilizados y entrenados para matar. Es decir, hay la intención de asesinar y ejecutar acciones criminales en contra del pueblo. Si se atrevieron a planificar la muerte del presidente Nicolás Maduro, no tendrán paz con la miseria en su intención de exterminar todo lo que huela a chavismo. Aquí no se trata de “presos políticos” ni políticos presos; se trata de criminales a los que hay que perseguir, apresar y aplicarle condenas que no tengan ningún beneficio procesal.

En segundo lugar, hay que perseguir, apresar y penalizar a todos aquellos que estén instigando al magnicidio o a crímenes en contra de personas de cualquier tendencia política, tanto públicamente, como por radio, televisión, medios impresos o redes sociales. Esa siembra del odio a través de las redes sociales que, en apariencia, proceden de enfermos o disociados, deben tener consecuencias penales, sin excepción, sea quien sea. De igual manera, el asedio a personas en sitios públicos o en sus hogares.

En tercer lugar, muy importante, ¿cuánto más debemos esperar a que se cierre la frontera con Colombia? Un gobierno que se pronuncia abiertamente enemigo, que ejecuta operaciones financieras y en donde se planifican operaciones terroristas contra nuestro pueblo, que está directamente involucrado en el magnicidio frustrado del pasado 4 de agosto contra nuestro presidente Nicolás Maduro, que vive del contrabando de combustible, que nos roba el cono monetario en abierta conspiración contra el bolívar, que se lleva buena parte de los alimentos y medicinas necesarios para nuestro pueblo, que mantiene mafias paramilitares operando dentro de nuestro territorio y no ha movido un dedo para evitarlo, no puede mantener relaciones con nuestro país.

No se trata de xenofobia, no se trata de exacerbar sentimientos chovinistas. Es una realidad y estamos obligados a defendernos. Hay una agresión permanente y estamos obligados a responder.

Decía Bolívar en la Convención de Ocaña en 1828: “El crimen ostenta carácter, mientras que la moderación además de verse como debilidad, insolenta a las bestias”.

No podemos repetir Santa Marta. Al enemigo, ¡ni agua!

 

Fuente: Misión Verdad