Cuba y la lucha geocultural

A pesar de los más de 50 años sometidos a un bloqueo económico criminal, con múltiples intentos de colonización, invasión y violación por parte de los Estados Unidos, Cuba logró mantenerse firme y victoriosa en su irresoluta voluntad de ser libres, desarrollando sus propios modelos políticos, educativos, científicos, técnicos y de toda índole, para satisfacer las necesidades de su pueblo, logrando una posición destacada en Nuestra América.

 

Pero la importancia más grande de Cuba, se encuentra en el ámbito simbólico, en lo que ha representado para la historia en el imaginario de los pueblos del mundo, como testimonio viviente de la existencia del imperialismo, posicionándose como un centro histórico de resistencia heroica sin igual. Su bandera, sus calles y vehículos de otras épocas, han sido sinónimo del sacrificio inexpugnable de un pueblo por su dignidad, libertad e independencia.

La imagen vívida del sacrificio material de un pueblo, por la defensa de su independencia desde una dimensión espiritual, así como un inagotable ejemplo de valentía al desafiar de manera constante al más grande los imperios del mundo a solo 166 kilómetros del él, desde sus propias entrañas, sin duda alguna, han sido fuente de inspiración a la moral revolucionaria en cualquier parte del mundo. Si en el marco de lo simbólico podría existir “una meca de los revolucionarios”, sería Cuba.

Por eso es sumamente preocupante el impacto que la industria cultural norteamericana está teniendo en el proceso de redefinición semiótica de Cuba en el imaginario del mundo, lo cual claramente es un interés estratégico de Estados Unidos en el contexto de la guerra geocultural, para retomar su liderazgo en latinoamérica y el caribe, como elemento esencial de su hegemonía.

Muy pertinente recordar a Ludovico Silva cuando nos advierte sobre la guerra subliminal, afirmando que es el medio por el cual “se apoderan del preconsciente y el inconsciente de la gran masa humana y la someten a sus caprichos, creándoles necesidades artificiales y formándoles una imagen del mundo que es en todos sus puntos leal al sistema de la explotación, el sistema del Capital, las furias del interés privado» (1).

Para este fin, la industria cultural se ha volcado a la construcción de un mensaje omniabarcante científicamente planificado, cuyo objetivo pareciera ser, como mínimo, la erradicación de la Cuba icónica revolucionaria del imaginario del mundo.

El sustento real de este análisis, es accesible a cualquier persona que haga vida social en la cotidianidad, que tenga acceso a los medios de comunicación y a la música que ’está de moda’. Basta con mirar los artistas internacionales y emblemáticos del sistema capitalista (Marc Anthony, Enrique Iglesias, Pitbul, entre otros) que han realizado producciones con agrupaciones cubanas en los últimos meses, y además cuales son los mensajes que han predominado en dichas producciones.

En el caso particular de este artículo, nos centraremos en el análisis del planteamiento musical de la agrupación cubana Gente de Zona con la participación estelar de Marc Anthony, denominada La Gozadera, cuyo video musical de esta canción se desarrolla en una calle de La Habana Vieja, en Cuba.

“LA GOZADERA”

En esta propuesta audiovisual, se puede observar el planteamiento de una “Nueva Cuba” dicharachera, pero supeditada a los designios norteamericanos, con la lamentable reducción de la riqueza y diversidad cultural latinoamericana a “comer arroz con habichuelas” y bailar bien reggaeton. Como algunas frases destacadas se pueden mencionar, la afirmación reiterada de que “Miami, me lo confirmó”, así como la frase “Ahora sí, nadie nos saca de aquí”, pronunciada casi al final, lo cual ’casualmente’ ha sido el anhelo histórico de Estados Unidos..

El desfile de banderas latinoamericanas en el video musical, la preponderancia de la bandera de EEUU, así como la mención de todos los países de América Latina en la canción, nos revela el objetivo de la producción, en un tono de “acercamiento”, reconocimiento e identificación cultural, bajo la tutela de Estados Unidos, y en el claro contexto de la axiología del capitalismo.

Esto tiene coherencia con la intencionalidad de fortalecer la imagen de los países caribeños como los ’reggaetoneros’ del mundo, pero no en el reconocimiento de los valores de la cultura local, sino en el marco de los valores e intereses ’universales’ de la industria cultural: la droga, el consumo, la prostitución, el alcohol; los cuales sí dejan graves consecuencias locales: el embarazo precoz, la violencia contra la mujer, la destrucción de sociedades enteras.

Esto nos sumerge en el debate de cómo la industria cultural se apropia de los ritmos y códigos populares latinoamericanos para hacer más eficiente su proceso de alienación, ampliar su beneficio económico, y desarrollar la resignificación de los mismos en el marco de su ’universalización’. Por eso vemos que el reggaeton, emanado originalmente de la culturalidad caribeña y asociado en sus inicios a mensajes de reivindicación social, termina convertido en lo que se conoce hoy en día.

Debemos advertir y actuar con celeridad, porque consiste en la reafirmación del rol que nos quieren dar en el mundo quienes lo gobiernan, ya que mientras estemos sumergidos en “la gozadera” es de suponer que no estaremos pendientes de defender nuestros recursos, de hecho, nisiquiera nos percataremos cuando se los lleven.

¿El PANAMERICANISMO DEL SIGLO XXI?

Existe una necesidad incuestionable por parte de Estados Unidos, de fortalecer su hegemonía en Nuestra América, como garantía de estabilidad económica, política y social, en un convulsionado contexto de transformaciones geopolíticas. La fortaleza de un imperio esta determinada por el grado de dependencia que gira alrededor de él, y aún más en el contexto de guerra de cuarta generación, depende de su dominio geocultural.

Sin duda alguna, la estrategia norteamericana de recuperar un rostro amable desde el ámbito de la representación, a través de una nueva y apabullante conquista cultural, en la que los “latinos” serían los protagonistas, proponentes de una “nueva cultura contemporánea panamericana”, tutelada por los valores del capitalismo, en el que nuestro rol y significación claramente está orientado hacia el hedonismo y la inmadurez perpetua.

En este contexto, pareciera que estamos frente a una nueva propuesta de “Panamericanismo del siglo XXI”, que toma elementos de una interculturalidad controlada y se apoya en la industria cultural, para la construcción de un nuevo escenario de legitimación cultural del capitalismo, y su consagración en el imaginario social latinoamericano.

En este “Panamericanismo 2.0”, Marc Anthony, Enrique Iglesias y otros, harían el papel de ’embajadores culturales’ que cual profetas, legitimados por el sistema, vendrían a nuestras tierras a ’validarnos’ y proyectarnos, mientras que nuestros nuestros proponentes ’originarios’, serían los operadores culturales sublimados y alienados, con propuestas aparentemente propias, que no lo son en absoluto.

Cabría preguntarse, si nos conviene esta “hermandad tutelada” y si esta es la identidad latinoamericana que nosotros queremos proyectar.

NO SE PODRÁ GANAR LA BATALLA POLÍTICA, SI NO SE GANA LA BATALLA SIMBÓLICA

La lucha en el ámbito geocultural, está en pleno desarrollo. La construcción de nuevos significados y significantes culturales, asociados a intereses geopolíticos, es una necesidad real del sistema imperial para legitimarse e imponerse.

La dominación por alienación ha demostrado ser la más eficiente para conservar el poder, puesto que al dominado no percatarse de su condición, es neutralizada así su cualidad revolucionaria, y la vocación de resistencia intrínseca que genera la dominación por la fuerza.

En el ámbito de los campos de representación ideológica asociados al orden geopolítico, es importante considerar a Ludovico Silva cuando plantea que “todo examen de los rasgos específicos de nuestro subdesarrollo cultural debe relacionar este con las leyes del capitalismo mundial, que exigen la existencia de una periferia ideológica dependiente, culturalmente sumisa a los valores propios del sistema” (2)

En este caso, se trata de la reafirmación de una periferia ideológica latinoamericana, de la cual vale destacar que Cuba no formaba parte desde el auge de su Revolución, hasta que Estados Unidos decidió cambiar su estrategia de dominación. Y vaya que Cuba, tiene un impacto muy significativo, razón por la cual, lejos de considerarse como ganancia para los países de Nuestra América y del mundo, esto podría representar una pérdida trascendental.

La fuerza con la que están impactando constantemente los medios de comunicación en el condicionamiento psicológico y cultural de nuestros pueblos, y la generación de plusvalía ideológica (3), es algo que irremediablemente empuja a la masa social hacia la materialización concreta del sistema en la realidad. Los medios generan en la mente de las personas la idealización del escenario que éstas luego van a construir en la sociedad, para la cual van a actuar de manera consciente e inconsciente.

La desaparición de íconos representativos de la propuesta revolucionaria y socialista, hará imposible la profundización y multiplicación de estas realidades a nivel planetario, la idea y el pensamiento precede a la acción, y es sumamente complejo construir algo que no se ha imaginado, modelado y no se tiene ejemplo representativo en el mundo.

Para quienes consideren este analisis como una alerta exagerada por la banalidad de lo que representa una canción (la cual no obedece a un hecho aislado), es importante que sepa que habemos quienes estamos cansados de ver cómo las realidades políticas y económicas más complejas, se construyen desde el ámbito más banal y superficial de la sociedad, desde el día a día, las imágenes que vemos a diario, la música que escuchamos, y sobre todo aquella a la que no solemos prestarle mucha atención.

Dentro de las múltiples batallas que debemos dar, no es prescindible la batalla por la definición de nosotros mismos y de lo que queremos proyectar al mundo, de acuerdo a lo que nos es culturalmente conveniente. Nuestras definiciones estéticas deben dejar de responder a intereses foráneos y deben ser un elemento de rescate y resistencia contra-hegemónica geocultural. La interpretación y definición de nuestros rasgos y valores son un elemento esencial para nuestra propia existencia.

Notas:

1 Silva, L. (1978) Teoría y Práctica de la Ideología. Editorial Nuestro Tiempo. Ciudad de México.

2 Ídem

3 Ídem

Fuente: www.investigaction.net