A pesar del importante avance de la derecha, la izquierda coherente tiene futuro por delante

En las últimas elecciones la derecha parecía tener alas y la izquierda recibió una bofetada. No obstante, la izquierda es quien lógicamente tiene las mejores bazas para abordar los problemas fundamentales de hoy en día. Así pues, la izquierda tiene el futuro por delante.

 
 

Un campo de ruinas neoliberal

 

La política neoliberal se emprendió en la década de 1980. Se basa en la desregulación, los recortes en los servicios públicos, las desgravaciones fiscales para las grandes empresas y la reducción de salarios y de ayudas sociales. Esta gestión llevó al caos financiero de 2008 y a continuación a casi diez años de estancamiento económico en Europa.

Las consecuencias se sienten sobre todo en el ámbito social. En los diez últimos años dos terceras partes de la población de los países ricos ha visto como sus ingresos bajaban o se congelaban. En el peor de los escenarios esto podría afectar a tres cuartas partes de la población. Los ingresos medios ha conocido la misma suerte, sobre todo los ingresos más bajos. Hoy en día casi una cuarta parte de la población europea corre el riesgo de vivir en la pobreza, mientras que el 1 % de las personas europeas más ricas poseen una tercera parte de todas las riquezas y la cantidad de personas millonarias aumenta cada año.

 

La derecha carece de respuestas

 

Esta situación provoca incertidumbre y ansiedad en amplias capas de la población. Los partidos populistas de derecha juegan con esta inquietud. Instalados en una postura fuertemente contraria a las personas migrantes, personajes como Orban, Salvini, Le Pen, De Wever y Van Grieken se esfuerzan por canalizar y reforzar este miedo sin tener tocar los fundamentos del sector neoliberal. Y funciona, al menos por ahora. En un artículo anterior indicábamos por qué obtienen un buen resultado electoral al hacerlo. Pero esta mentalidad no proporciona respuesta alguna a los problemas esenciales a los que se enfrenta la gente. La derecha no tiene ni da respuestas a la evasión fiscal a gran escala, al descenso del poder adquisitivo ni a la pobreza cada vez mayor y, además, tampoco le interesa. Estamos empezando a tener que pagarlo. La gente cada vez cree menos en la fábula de las ventajas fiscales para las personas ricas o en el supuesto efecto de goteo según el cual la prosperidad de las personas ricas acaba por “gotear” a las capas inferiores. Muestra de ello es la agitación cada vez mayor en los centros de trabajo y el movimiento de los chalecos amarillos. Un sondeo reciente en Bélgica muestra, además, que más que el problema de las migraciones lo que le quita el sueño a la gente son las cuestiones de subsistencia, salud, vivienda, paro o clima.

El partido Vlaams Belang, de extrema derecha, lo ha comprendido bien y, por lo tanto, trató de ofrecer algunos toques sociales durante el periodo anterior a las elecciones. Es demasiado burdo para ser creíble. En el pasado este partido votó con entusiasmo en los parlamentos a favor de toda una serie de medidas como la congelación de los salarios o la expulsión de los enfermos crónicos [del sistema de seguridad social]. También votó en contra de aumentar el salario mínimo.

La derecha tampoco tiene respuestas a la urgencia del problema del clima. En el seno de la derecha es donde se encuentran quienes niegan la crisis climática, los escépticos del clima o, en una forma más camuflada, los “ecorrealistas”. Ni siquiera en el caso del problema de las migraciones la derecha ofrece una verdadera solución, aparte de creer, como Trump, en ilusorias fronteras herméticamente cerradas.

 

La socialdemocracia encapsulada

 

Los socialdemócratas no se sublevaron cuando se emprendió la ofensiva neoliberal sino que, al contrario, contribuyeron a establecerla. En Grand Bretaña Blair lanzó la “Tercera Vía” entre el capitalismo y el socialismo, y firmó un pacto con la ultraderecha de Berlusconi. La conservadora de derecha Margaret Thatcher consideraba que su “mayor victoria” había sido la capitulación y el desarme ideológico de los socialdemócratas bajo Tony Blair. En Alemania Gerhard Schröder, líder de los socialdemócratas, introdujo el modelo de empleos con salarios bajos que provocó en toda Europa una espiral de moderación salarial. En Bélgica los socialdemócratas también son responsables de la pérdida de poder adquisitivo, del empeoramiento de las condiciones laborales, de los recortes en la seguridad social y la atención sanitaria, y de unos sistemas de pensiones peores. Durante 23 años el ministro de Pensiones ha sido socialdemócrata y hoy en día tenemos las pensiones más mediocres de nuestro entorno.

Los socialdemócratas se han integrado completamente en el sistema y participan en la cultura de la codicia. En el plano socioeconómico se ha vuelto difícil distinguirlos de sus oponentes políticos, así que se han vuelto prescindibles, lo que ha contribuido a allanar el camino al populismo y a la extrema derecha. El líder del Laborismo, Jeremy Corbyn, que junto con su partido a vuelto a encontrar el camino de una izquierda radical, es muy duro con ellos: “Para muchas personas que están enfadadas, han sido abandonadas y tienen problemas las voces de la extrema derecha a menudo tienen un eco más radical que las de la izquierda”.

 

Los verdes a examen

 

Sorprendentemente, los desajustes climáticos han situado el clima en un lugar destacado de las agendas. Los Verdes se benefician de ello en toda Europa. Mejor para ellos, pero eso no hará que las cosas avancen. Los Verdes todavía no han participado demasiado en los gobiernos y ahí donde lo han hecho no han conseguido cambiar el rumbo. En Alemania defendieron encantados el modelo de salarios bajos. En el caso de Bélgica la única vez que participaron en el gobierno (de 1999 a 2004) no supieron aportar más que detalles. En el Parlamento Europeo los Verdes aprobaron casi en su totalidad unas medidas completamente neoliberales, como el “six pack”*, lo que les hace también responsables de la política draconiana de recortes presupuestarios en la UE.

Los Verdes no tienen más respuestas que la derecha a las cuestiones esenciales de hoy en día. En el plano socioeconómico se trata de una réplica de la Tercera Vía de Blair y Schröder. Se trata de un intento de dar un rostro humano al capitalismo, un intento que está abocado al fracaso.

Los Groenen-Ecolo ni siquiera tienen respuestas satisfactorias para las cuestiones que les son propias. En primer lugar, su plan sobre el clima es muy poco ambicioso. Esta falta de ambición se debe a que quieren salvar a los grandes emisores de CO2. En Bélgica 300 grandes empresas son responsables del 40 % de las emisiones. Si no se les imponen unas medidas coercitivas nunca lo lograremos. Además, los Verdes siguen tozudamente vinculados al funcionamiento del mercado: el mercado de las cuotas de emisión y de impuestos adicionales para los consumidores, que ha resultado ser un fracaso total.

Además de su falta de ambición, su estrategia es mala. Un plan climático serio solo puede tener éxito si tiene un amplio impacto social. La lucha contra el cambio climático sobre una base asocial nunca tendrá éxito. El movimiento de los chalecos amarillos lo demuestra claramente. Medidas como los peajes urbanos, el IVA de lujo sobre la electricidad o el aumento de los impuestos especiales sobre la gasolina son antisociales y no resuelven la raíz del problema. Con el principio de «quien contamine y pague puede seguir contaminando» no podremos parar la degradación del clima.

 

Es el momento

 

Ni los partidos tradicionales ni los Verdes ni la extrema derecha tienen respuestas para los problemas reales y urgentes que tenemos. La extrema derecha es muy hábil hoy en día lanzando bombas digitales, lo que puede cegar momentáneamente a la gente y distraerla, pero tarde o temprano los problemas reales se van a volver a imponer.

Sea como fuere, para resolver los problemas urgentes y detener el ascenso de la derecha populista o extrema ya no basta con seguir las reglas del juego. Se necesita un cambio de paradigma. Tiene que haber una ruptura radical con la política de recortes y de contemplaciones para con las personas ricas que ha habido los últimos cuarenta años. Para detener el calentamiento climático, revitalizar la economía y acabar con el abismo entre ricos y pobres se necesita un verdadero “RedGreen Deal” [Acuerdo Rojo Verde]. Teniendo en cuenta la cantidad de miles de millones de euros que se transfieren cada año a los paraísos fiscales, en nuestro país no falta dinero para lograr a ese acuerdo.

En todo caso, es el momento de esa ruptura. En Estados Unidos hoy en día un poco más de la mitad de las personas jóvenes prefiere el “socialismo” al “capitalismo”. En las elecciones de 2017 casi una tercera parte de las y los electores franceses de menos de 24 años votó al candidato indiscutiblemente de izquierda, Jean-Luc Mélenchon. Pero este avance de la izquierda no se aprecia solo entre las personas jóvenes. Tanto Jeremy Corbyn en Gran Bretaña como Bernie Sanders en Estados Unidos gustan a personas tanto jóvenes como mayores. En Berlín hay movilizaciones multitudinarias para expropiar a las principales empresas inmobiliarias de la ciudad. En Bélgica una mayoría de la población es partidaria de poner un impuesto a las personas millonarias, de aumentar el poder adquisitivo y de que haya ayudas para la jubilación. También hay una mayoría a favor de unas normas climáticas obligatorias a condición de que sean sociales.

Hay que señalar que solo se logrará la ruptura si la gente se moviliza y se organiza. Generalmente los grandes cambios de sociedad no se producen gracias a la clase política sino a pesar de ella. No son las y los europarlamentarios quienes han puesto el clima como punto principal de la agenda, sino las y los estudiantes de secundaria. Un partido progresista debe conectar con los movimientos de lucha y ser su portavoz. La izquierda tiene que lograr movilizar y organizar este potencial de “izquierda” en grandes capas de la población. Unas estrategias electorales crean muchas ilusiones en la retaguardia, no ofrecen unos resultados duraderos y son sancionadas por la base. Por desgracia, las pasadas elecciones son un buen ejemplo de ello.

Nunca es demasiado tarde para invertir una tendencia. De todos modos, el tiempo está de nuestra parte. No lo decimos nosotros, sino el Financial Times: los partidos que siguen una línea de izquierda tienen futuro por delante, al menos si eligen la estrategia adecuada.

 

NdT :

* El “six-pack” es un conjunto de cinco reglamentos y una directiva que entró en vigor el 13 de diciembre de 2011 para todos los Estados miembros de la UE con el objetivo de reformar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento

 

Traducido del neerlandés al francés por Anne Meert para Investig’Action y por Bea Morales al español para Rebelión