Asalto a la Embajada venezolana en Washington, amenaza contra el multilateralismo

Con el apoyo del Departamento de Estado USA, la oposición venezolana anunció que tomará el control de la Embajada de Washington esta semana. Inmediatamente, un grupo de solidaridad se reunió en la embajada e hizo una declaración basada en los derechos y la soberanía de Venezuela bajo la Convención de Viena. Ha sido firmada por 1.200 personas en pocos días.

 

Esta declaración está firmada por un Colectivo de Protección de la Embajada, que se formó rápidamente al reunir a varios grupos pacifistas, entre ellos Answer Coalition, Codepink y Popular Resistance. Un día antes de la agresión anunciada, Kevin Zeese, uno de sus portavoces, explicó que los miembros del colectivo «no se sienten intimidados porque no están infringiendo ninguna ley». Además, en otro mensaje, Zeese recordó que un intento del Departamento de Estado significaría una «violación del derecho internacional», y que los arrestos de miembros del colectivo serían «ilegales» y susceptibles de enjuiciamiento legal, ya que permanecen con la autorización de las autoridades venezolanas. Ante el temor de una acción inminente por parte de las fuerzas del orden, el colectivo convocó a activistas por la paz en todo el país para que se unieran y defendieran a la embajada durante todo el fin de semana. 

 

Desde principios de año, estos ataques, que buscan privar al gobierno de Nicolás Maduro de sus redes diplomáticas en el extranjero, se han intensificado al apostar por el efecto que estas acciones tendrían en la escena internacional. Hace dos meses, el 23 de febrero, algunos miembros de la oposición venezolana intentaron en vano expulsar a Claudia Salerno, embajadora de Venezuela en Bruselas, después de reivindicar la legitimidad de Juan Guaido y sus representantes. Esto sucedió la misma semana en que se produjeron otros dos ataques contra la Embajada de Venezuela en Costa Rica y Ecuador. En marzo pasado, el representante de Guaidó ya había tomado el control del consulado venezolano en Nueva York y de dos edificios pertenecientes al Ministerio de Defensa venezolano.

A diferencia del caso europeo, en el que las acciones para derrocar el derecho internacional en el suelo de los países afectados serían percibidas negativamente por las autoridades, preocupadas por su imagen ante la opinión pública (1), la visión trumpista del mundo que prevalece en los Estados Unidos busca desafiarlo abiertamente a través de provocaciones incesantes. La detención de Julian Assange, después de que el gobierno ecuatoriano decidiera revertir el asilo que le había concedido durante siete años en su embajada en Londres, demuestra que Estados Unidos está decidido a destruir el sistema legal internacional aprovechando las grietas que existen dentro de los países. Así, el término «aliado» ha perdido todo su significado en el contexto actual, y la obediencia ciega se convierte en el valor supremo. El diálogo, la mediación, la escucha, el intercambio de puntos de vista y el respeto por los demás, que son una garantía de civilidad, se botan a la basura sin miramientos. La visión de Trump surgida del mundo empresarial está en línea con la defensa de los intereses de Estados Unidos. Pero, como nos recuerda sabiamente el refrán español, la urgencia siempre ha sido mala consejera…

 

Salida de la OEA y nuevo aliento para los países no alineados

 

Esta toma simbólica debía producirse poco antes de que Venezuela abandonara la Organización de Estados Americanos (OEA), como estaba previsto en la agenda de este sábado, 27 de abril. De hecho, en 2017, la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, expresó su voluntad de abandonar esta organización después de múltiples intentos de excluir a este país, que en cada ocasión resultaron en un voto insuficiente de sus países miembros. Durante las sesiones especiales del Consejo Permanente de la OEA, la agenda unilateral anti-Venezuela de su Secretario General, Luis Almagro, sufrió muchos contratiempos, destacando su activismo casi obsesivo a favor de los intereses estadounidenses. El 10 de abril, el reconocimiento de un nuevo «embajador venezolano ante la OEA» enviado por Guaido, provocó una vez más el rechazo de una docena de países miembros.

Este 27 de abril será también la ocasión para un día de movilización por el chavismo y la oposición, por razones opuestas. Los primeros lo convertirán en un día de resistencia y defensa de la soberanía nacional, mientras que los segundos celebrarán un paso adelante en la arquitectura de su gobierno paralelo, apoyado por una frágil muleta de oro made in Washington. El país ha estado bajo un asedio cada vez más estrecho desde que el presidente Obama firmó un decreto en enero de 2015 que considera a Venezuela como «una amenaza extraordinaria para la seguridad de Estados Unidos» (2).

Las sanciones impuestas a los funcionarios venezolanos y la confiscación de 11.000 millones de dólares pertenecientes a CITGO, la filial de PDVSA con sede en Estados Unidos, son una continuación de la única y misma política exterior de Estados Unidos, llevada a cabo desde la famosa doctrina Monroe: dominar a los países latinoamericanos impidiéndoles forjar vínculos de cooperación entre ellos y con otras potencias.

Hasta ahora, la receta de EEUU para un golpe de Estado en Venezuela se ha enfrentado a una realidad tozuda: el apoyo del pueblo a su tradición de independencia política, encarnada hoy en las fuerzas armadas bolivarianas. La acción fuera de la ley de este sector golpista de la oposición venezolana en el exterior, sobre todo en suelo norteamericano, podría desencadenar así un nuevo impulso de solidaridad con Venezuela.

Pero el recuerdo de los años setenta también debería alertarnos. Bajo el Plan Cóndor, la persecución y el asesinato de opositores políticos, particularmente el Chile de Allende, por parte de los agentes de Pinochet había cruzado las fronteras antes de que la administración estadounidense decidiera frenarlos. El 21 de septiembre de 1976, un atentado con coche bomba tomó por blanco al ex embajador y ministro de Allende, Orlando Letelier, quien fue asesinado en las calles de Washington junto con su asistenta. (3)

En todo caso, el pueblo venezolano es la última preocupación de los gobiernos que han reconocido a Guaidó como su nueva mascota. Estos ataques a la soberanía de Venezuela contribuyen a degradar aún más la situación de los venezolanos en la diáspora, ya que los representantes de Guaidó no tienen la más mínima competencia para ayudar a gestionar los intereses comerciales y prestar servicios consulares a los ciudadanos venezolanos. El reconocimiento de Juan Guaidó por parte de unos 50 países no es más que una cáscara vacía destinada a alimentar la ilusión de una alternativa política al chavismo, mientras el gobierno venezolano sigue fortaleciendo y desarrollando sus vínculos con importantes aliados internacionales, como Rusia y Turquía. La reciente gira del Ministro de Asuntos Exteriores Jorge Arreaza por Europa, Oriente Medio y África, así como su decidida actuación en el seno del Movimiento de Países No Alineados, son una prueba tangible de esta «defensa del multilateralismo» y de la «diplomacia de paz». Venezuela no está sola ! 

 

Notas:

(1) Esto no significa, sin embargo, que los objetivos de las potencias europeas y su modus operandi difieran realmente. Un documento desclasificado de la agencia de inteligencia estadounidense muestra que los países europeos han mostrado interés en reproducir el esquema de represión a gran escala que Estados Unidos desplegó en los años setenta en los países latinoamericanos a través del «Plan Cóndor». Véase también nuestra entrevista con el Sr. Almada.

2) «Existe la voluntad deliberada de ocultar lo que está sucediendo en Venezuela«, entrevista con el Embajador de la República Bolivariana de Venezuela para la UE, marzo de 2015.

3) Para profundizar en el trasfondo de este caso, lean el libro «Años Cóndor – Cómo Pinochet y sus aliados propagaron el terrorismo en tres continentes», de John Dinges.

Fotografía: Embassy Protection Collective

 

Alex Anfruns es conferenciante y periodista en Bruselas. En 2007 fue coautor del documental « Palestina, la verdad asediada. Voces por la paz » (disponible con subtítulos en catalán, castellano, inglés y árabe). Desde enero de 2015 es redactor jefe del mensual Journal de Notre Amérique.

 

Fuente : Le Journal de Notre Amérique, mayo de 2019