¿De donde viene tanto odio? La invasión sionista a Palestina

Hugo Kofman, integrante de Proyecto Sur-Santa Fe, analiza el origen del Estado de Israel y del conflicto. Además, narra su experiencia personal, cuando, de joven, participó de una organización sionista. ¿En esa ideología se encuentra una de las fuentes del odio?
Fuente: Red Eco Alternativo

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Desde nuestro lugar, es muy difícil imaginar aunque sea parcialmente el horror que Israel está haciendo padecer al pueblo palestino en Gaza. Los estruendos de las bombas, la destrucción, la muerte de niños y personas indefensas, la falta de agua y alimentos, los heridos que se desangran sin la mínima oportunidad de ser atendidos. Y los asesinos que sonríen y se felicitan por su obra. Destruyen a las propias ambulancias de la cruz roja, y a escuelas y camiones de las Naciones Unidas, para hacer imposible toda ayuda humanitaria. Necesitan muchos muertos y mucho terror. Meter en la cabeza de la gente que no hay ninguna razón humanitaria ni moral que los pueda detener.

A Israel no le interesa ni el repudio masivo internacional, porque cuenta con el apoyo incondicional de EE.UU. O sea, de la súper potencia que tiene una amplia experiencia en exterminios masivos, desde que calcinó a más de 200.000 seres humanos en Japón con las bombas atómicas, cifra que luego elevó a varios millones entre Vietnam, América Latina, África, Irak, Afganistán, etc. Todo en nombre de la libertad y la democracia. Es decir, de los intereses de una casta de multimillonarios que someten a los países más débiles, para saquear y destruir el planeta.

Frente a esta masacre, si hay algo que se vuelve a ver con claridad es la gran mentira de la existencia de un “terrorismo islámico internacional”. En caso de ser real, ya tendría motivaciones para haber realizado cientos de atentados. Pero ni en EE.UU., ni en Europa ha ocurrido nada, ni se ha impuesto ningún tipo de alerta especial.

Más allá de las consideraciones políticas que se podrían hacer sobre la actualidad, hoy me motiva la necesidad de analizar algunas cuestiones de índole histórica e ideológica. Sobre todo teniendo en cuenta que una razón que inspira a la mayoría israelí es la de considerarse un pueblo perseguido, que como tal ejerce el derecho a una supuesta legítima defensa.

Es verdad que durante muchos siglos los judíos fueron discriminados, perseguidos y en muchos casos masacrados, por obra e inspiración de la Iglesia Católica. La inquisición fue la expresión más violenta de la misma. Luego vinieron los “Pogroms” en la Rusia Zarista, y finalmente el holocausto Alemán. Semejantes vivencias, sumadas a una fuerte tradición religiosa y cultural, forjó un espíritu de cuerpo, que dio origen al movimiento sionista, el cual se expresó en la emigración a las tierras de Palestina, desde donde habían sido expulsadas las primitivas tribus judías por el imperio romano. El objetivo fue el de formar un Estado Judío.

Sin embargo muchos judíos europeos no participaron del sionismo, y en cambio se sumaron al movimiento democrático y socialista de la segunda mitad del siglo XIX y del siglo XX. Entre ellos, el más conocido fue Carlos Marx. Y muchos otros que proclamaron que a los seres humanos no nos tenían que dividir cuestiones de raza o nacionalidad, y que debíamos luchar por una sociedad internacional fraterna y en paz.

Volviendo a la historia: nunca Palestina había sido territorio exclusivo de las tribus judías. Allí también habitaban otros pueblos, entre ellos los árabes, que mas tarde abrazarían la religión del profeta Mahoma. Con ellos se encontraron los cientos de miles de judíos sobrevivientes de los campos de concentración europea al final de la segunda guerra mundial, cuando fueron llevados a ese territorio por un acuerdo entre EE.UU. e Inglaterra. La mayor parte de los judíos europeos que llegaban a Palestina eran tan arios como sus verdugos alemanes, y se encontraron en Palestina con judíos y árabes de tez aceitunada: los semitas. Entre ellos convivían en forma pacífica, y hasta habían colaborado en acciones terroristas contra el impero inglés que reinaba en la zona.

Para formar el Estado Judío se promovió una guerra interna, en la cual los árabes prácticamente desarmados, fueron expulsados de sus tierras y masacrados por los judíos sionistas, que contaron con todo el apoyo de la maquinaria bélica de los EE.UU. Nace así la alianza estratégica entre la derecha judía y el imperialismo norteamericano. Y nacen también los campos de refugiados palestinos, es decir de los árabes expulsados de sus tierras, cuando se realiza la “partición” de Palestina entre ambas comunidades. Luego vendrá la “guerra de los seis días” en la que Israel invade nuevas tierras. Así, Israel queda implantado como una avanzada política y militar norteamericana en medio oriente, y al mismo tiempo nacen las luchas de resistencia del pueblo palestino, que hasta el día de hoy no logran formar su propio Estado. A pesar de que la resolución 181 de las Naciones unidas, así lo reconoce.

Si la supuesta voluntad de venganza daría derechos para actuar en forma violenta, no es éste el caso del pueblo judío, que fue perseguido por los imperios cristianos de Europa, y que luego se ensañó contra los árabes, los que también habían sido víctimas, primero de las “cruzadas” y luego del Imperio Inglés. Pero la ideología de la discriminación se construye de acuerdo a las “necesidades”, y en este caso los judíos demonizaron a los árabes porque iban por su territorio, tal como antes ellos mismos habían sido demonizados.

En lo que hace a mi experiencia personal, debo decir que durante un par de años de mi adolescencia, en los primeros años 60, tuve la experiencia de haber pasado por un movimiento sionista juvenil: el Ijud Habonim. Allí se nos ayudaba a elevar la autoestima, en muchos casos mellada por el desprecio con que éramos tratado los judíos, lo cual era muy palpable en Concordia. Pero no se nos formaba en un espíritu igualitario, sino que se fomentaba la idea de la superioridad judía y el desprecio a los árabes. Y se nos inculcaba la idea de que la totalidad de las tierras de Palestina pertenecían legítimamente a los judíos. Ya a los 13 o 14 años, en los campamentos, se nos daba un inicio de formación militar, en la que siempre la hipótesis de conflicto era de judíos contra árabes. La culminación de toda esa formación debía ser la emigración (“Aliá”) a Israel, para luchar por el fortalecimiento y expansión del Estado de Israel.

Afortunadamente mi tendencia a integrarme con el pueblo argentino fue mas fuerte, y más aun cuando en la universidad tuve acceso a una formación de izquierda, que me permitió comprender que los males de la humanidad no se originan en cuestiones raciales ni de nacionalidad, sino que responden a un sistema de división de la sociedad en clases, y al dominio del imperialismo genocida sobre los países coloniales y semicoloniales. La causa por la cual valía luchar era por la liberación de los pueblos, por el socialismo, por el “hombre nuevo”, cuya “sangre vendrá de todas las sangres”.

Hoy, es imposible no hacer un paralelo entre Gaza y el Ghetto de Varsovia y su rebelión. Así como los judíos de entonces, como un ejemplo de dignidad, se levantaron contra un imperio al que era imposible que vencieran, así se revela hoy el pueblo palestino de Gaza, con lo que tienen a mano. Piedras frente a fusiles y tanques. Allí lidera el movimiento Hamas, votado por el pueblo, al que paradójicamente, al igual que Hezbollah, los talibanes y Sadam Hussein, fue armado por los propios norteamericanos, en su permanente intento de división de los pueblos, para seguir reinando.

Israel, con el apoyo de EE.UU., tiene todos los medios tecnológicos para aniquilar las bases de lanzamientos de los “mini-misiles” que, como parte de la resistencia, se estarían arrojando sobre su territorio. Pero prefiere que eso continúe, porque es la única excusa mediática que puede esgrimir a su favor, de modo que enfila sus bombas en forma indiscriminada hacia la población civil palestina.

Esta barbarie sólo se puede parar con acciones contundentes, tal como la expulsión del embajador Israelí por parte del gobierno bolivariano de Hugo Chávez, cuyo ejemplo debería ser tomado por todos los países del mundo que realmente estén dispuestos a jugarse por la paz y la justicia.

Santa Fe, 9 de enero de 2009.