Robert Charvin: “Si Corea del Norte todavía existe es porque es soberana”

Este verano la crisis diplomática entre los Estados Unidos y Corea del Norte ha resurgido. Las declaraciones del presidente Donald Trump, que ha amenazado con desencadenar una guerra “con el fuego y la furia como el mundo nunca ha visto”, han marcado el tono. Lejos de descifrar las cuestiones clave, el discurso político y mediático occidental no contempla ni la reunificación de Corea ni la opción diplomática como el comienzo de la solución. ¿El apetito inconfesable del mundo de los negocios estaría tratando de justificar una nueva guerra? En su libro “¿Cómo se puede ser coreano (del Norte)?” Robert Charvin, especialista en derecho internacional, nos ilumina sobre el sustrato de esta peligrosa crisis política heredada de la Guerra Fría.

 

Alex Anfruns: ¿Cuáles son los entresijos de la crisis que ha estallado entre Corea del Norte y Trump?

 

Robert Charvin: La crisis actual no es más que la continuación de una tensión que no ha cesado durante décadas (con la excepción de los breves períodos en que Seúl y Estados Unidos aceptaban iniciar un diálogo). Sólo puede resolverse mediante negociación, de modo que se concluya al fin el tratado de paz, suprimiendo el estado de beligerancia ¡que perdura desde 1953!

Ese tratado debe garantizar unas relaciones diplomáticas y comerciales normales, permitiendo un acercamiento progresivo entre el Norte y el Sur de la Península con miras a su posterior reunificación, resolviendo muchos problemas socioeconómicos.

 

Para muchos Pyongyang es un “régimen dictatorial” que amenazaría la paz en el mundo. Usted conoce bien Corea del Norte, ¿cual es su opinión?

 

Corea del Norte, es decir, la República Popular Democrática de Corea (RPDC), Estado miembro de las Naciones Unidas, no es un potencia “provocadora”: no es la que tiene bases militares en las inmediaciones de las fronteras estadounidenses y armas nucleares desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El imperio estadounidense ejerce su hegemonía sobre una gran parte del mundo, mientras que no lo hace la Corea popular.

La teoría del Djoutché, la ideología de Pyongyang… ¡no se impone a los pueblos como la American Way of Life! Si se teme, pese a todo, a las fuerzas armadas de la RPDC, ¿por qué no respaldar, como ella ha propuesto desde hace mucho tiempo,  un acuerdo regional de desnuclearización que obviamente incluya a Estados Unidos?

En cuanto a los “campeones” de los derechos humanos, civiles y políticos, por supuesto los occidentales, ¿por qué no proponen la distensión, única medio de favorecer todos los derechos del pueblo coreano, tanto en el Norte como en el Sur?

 

El punto de vista de Pyongyang es descartado sistemáticamente en los debates … ¿Por qué semejante consenso?

 

Corea del Norte es un caso de escuela desde hace varias décadas. Lamentablemente, ni los medios ni los partidos políticos occidentales lo tratan como tal. Se admite que se pueda decir no importa qué sobre este país, “encarnación del mal”, dirigido por “locos fanáticos”, y sobre todo “aún” comunista, aunque sea un socialismo teñido de confucianismo.

Las razones de este consenso, que ha acabado por absorber a varias fuerzas progresistas que han temido debilitarse más por ir “demasiado” a contracorriente (¡el electorismo y el cretinismo parlamentario obligan!), no son misteriosos. Corea está lejos de los Estados Unidos y de Europa: es difícil distinguir la verdad de lo que es políticamente útil para ciertos intereses.

Al ciudadano medio se le convence más fácilmente con argumentos sencillos, cultivados por pseudointelectuales y una prensa repetitiva, que por explicaciones históricas, sociológicas y económicas, por no mencionar la geopolítica ignorada, olvidada incluso por una “izquierda” que alcanza los límites de la incultura.

Sin embargo, durante mucho tiempo el mundo capitalista utiliza, para legítimar su hegemonía, las dificultades de las que a menudo se encuentra en el origen, pero que sufren los pueblos decretados como “enemigos”: se trata de convencer de “que en otras partes, es peor “, y por lo tanto es necesario aceptar a los” buenos maestros “que reinan en París, en Bruselas o Washington.

Obviamente, no puede tratarse de dictaduras protegidas porque son rentables para los negocios, al estilo de la Arabia Saudita o Estados africanos bajo control cuyas elecciones son mascaradas y la represión de las oposiciones, la regla.

Es preciso que sea “rojo” o similar, desde Chile de Salvador Allende hasta Kim Jong Un, vía Castro, Chávez o Maduro… Estos son “excelentes” cortafuegos contra los que en Occidente denuncian el reinado delirante del dinero y la competencia – siempre falseada -.

Los Estados Unidos y sus aliados locales han podido matar a Lumumba, Allende y a tantos otros, y derrocar muchos poderes frágiles porque es muy difícil construir el socialismo, rompiendo totalmente con el mundo dominante. ¡Pero la Corea popular persiste, pletórica de escándalo y provocación!

 

¿Qué explica la tenacidad del sistema político en el poder en Pyongyang?

 

El pueblo coreano tiene la “piel dura”: casi medio siglo de colonialismo japonés, ¡feroz!; una devastadora guerra con los estadounidenses en 1950-1953: ¡un solo edificio quedó de pie en la capital, Pyongyang, en 1953! Casi 70 años de embargo impuesto unilateralmente -y por lo tanto ilícito- creando un “efecto de ciudadela sitiada”, ¡ cínicamente categorizado como si de una paranoia se tratase!

Sin mencionar los dramas causados, incluidos los costos de los alimentos, por la desaparición del aliado soviético, los Estados de la Europa oriental y la evolución de China, que sólo garantiza a Pyongyang el “servicio mínimo”, siendo Seúl económicamente más “rentable”. A pesar de todo, y pagando el precio, la República Popular de Corea ha permanecido soberana, contando sólo con sus propias capacidades, creando internamente un espíritu de resistencia a toda prueba hasta hoy, mezclando en su ideología el marxismo y el confucianismo, algo en que los periodistas de la gran prensa occidental no tienen el menor interés.

En resumen, es un modelo a no seguir según los occidentales, quienes no viven más que saqueando el planeta. Se necesitarían 5 planetas enteros para que los habitantes de la tierra vivieran al nivel de los estadounidenses. Corea del Norte es una pérdida que no debe ser contagiosa; ocupa una posición estratégica en las fronteras de Rusia, China y Japón. Debe ser “reducida” al máximo y si es posible un día, desaparecer ante la armada militar norteamericana (basada en Corea del Sur, Guam, etc.).

Esperando esa caída, Corea del Norte sirve como pretexto para mantener la presencia militar norteamericana a miles de kilómetros de distancia, pero muy cerca de las fronteras de Rusia (un aliado de Pyongyang) y de China, cuyas “ambiciones son amenazantes”, si se cree a los economistas occidentales.

Lo peor es el cinismo de los “observadores”: se ha intentado todo durante décadas para sofocar a Corea del Norte, ¡y se le reprocha respirar mal! Por ello, las autoridades de Pyongyang sólo tienen una elección: resistir o capitular y alinearse con Seúl, que está directamente sometida a los dólares y a los soldados yanquis.

 

Sin embargo, Pyongyang parece estar bastante aislado en la escena política mundial. ¿Cómo lo explica?

 

Un drama político: el internacionalismo ha muerto. No hay ningún obstáculo ante el furioso anticomunismo contra Corea del Norte. Tras haber perdido la mayoría de las batallas ideológicas, algunos partidos comunistas han abandonado el campo de la solidaridad internacional: estar del lado de los coreanos es demasiado “costoso”, el socialismo norcoreano es demasiado “diferente”; el monolitismo ideológico es lo contrario del “derechohumanismo” todavía de moda. Se ha renunciado a la noción de un “modelo” único del socialismo, pero el occidentalismo y el etnocentrismo impregnan a numerosos comunistas occidentales.

En última instancia, los pocos gaullistas que han sobrevivido en Francia ¡comprenden mejor el deseo coreano de poseer una fuerza de disuasión nuclear que los círculos “progresistas”! Estos rechazan cualquier enfoque geopolítico y son menos sensibles a la cuestión de la independencia nacional

Obviamente, el socialismo capaz de resistir la globalización neoliberal y a los intereses especulativos y saqueadores de las grandes empresas sólo puede apoyarse en la Nación, en las particularidades históricas y en su herencia: son los sincretismos los que hacen la historia.

El socialismo francés, belga, americano o italiano no puede ser “estándar”: sólo el mercado, es decir, un mundo centrado en los “negocios” y el capital, uniformiza, en detrimento de los valores populares. Corea es coreana: es porque Pyongyang es sobre todo soberana, sin compromisos, incluso frente a China, el gran vecino muy diferente, por lo que la RPDC, Estado Miembro de las Naciones Unidas, en vías de desarrollo a pesar de todo, todavía existe.

 

¿Tiene usted un mensaje de esperanza sobre el resultado de este conflicto, que está estrechamente vinculado a nuestra historia reciente?

 

Es posible que un día cercano, como resultado de la locura imperial de un Trump, de las maniobras de Wall Street, o de este o aquel poder, cada pueblo – obviamente en el Sur, pero también en Europa – pueda contar ante todo por sí mismo. Porque no existe la filantropía internacional : las alianzas y la cooperación sólo pueden ser complementarias.

Este es el mensaje de la RPDC, y es respetable en los tiempos tristes que corren. En cambio, la violencia y las amenazas de los “Grandes” solo merecen el desprecio. No hay ninguna excusa para quienes situándose más allá de todas las fronteras, creen que todo les está permitido.

 

Traducido por Carles Acózar para Investig’Action.

Fuente : Investig’Action

 

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