Desmond Tutu, adiós a un ícono de la lucha contra el apartheid

El arzobispo y premio Nobel Desmond Tutu ha muerto a los 90 años. Tutu fue contemporáneo de Nelson Mandela y desempeñó un papel destacado en la lucha contra el régimen del apartheid en Sudáfrica. También habló de otras injusticias en el mundo y advirtió sobre el calentamiento global.


 

Tutu era hijo de un director de escuela y de una empleada doméstica. Siguió los pasos de su padre y se ordenó sacerdote en la Iglesia Anglicana en 1961. Completó sus estudios de teología en Inglaterra. Durante una estancia en Estados Unidos se convirtió en un adepto de la Teología de la Liberación, una teología en la que la lucha contra la injusticia es fundamental.

Se resistió ferozmente al régimen del apartheid. A finales de la décad de 1970 pasó al primer plano de esta lucha de liberación y comenzó a hacerse famoso en todo el mundo.

Tutu era un hombre elocuente, carismático y emotivo, con un gran sentido del humor. En 1984 recibió el premio Nobel de la Paz. Fue despreciado por los círculos reaccionarios, pero gozó de un enorme respeto y popularidad en todo el mundo. En 1986 fue nombrado arzobispo de Ciudad del Cabo.

Tutu recibió a Mandela, líder de la lucha contra el apartheid, en su residencia de Ciudad del Cabo la noche de su liberación en 1990. Como jefe de la Iglesia Anglicana, desempeñaría un importante papel en el periodo de transición tras la abolición del apartheid.

Tutu mantuvo la Iglesia y el Estado estrictamente separados y, por tanto, se mantuvo alejado del Congreso Nacional Africano, el partido de Nelson Mandela. Sí compartía la visión de Mandela de una sociedad multirracial en la que todas las comunidades convivieran sin rencor ni discriminación. Una visión que describió con el término “nación arco iris”.

En 1994 Mandela fue elegido presidente de una Sudáfrica libre. Pidió a Tutu que presidiera la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR). Esta comisión organizó las controvertidas y emotivas audiencias sobre las violaciones de los derechos humanos durante la época del apartheid.

A finales de la década de 1990, Tutu sufrió un cáncer de próstata. A pesar de su enfermedad, siguió interesado en los asuntos mundiales y utilizó su enorme prestigio moral para ello. En 2003 condenó enérgicamente la invasión de Irak por parte de Estados Unidos y sus aliados. Años más tarde incluso se negó a compartir escenario con Tony Blair, que era primer ministro de Gran Bretaña cuando se produjo aquella invasión.

Tutu comparó la situación de Israel con el régimen del apartheid en Sudáfrica. “La humillación de los palestinos les suena familiar a todas las personas sudafricanas negras que fueron detenidas, acosadas, insultadas y maltratadas por las fuerzas de seguridad del gobierno del apartheid”. Tutu encabezó una misión de investigación de la ONU para investigar el ataque israelí a Gaza en noviembre de 2006. Diecinueve palestinos murieron en ese ataque, entre ellos siete niños. Israel le negó el permiso para entrar en Gaza, pero finalmente pudo viajar a la zona asediada a través de Egipto.

En 2014 Desmond Tutu declaró su apoyo al movimiento internacional de boicot, sanciones y desinversión (BDS) como medio pacífico de oposición a la ocupación israelí. “Aquellos que siguen haciendo negocios con Israel, que contribuyen a una sensación de ‘normalidad’ en la sociedad israelí, hacen un flaco favor al pueblo de Israel y Palestina. Contribuyen a perpetuar un statu quo profundamente injusto”.

Dentro de la Iglesia instó a la ordenación de mujeres y se opuso firmemente a la discriminación de los homosexuales. Debido a esa discriminación, se sentía “avergonzado de ser anglicano”. El día que cumplió 85 años hizo un notable discurso a favor de la eutanasia.

En 2015 Tutu lanzó una petición en la que instaba a los líderes mundiales a crear un mundo alimentado por energías renovables en un plazo de 35 años. Describió el cambio climático como “uno de los mayores retos morales de nuestro tiempo”.

Mandela escribió en su autobiografía: “Aquí había un hombre que había inspirado a toda una nación con sus palabras y su valor, que había revivido la esperanza del pueblo en los tiempos más oscuros. Su voz siempre será la voz de los que no tienen”.

 

Traducido del neerlandés por Sven Magnus para Rebelión

Fuente: De Wereld Morgen