Entrevista a Petro Simonenko : Donbass, Rusia, la OTAN y los trabajadores (II)

“Creo que junto con toda la comunidad internacional debemos condenar una política que no hace sino aumentar la tensión, una política que amenaza la integridad territorial de los Estados, una política de doble rasero cuando quienes hablan de determinados valores los pisotean ellos mismos. Estoy convencido de que solo así tendremos en el mundo más responsables políticos que luchen verdaderamente por la paz, en vez de solo hablar de la paz para enriquecerse vendiendo nuevos sistemas de armamento y militarizando tal o cual región”.

Primera parte de la entrevista.

Raffaele Morgantini: ¿Podría hablarnos un poco de la situación política, económica y militar en el este de Ucrania, en las repúblicas populares de Lugansk y Donetsk?

Petro Simonenko: Quisiera destacar en primer lugar que la región de Donbass es una región industrial muy importante económicamente. Solo la región de Donetsk proporcionaba el 25 % del PIB de Ucrania. Llegaba a producir 100 millones de toneladas de carbón al año. También es un enorme complejo metalúrgico. La región de Donetsk contaba con siete de las trece fábricas metalúrgicas que existían en Ucrania. En el plano energético, la mayor central térmica de Europa se encuentra en la región de Donetsk. La mayor parte de la flota del mar de Azov, la mayor industria mecánica, la industria energética hacen, todo ello, una enorme región industrial. También constituía un importante factor de integración tanto para las empresas de Ucrania, en el interior, como para la cooperación exterior con otras empresas y otros países, lo que permitía tener producciones competitivas. Por consiguiente, los acontecimientos de Donbass suponen un grave golpe al potencial económico de Ucrania. Si esta región fuera autónoma, este potencial bastaría para garantizar la financiación de todos los programas sociales para los habitantes de Donbass.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que las acciones militares llevadas a cabo por el poder de Kiev empezaron cuando Donetsk pidió, después de Maidan, que se hiciera un referéndum en Ucrania, que se declarara el ruso segunda lengua oficial del país y que los problemas de descentralización del poder se resolvieran en Ucrania. Se trataba de lograr que todo lo que gana Donbass sirva prioritariamente para el desarrollo de su propia región. En respuesta a estas demandas el nuevo gobierno de Kiev llegado al poder tras el golpe de Estado envió a Donbass más de mil tanques y más de 50.000 soldados y oficiales de servicio en el ejército para luchar contra todas aquellas personas que se habían pronunciado a favor de estas demandas. La guerra destruyó ante todo el potencial económico. Vea los comunicados: caen obuses sobre una fábrica de coque, con lo que destruyen una fuente de aprovisionamiento de la industria metalúrgica; caen bombas sobre una mina: mueren varias personas y la mina deja de funcionar, lo que provoca la parada de las centrales térmicas y ya no hay carbón para producir coque destinado a la industria metalúrgica; caen obuses en una fábrica química situada en el centro de la ciudad, lo que provoca una enorme explosión y dispersa los productos químicos que amenazan la vida de la población. También está la cuestión del corte del suministro de gas a esta región, que se tuvo de asegurar a partir de Rusia por otros canales y también el hecho de que el poder ucraniano haya dejado de financiar los programas sociales y de pagar las pensiones. Naturalmente, todo esto afecta gravemente a la economía local.

En el plano político está claro que Kiev no quiere negociar con quienes encabezaron las protestas en Donbass, pero si se quiere parar la guerra hay que sentarse en la mesa de negociación con los representantes de Donbass. Eso es exactamente lo que propusimos los comunistas. En este sentido, antes incluso de que estallara esta guerra, en diciembre de 2013, yo había avisado tanto a Yanukovitch, que entonces era presidente de Ucrania, como a los opositores de entonces, que ahora están en el poder. Les dije que primero había que sentarse en la mesa de negociación y abordar todos los temas que preocupan a los ciudadanos de Ucrania y encontrar medios pacíficos para resolverlos. Les había propuesto apartar de Maidan a todos los grupos criminales que de un modo u otro habían estado implicados en los mecanismos de resolución de conflictos establecidos por los oligarcas que se enfrentaban.

En el plano geopolítico se puede considerar que a partir de ahora hay una nueva Transnistriea en el territorio de Ucrania.

Respecto a cómo va a evolucionar la situación, todo dependerá de la aplicación de los Acuerdos de Minsk, que llevarán o no a una solución. En mi opinión, teniendo en cuenta la naturaleza del régimen en el poder y la composición actual del parlamento, estos Acuerdos de Minsk no se respetarán.

En el plano social, es evidente que el pueblo del este del país sufre. Ha pasado a otro sistema monetario, en la zona rublo, y ha adoptado sus propias leyes para tratar de resolver los problemas de la vida cotidiana de los ciudadanos.

En el plano militar, se ha intentado hacer creer a la opinión pública internacional que se trataba de una agresión de Rusia contra Ucrania. Cada uno tiene su opinión al respecto, pero me gustaría que simplemente se escuchara también mi punto de vista y se intentar responder a esta pregunta: si se trataba de una agresión rusa, como pretende el poder ucraniano, ¿por qué entonces este no ha declarado que Ucrania se encuentra en estado de guerra con Rusia? ¿Por qué no ha anunciado la movilización general, la ruptura de relaciones diplomáticas y, naturalmente, ha declarado la guerra contra el agresor? No ha habido nada de eso. En el mismo momento en que Europa lleva a cabo una política contra Rusia con el pretexto de que es el agresor, Ucrania recibe gas de Rusia, tiene un sistema energético único con Rusia, no solo no rompe las relaciones diplomáticas sino que envía a personas a trabajar a Rusia, de donde recibe, además, combustible nuclear para sus centrales, aunque ha perdido lo esencial del mercado que tenía en Rusia.

Por consiguiente, quisiera insistir una vez más en el hecho de que los problemas de los que usted habla existen y provocan pérdidas en los planos político, económico y social, pero la solución de todos estos problemas es posible si el poder de Kiev aplica seriamente los Acuerdos de Minsk.

Se constata un aumento de la tensión militar a lo largo de la frontera entre Rusia y países de la OTAN, como Polonia y los países bálticos, y también Ucrania. ¿Cómo cree que se pueden reducir estas tensiones?

Respecto a esto me gustaría recordar la historia. Cuando se destruyó la Unión Soviética tras la traición de Gorbachov se había acordado que desaparecería el Pacto de Varsovia y que la OTAN haría lo mismo a la larga, pero que mientras tanto no se extendería hacia el Este. Como sabemos, tras la desaparición de la Unión Soviética y del sistema socialista prácticamente todos los Estados de la Europa del este se unieron a la OTAN. Por consiguiente, todos esos acuerdos fueron violados por los mismos que los habían firmado y que hicieron todo lo posible para ampliar la OTAN hacia el este. La desaparición del Pacto de Varsovia no cambió la agresividad de la política de la OTAN. Quisiera señalar que hubo muchas críticas a la intervención de la Unión Soviética en Afganistán, pero, ¿hace cuánto tiempo que Estados Unidos y las fuerzas de la OTAN hacen la guerra en Afganistán? Desde hace ya diez años, más tiempo del que la hizo la URSS. Todo ello para decir que no tenemos que ser ingenuos y que cuando un responsable político dice que va a hacer una cosa, debe hacerla. En este caso, veo que los responsables políticos de la OTAN y, sobre todo, los estadounidense, que son quienes definen la doctrina de la OTAN, hoy se niegan a asumir sus responsabilidades. Y si el sistema de defensa antimisiles y sus bases se despliegan al este de Europa, en Polonia, Rumanía y otras partes, es evidente que esta situación desequilibrada no podrá durar. Todos los Estados quieren poder defenderse de cualquier riesgo de agresión y no es a favor de la paz por lo que las bases de la OTAN se extienden hacia el este. Estados Unidos no solo no ha liquidado ninguna de sus bases que rodeaban entonces a la Unión Soviética sino que las ha reforzado. Estas bases, que estaban dirigidas contra la URSS, subsistieron en el nuevo panorama económico y político, y ahora se dirigen contra Rusia. En Europa siempre ha habido un eje contra Rusia desde el Báltico al mar Negro. Veamos, por ejemplo, este nuevo eje en el que participa el presidente de Ucrania: tiene una estructura esencialmente antirrusa. Constituye un temible instrumento para dividir a los pueblos eslavos y eso es lo que está ocurriendo. Evidentemente, todo esto no contribuye en absoluto a rebajar la tensión, sino todo lo contrario, la aumenta.

Por otra parte, los nuevos armamentos que se han creado inquietan mucho al mundo porque en el fondo se trata de armas de destrucción masiva. Sin duda existe la amenaza del terrorismo y de las organizaciones terroristas, pero hay que preguntarse quién es responsable de su aparición, quién les ha utilizado y cómo. ¿Quién engendró al-Qaeda, quién formó ideológicamente a quienes hoy constituyen la estructura del Estado Islámico?

Creo que junto con toda la comunidad internacional debemos condenar una política que no hace sino aumentar la tensión, una política que amenaza la integridad territorial de los Estados, una política de doble rasero cuando quienes hablan de determinados valores los pisotean ellos mismos. Estoy convencido de que solo así tendremos en el mundo más responsables políticos que luchen verdaderamente por la paz, en vez de solo hablar de la paz para enriquecerse vendiendo nuevos sistemas de armamento y militarizando tal o cual región .

¿Qué ocurre en los tribunales en Ucrania? ¿Luchan contra los nazis? Y ¿qué ha ocurrido con las viejas reivindicaciones de los trabajadores?

En primer lugar, debo rendir homenaje a los sindicatos franceses que luchan contra la nueva ley laboral. De la misma manera, el poder de Kiev trataba desde hace varios años de introducir un nuevo código laboral. Cuando el Partido Comunista tenía grupo parlamentario hicimos todo lo posible para evitar que se adoptara este código. Hoy se ha adoptado en Ucrania. Por ello apoyo la lucha de los sindicatos y de los trabajadores franceses en defensa de sus derechos.

En este sentido me gustaría precisar que las reformas en Ucrania se introdujeron ante todo para apropiarse de unos bienes. Prácticamente en el 90 % de los casos se trataba de propiedades privatizadas. El resultado de ello no fue un aumento de la eficacia económica. Muchas empresas han dejado de existir. Se destruyeron deliberadamente las estructuras sindicales para que los obreros no pudieran defender sus derechos y para que los propietarios acumularan unos beneficios descomunales. En efecto, el objetivo de esta destrucción de los sindicatos era hacerles desaparecer de Ucrania en tanto que estructura de defensa de los derechos económicos y sociales de los trabajadores. Y cuanto más parados hay en Ucrania, más ventajoso es para el capital y para los patronos porque cuanto más bajos son los salarios más fácil les resulta aprovecharse del descenso de los salarios y reducir las prestaciones sociales. Actualmente los sindicatos en Ucrania están aniquilados. Los raros que existen todavía se están bajo control del gran capital y de los patronos y, por supuesto, no luchan por los derechos de los trabajadores.

Por consiguiente, considero que mi deber es resistir y eso es lo que hago en el marco de la Federación Mundial de Sindicatos y con su secretario general. Hemos discutido acerca de estas cuestiones y me han invitado a participar en octubre en su principal foro que se celebrará en África. Participaré encantado en él para ofrecer mi punto de vista sobre las causas de la desaparición de los sindicatos en Ucrania y sobre las razones por las que ya no se defienden los derechos de los trabajadores. Llevamos a cabo una lucha política en favor de la unificación de la clase obrera por la defensa de sus derechos, en particular el derecho al trabajo y el derecho a un salario digno.

Fuente : Investig’Action