Domenico Losurdo y ‘Un mundo sin guerras’, desde la Revolución Francesa hasta la actualidad

El filósofo Domenico Losurdo en su último ensayo Un mundo sin guerras. La idea de paz, de las promesas del pasado a las tragedias del presente realiza un recorrido histórico sobre el concepto del pacifismo (aunque no llega a utilizar este término, sino el de “paz perpetua”) desde el pensamiento de Kant, la Revolución Francesa; pasando por Fichte, Novalis y la Santa Alianza; Hegel; Washington y las relaciones comerciales; Marx, Lenin y la necesidad de eliminar la explotación para conseguir una paz internacional…; para acabar en la actualidad con la función del “sheriff internacional”, ejercida por Estados Unidos y el fantasma de la Tercera Guerra Mundial.

 

Domenico Losurdo plantea la cuestión en el prólogo: «Proliferan artículos, ensayos y libros que hablan de una guerra a gran escala o incluso de una nueva guerra mundial, que podría cruzar el umbral nuclear. ¿Cómo explicar este paso en poco tiempo del sueño de la paz perpetua a la pesadilla del holocausto nuclear?».

 

Kant y la Revolución francesa

Losurdo ubica el concepto de paz al estallido de la Revolución Francesa.  Para aquellos revolucionarios, las guerras tenían sus raíces en el sistema feudal y, sobre todo, en el absolutismo monárquico, es decir, en el Antiguo Régimen.

Voltaire «declaraba que para acabar con las periódicas matanzas entre hombres habría que castigar a “esos bárbaros sedentarios” que, desde el fondo de sus gabinetes, mientras hacen la digestión ordenan el exterminio de un millón de hombres y luego dan solemne acción de gracias a Dios».

En esta época fue cuando cambió la idea de la guerra como catástrofe natural para convertirse en una cuestión política y ciudadana.

Kant, como los revolucionarios franceses, confía también que tras el derrocamiento de las monarquías absolutas, la paz mundial sea posible.

Fichte replantea esta idea con Napoleón, quien cambia el universalismo de la paz, en expansionismo; provocando, a su vez, guerras de liberación nacional.

El desarrollo del comercio vuelve a proponer, especialmente desde Estados Unidos, la posibilidad de la paz perpetua, tal y como indica el presidente Washington: «…Quizá no esté lejos el tiempo en que los beneficios del comercio pródigo y libre ocuparán el lugar, en general, de las destrucciones y los horrores de la guerra». Pero la paz perpetua no excluye las guerras despiadadas contra los amerindios y la esclavitud.

 

Con capitalismo, no hay paz posible

Marx, contrariamente, aduce que lejos de ser sinónimo de la paz, el comercio desemboca en guerras de colonización. En El capital destaca la guerra, no ya bélica sino comercial, de las naciones europeas «para que se arranquen definitivamente las raíces de la guerra no basta con que una clase explotadora sustituya a otra, como sucede con la revolución burguesa. Es preciso que se elimine todo el sistema de explotación y opresión, en el plano interior y en el mundial».

Para erradicar la guerra es necesario acabar con el régimen capitalista para quien las guerras son inevitables. Tal y como se indica en 1919, en el Manifiesto de la Tercera Internacional: «mientras el capitalismo esté vivo no puede haber paz duradera. La paz duradera tiene que levantarse sobre las ruinas del orden burgués».

 

El neoconservadurismo y las guerras por la paz

La aparición de la “revolución neoconservadora” supuso la defensa de una pax civilitatis encabezada por Estados Unidos como sheriff internacional. Aun cuando luchar en contra de los “enemigos”, conlleve el hecho de tener crearlos.

El caso de Siria es representativo. Antes incluso de la Segunda Guerra del Golfo, Losurdo defiende que los neoconservadores ya incitaban a atacar a Siria arguyendo su hostilidad a Israel y su apoyo a la causa palestina. La cita de Sergio Romano lo reafirma: «El país ya estaba incluido desde hacía tiempo por los neoconservadores en la lista de “obstáculos para la normalización” en Oriente Próximo; según ellos, si Estados Unidos lograba provocar un cambio de régimen en Bagdad, Damasco y Teherán, la región sometida a la hegemonía conjunta de Estados Unidos e Israel, quedaría por fin “pacificada”».

 

¿La Tercera Guerra Mundial?

«Cuando el llamado “Nuevo Orden Mundial” había empezado su andadura, y nadie podía sustraerse a la ley y al gobierno de la ley, que debían hacerse respetar en cualquier rincón del mundo, sin ningún miramiento. Empezaba a tomar forma una suerte de estado mundial, es más (a decir de Fukuyama), un «estado universal homogéneo» que impondría su autoridad sin tener en cuenta las fronteras estatales y nacionales. Ya esto era un indicio de que estaba desapareciendo el flagelo de la guerra, que por definición es un conflicto armado entre estados soberanos, es decir, entre entidades que, al menos desde el punto de vista de la ideología dominante, en 1989 y en los años inmediatamente posteriores se encaminaban a su extinción… Poco más de dos décadas después, tras una serie de guerras, cientos de miles de muertos, millones de heridos y millones de fugitivos, Oriente Próximo es un montón de ruinas y un foco de nuevas conflagraciones. Y es solo uno de los focos; otros, quizá más peligrosos aún, están apareciendo en otras partes del mundo, como Europa Oriental o Asia».

Ante esos acontecimientos, aparecen dos nuevos enemigos en el panorama. Tras intentar desestabilizar a China y Rusia desde dentro, se perfiló un cambio radical en la política norteamericana. El anuncio que hizo Hillary Clinton, en octubre de 2011, sobre el desplazamiento a  Asia y al Pacífico del gigantesco aparato militar, por un lado, y por otro el golpe de estado en Ucrania de febrero de 2014, seguido de la expansión de la OTAN hacia Rusia, junto con la firmeza de Estados Unidos en lograr la invulnerabilidad nuclear, se genera un panorama de guerra mundial. Según Losurdo se «han vuelto a colocar en el centro del debate político y cultural los peligros de una guerra a gran escala».

Si bien, por la fecha de publicación de Un mundo sin guerras, no se trata el triunfo de Donald Trump y su acercamiento a Putin, todo el desarrollo del libro parece contribuir a la idea de que la paz perpetua tan largamente argumentada a lo largo de la historia, parece hoy más alejada que nunca.

 

Fuente: Zás Madrid